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Ingrid González de Rodríguez

Reflejos

Ingrid González de Rodríguez | ingridderodriguez@lainformacion.com.do

Reflejos edición 6 de agosto 2020


  • Ingrid González de Rodríguez | 06-08-2020

Los valores estéticos, son permanentes 

Hablamos de arte para indicar la naturaleza de unas obras que agradan por su belleza. Son el resultado del genio imaginativo del artista y su necesidad interior de expresar la belleza. Desde la remota era de la Prehistoria hay arte, y mucho antes de la palabra escrita existía el arte, y era hermoso.   El paleolítico superior es el primer gran momento artístico de la humanidad, el deseo de crear imágenes apareció muy pronto. En efecto, el artista prehistórico se manifiesta en la pintura al realizar las extraordinarias imágenes rupestres que datan de hace 40.000 años. Pese a la lejanía en el tiempo, el pintor paleolítico demuestra sus admirables cualidades para el arte, trabajando en el desarrollo de las técnicas y los materiales que dieran forma a su imaginación creadora.  

La función primordial que debe tener una obra de arte es crear valores estéticos permanentes. Esa regla sirve tanto para la pintura como para la poesía y todas las demás artes.     

“Los medios técnicos de que dispuso el hombre prehistórico le permitieron desarrollar ampliamente sus capacidades artísticas. Con el silex pudo trabajar la escultura y el relieve, usando los colorantes naturales (que ya mencionamos), que combinó y aplicó de diversas maneras. Parece que intentó conseguir la tercera dimensión, aprovechando los accidentes naturales en techos y paredes, y aplicando trazos de distinto grosor y líneas de sombreado. En el estudio de la pintura rupestre europea se pueden distinguir dos áreas con características diferentes: 1) El área franco cantábrica, caracterizada por un acusado naturalismo, por la policromía (rojos, negros, ocres), por el dibujo de toda la superficie de la figura y no solo del contorno, y por la ausencia de la figura humana en las representaciones. Los ejemplos más notables están en  Altamira y el Castillo (España); y Font de Gaume (Francia). 2) El área del Levante español, caracterizada por la frecuente aparición de la figura humana en las representaciones. La técnica es mucho más esquemática, llena de expresividad, y las representaciones suelen reproducir escenas. No existe la policromía y los colores suelen ser planos”.    

A diferencia de lo que se creía, el ser humano de la prehistoria no fue un troglodita rudimentario. La cueva de Altamira es el ejemplo más notable del uso de medios técnicos muy bien pensados, que si bien primarios, no obstante, permitieron a los pintores dar forma a sus ideas. Usaron principalmente tres pigmentos: ocre amarillo y ocre rojo, hechos con arcillas de color y pigmento negro extraído del manganeso para el profundo trazo de las líneas y el contorno de las figuras.    

El Homo Sapiens, un artista  

Hacia el año 30.000- 25.000 a. J. C. aparece en Europa un homo sapiens de espíritu progresista. Procede de Asia y se han encontrado esqueletos fósiles de su especie en Siria, Palestina, y Afganistán.  Es el representante de una avanzada especie de cazadores, poseedor de una técnica muy especializada y con una asombrosa capacidad estética. Por primera vez el ser humano produce objetos de gran belleza, en las manos de este homo- artista. No es un arte de exclusiva inspiración estética, pues siempre va unido a una necesidad y unas creencias mágico religiosas, pero no por eso deja de ser arte y muy bello por cierto, con un sentido de belleza y armonía formal admirable, que supera lo ordinario.  En estas pinturas sobresalen las figuras de animales: jabalíes, bisontes, renos, ciervos, todos animales necesarios para la alimentación y la sobrevivencia. Esto ha llevado a demostrar que el objetivo de plasmar estas obras de arte, más que la pura contemplación de la belleza, era dar vida a un ritual mágico mediante el cual estos antepasados sentían atrapado y cazado el animal representado. Este afán de dominar la naturaleza a través de imágenes es el primer intento humano de identificación con el cosmos. La intensidad naturalista de estas imágenes, con economía de recursos y vitalidad en el uso del color, son características que miles de años después valoran los artistas contemporáneos.    

La emblemática cueva de Altamira, que visité hace algunos años, considerada la Capilla Sixtina del arte prehistórico, observamos la sinergia perfecta de forma y contenido. Los altos valores estéticos, la cuidadosa ornamentación del espacio, la precisión de las imágenes y su exquisita selección de matices, nos dicen que si bien el principal fin de las figuras esculpidas o grabadas, no era el estético, son obras de arte que traducen la cosmovisión del hombre prehistórico y su esfuerzo de identificación con el cosmos.

 Nos hablan de la sensibilidad ante las formas, la capacidad expresiva y el deseo de interpretar la vida. No importa cómo vivían, estos artistas, subsistiendo con gran dificultad, agrupados en núcleos pequeños luchando con un medio ambiente, y un clima desfavorable y hostil, no importa la época ni el tiempo, el hecho es que los valores estéticos son permanentes y se han manifestado desde siempre en el mundo. Desde la aparición del hombre, una fuente inagotable de creación cultural es el encuentro con la belleza.   

ingridderodriguez@hotmail.com


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