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Ingrid González de Rodríguez

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Ingrid González de Rodríguez | ingridderodriguez@hotmail.com

Trascendental rol de las innovaciones científicas LA NASA: El Rover Perseverance


  • Ingrid González de Rodríguez | 22-02-2021

Los siglos XIX, XX y XXI, han sido el escenario de una verdadera revolución científica y tecnológica que se puso en marcha a partir de 1890. Con la aparición de las nuevas concepciones del hombre, la naturaleza y el universo, se ha transformado definitivamente el horizonte de la humanidad, dando como resultado el mundo nuevo en el que vivimos.

Vivimos en una era industrial. El ser humano no se limita a recoger lo que ofrece el medio natural, sino que lo transforma desplegando complejos procesos, utilizando aparatos y máquinas para transformar materias primas en productos elaborados o industrializados. Los sistemas de financiación (corporaciones, asociaciones, trust, etc.); de fabricación (trabajo en serie, manual y mecanizado); y comercialización (venta, distribución, propaganda y publicidad); son muy parecidos en todas partes del globo, en los actuales esquemas de la economía mundial, conexa al desarrollo tecnológico.

El rol de las innovaciones científicas y tecnológicas es trascendental. Las mismas derivan del afán humano de conquistar lo desconocido, un objetivo fijo, saber y domeñar la naturaleza, mediante el estudio más dificil, la investigación más ardua, los descubrimientos más asombrosos y las hazañas más increibles, para ir paso a paso, alcanzando metas cruciales de progreso y desarrollo, es la actitud que ha permitido al “Homo Sapiens” su centralidad en el mundo. 

Sobre esta particular actitud humana y el deseo de saber y conocer, Galicia (1996) explica: "Desde su aparición, el hombre se vio rodeado de una serie de fenómenos que no entendía. El miedo y el asombro seguramente fueron las primeras emociones que le acompañaron en sus observaciones acerca de la realidad, y de todo lo que lo rodeaba. Dotado de inteligencia empezó a preguntarse: ¿quién creó las cosas?; ¿cómo fueron formados el sol y la luna?; ¿porqué se mueven?; ¿porqué áquel brilla más que esta? Desde luego, no poseía, ni los utensilios, ni el pensamiento científico que hoy conocemos. Tuvo que recurrir a su imaginación en busca de respuestas: requería una explicación". 

Por medio de un proceso diseñado por el creador Dios, de desarrollo del cerebro y la mente, hizo que surgiera el pensamiento sistémico (hace unos veinticinco siglos). Antes de este hecho, los seres humanos obtemperaban el pensamiento arcaico, que no es todavía científico ni filosófico. “El pensamiento arcaico – todavía no filosófico ni científico, aunque poseedor ya de una visión del mundo, una historia del origen de las cosas, una justificación del incipiente poder político, una moral y consideraciones sobre los enigmas de la vida y la muerte- emerge de las brumosas raíces del pensamiento humano en la prehistoria - su desarrollo posterior culmina en Mesopotamia, Egipto, las culturas arcaicas del Egeo y la India, la cultura Indoeuropea y, por último las civilizaciones arcaicas de Mesoamérica.” 

La aparición del pensamiento científico es un hecho relevante en la historia humana, una prueba de que el hombre siempre ha convivido con el eficaz y universal esfuerzo por conocer la naturaleza y someterla racionalmente. Lo ha logrado a través de la ciencia y la técnica, apoyándose en la consideración básica de que la naturaleza es comprensible racionalmente. Este fundamento es esencial, en su ausencia, sencillamente carecerían de sentido los desarrollos teóricos y las investigaciones y experimentos en que consumen su vida tantos y tantos hombres y mujeres de ciencia, en su permanente esfuerzo de expandir el caudal de los conocimientos científicos. Superada la explicación mitológica del mundo, la ciencia se ha ido perfeccionando en el tiempo de un modo admirable, desde la ciencia indígena o griega hasta la actualidad, los colosales avances científicos y técnicos que se han hecho realidad son admirables. 

Por medio de la investigación, surgen nuevas  vías para hacer cosas, por y para los demás. Esta inclinación a mejorar el mundo es la esencia del espíritu innovador, creativo e inventor que ha motivado a los científicos (as) y tecnólogos (as), desde tiempo inmemorial. Los hallazgos técnicos que han modelado la vida del ser humano desde la prehistoria hasta nuestros días: la fabricación de instrumentos líticos en el paleolítico, la revolución neolítica de la agricultura, la invención de la escritura, el descubrimiento de la rueda y el fuego, la imprenta de Gutenberg, o las maquinarias de la revolución industrial, nos llevan a concluir que el avance de la ciencia y de la técnica ha sido inmenso. 

Los grandes avances científicos continúan, se basan en la interdisciplinariedad y en la colaboración mutua entre investigadores y entre equipos de investigación. Tal como lo hemos visto en el impresionante proyecto de la NASA, “Rover Perseverance”, la nave espacial que aterrizó en Marte por primera vez en la historia.  

ingridderodriguez@hotmail.com


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