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Ingrid González de Rodríguez

Reflejos

Ingrid González de Rodríguez | ingridderodriguez@lainformacion.com.do

Reflejos edición 7 de noviembre 2019


  • Ingrid González de Rodríguez | 06-11-2019

La nueva novela latinoamericana se enmarca en el contexto general de la narrativa hispanoamericana contemporánea y su rápida evolución sobre los demás géneros literarios en la medida en que refleja de una manera crítica la realidad del continente. Aparece en 1950, cuando una generación nueva se incorpora al panorama literario de la región, revelando una vocación integradora que fusiona  lo americano y lo universal.

La novela  deja de ser observación de la realidad para ser revelación de la vida. Sus características generales y distintivas

Vigor estético, hondura semántica, libertad intelectual, formulación de preguntas radicales, encuentran un modo de expresión ideal en la estructura interna de la nueva novela latinoamericana. Veiravé (1976) explica: “La narrativa hispanoamericana contemporánea ha evolucionado rápidamente sobre los demás géneros literarios en la medida en que refleja de una manera crítica la realidad americana. Dentro de esa evolución cabe citar dos momentos del proceso dentro del siglo XX; la narrativa regionalista, cuya temática hombre- naturaleza une la novela con los procesos sociales y políticos, y la narrativa vanguardista que, a partir de 1930, incorpora técnicas de la novela moderna y una visión universalista de la realidad. En una tercera etapa, la nueva novela latinoamericana une el valor testimonial de la “intrahistoria” regionalista con un lenguaje abierto a todas las corrientes de la narrativa de imaginación. La confluencia del realismo y el imaginismo da a esta novela un sello original e inconfundible”. Por un lado encontramos: 1) La narrativa regionalista:  En los primeros 30 años del siglo XX se afianza en  la literatura hispanoamericana contemporánea el triunfo de la corriente regionalista. La regionalidad es el ámbito cerrado en el cual la naturaleza aparece como símbolo de fuerzas telúricas que determinan el carácter del hombre americano. En la novela y el cuento predomina lo descriptivo sobre lo psicológico y la realidad refleja la problemática social. El lenguaje de esta narrativa regionalista procede del modernismo y revela la preocupación estética de una generación de escritores dedicados a documentar con ritmo poético las estampas impresionistas del paisaje, al cual se suman el vocabulario y los niveles lingüísticos populares. Entre los autores más representativos se encuentran: Mariano Azuela (1873- 1952); Alcides Arguedas (Bolivia, 1879- 1946); Manuel Gálvez ( Argentina, 1882- 1962); Eduardo Barrios (Chile, 1884-1963); Rómulo Gallegos (Venezuela, 1884-1969); José Eustacio Rivera (Colombia, 1889 -1928); Enrique Amorín (Uruguay, 1900-1960); Jorge Icaza (Ecuador, 1906); Ciro Alegría (Perú, 1909). 2) La narrativa vanguardista: En la década del 30 irrumpe una generación de escritores que rechazan el realismo social del regionalismo y encauzan sus narraciones hacia formas de proyecciones universales, mediante la incorporación de nuevas técnicas y nuevos lenguajes heredados del vanguardismo europeo. La vida urbana, el individuo aislado en las grandes ciudades y el ejercicio de la literatura fantástica, surgen como tres grandes aperturas desde una realidad externa hacia una realidad profunda, con atisbos psicológicos. El surrealismo, el realismo mágico y el existencialismo, apoyan desde diversos ángulos la obra de estos escritores que se inspiran en los grandes maestros contemporáneos (Frank Kafka, Marcel Proust, James Yoyce). Entre los más importantes escritores de esta generación se hallan: Manuel Rojas (Chile, 1896); Jorge Luis Borges (Argentina, 1899); Miguel Ángel Asturias (Guatemala, 1899); Robert Arlt (Argentina 1900- 1942); Alejo Carpentier (Cuba 1904); Agustín Yañez (México, 1904); Augusto Céspedes (Bolivia, 1904); Juan Carlos Onetti (Uruguay, 1909)”.

El nuevo grupo de escritores que se incorpora al panorama literario de Hispanoamérica hacia 1930, representa una nueva generación. El lenguaje crítico de sus narradores se convierte en realidad e historia elevada a la categoría de escritura –imaginación. Esta nueva novela mezcla la ficción y la verdad, caracterizándose por deshacerse de los lazos que, hasta entonces la habían mantenido ligada a la realidad. Desde los un principio, la novela latinoamericana era sinónimo de novela realista, quedando encasillada en un esquema muy estrecho que le impedía la total libertad. Sólo cuando los escritores empezaron a seguir las líneas experimentales de las vanguardias europeas, la novela hispanoamericana creció y se desarrolló de forma autónoma. La clave de la nueva novela es el empleo de un tiempo cíclico a través del cual las vidas de los personajes convergen y se repiten en sagas genealógicas, en las generaciones siguientes. La nueva narrativa se abre con el triunfo de los recursos de los estilos de la narrativa vanguardista, que tienen como su centro un cambio de ubicación de los mundos imaginarios creados por la ficción. La escena se traslada desde los grandes y vacíos espacios rurales y regionales, al espacio urbano o cosmopolita que se extiende a las grandes concentraciones urbanas, con conciencia y vivencia cotidiana de los problemas característicos del mundo contemporáneo. 

ingridderodriguez@hotmail.com


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