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Ingrid González de Rodríguez

Reflejos

Ingrid González de Rodríguez | ingridderodriguez@lainformacion.com.do

Reflejos edición 30 de julio 2020

La Escuela de Atenas. Rafael Sanzio. Fresco, 7.72 m. Vaticano, Roma.


  • Ingrid González de Rodríguez | 30-07-2020

Ciencia y Filosofía

La filosofía, una invitación a pensar

Motivada por el amor a la filosofía, y, convencida de la importancia de la reflexión como forma racional y crítica de comprender la realidad en su conjunto, me propongo exponer algunas ideas sobre el sentido de la disciplina filosófica, como herramienta y guía útil en la vida cotidiana, que es acción y capacitación, para que el ser humano actúe con la mayor claridad posible, lejos de la alienación, la ignorancia, la indiferencia, la confusión y las distorsiones que impiden su auténtica libertad. 

La Filosofía no es juego, ni entretenimiento, tampoco auto-contemplación, sino que sus temas fundamentales se dirigen a problemas esenciales, abstractos y muy generales, que no han cambiado substancialmente desde los tiempos de Platón y Aristóteles. Dichos problemas se relacionan directamente con la naturaleza de la existencia, del conocimiento, de la moral, de la razón y de los fines humanos. Toda persona, incluso la que no desea entrar en preguntas filosóficas y teológicas fundamentales, tiene que orientar su vida en algún sentido, vivirla de la mejor manera. Con la filosofía aprendemos a hacer preguntas, a buscar respuestas y justificar argumentos, a respetar y valorar las ideas discrepantes, a comprender la evolución del pensamiento a través de otras épocas, nos alejamos del dogmatismo y mantenemos viva la capacidad del asombro.

Desde la antiguedad hasta nuestros días, la filosofía es la búsqueda de una explicación racional de la realidad. De hecho, es una manera de abordar la realidad, la filosofía trata de explicar racionalmente el misterio de la existencia del mundo, así como la existencia y convivencia de los seres humanos, a fin de alcanzar un conocimiento más profundo. ¿A quién no le interesa saber sobre la realidad del mundo que le rodea, el sentido de la vida y la forma de enfrentar los problemas humanos más usuales para poder vivir y actuar con ética y razonable libertad? Ninguna ciencia, con sus métodos experimentales y probatorios ha podido decir en qué consiste la dignidad humana, la felicidad, o qué significan el amor, el bien y la belleza.

“Desde siempre siempre el ser humano se ha formulado preguntas acerca del mundo que le rodea, la naturaleza de las cosas o su propia existencia. La necesidad de saber es, como decía Aristóteles, consustancial al hombre, se ajusta a su misma naturaleza, a su esencia. Y la etimología del término nos dice que filosofía significa precisamente “amor al saber”, pero ¿a qué tipo de saber? Cuando las certezas que el ser humano tiene y que, en definitiva, sostienen su día a día se tambalean, empieza a cuestionarse cosas y a hacerse preguntas del tipo ¿qué es la vida?, ¿qué es el mundo?, ¿qué soy yo?, y si las respuestas que se intentan dar a estas cuestiones son el resultado de un proceso de análisis objetivo, sistemático, y crítico, que evite las opiniones subjetivas y que no parta de supuestos aceptados por la convención, podemos decir que estamos filosofando. Se podría definir la filosofía, por tanto, como una forma de aproximarse al mundo y a la vida, en particular la humana, de una forma razonada y crítica, para intentar comprenderlos, preguntarse por su sentido y sacar conclusiones que a su vez sea posible aplicar para establecer las las reglas que rigen la existencia. Sin embargo, lo cierto es  que la filosofía no es la única disciplina que intenta dar respuesta a las cuestiones antes expuestas: también lo hacen la ciencia y la religión, por ejemplo. ¿En qué divergen? La diferencia entre ellas estriba en la actitud o perspectiva adoptada. Por ejemplo, ciencias como las matemáticas o la física proporcionan respuestas parciales a los problemas acotados que tratan: se fijan únicamente en una porción de la realidad, mientras que la filosofía entraría en la categoría conocimiento radical y globa, a la que el ser humano puede acogerse para ordenar jerárquicamente otros conocimientos parciales. La religión, por su parte también intenta proporcionar respuestas globales, pero sus postulados provienen de una verdad revelada que el ser humano adopta mediante un acto de fe. En cualquier caso, la función de la filosofía ha sido y es, la búsqueda de conocimiento, un constante preguntarse del ser humano sobre sí mismo, y también un intento contínuo de buscar el modelo de vida que conviene seguir. Los filósofos de todos los tiempos se han preocupado por esta dimensión ética de la filosofía y han buscado la manera de vivir en armonía con el mundo que nos rodea.

Dotado de inteligencia, el ser humano empezó a formularse preguntas pues es propio del hombre reflexionar sobre si mismo, sobre la sociedad y el mundo. La búsqueda de explicaciones ha constuido una de las preocupaciones fundamentales en la historia de los pueblos. “El cosmos en sí mismo hostiga la curiosidad insaciable del hombre.

 “Esta curiosa preguntona inteligencia nuestra constituye un misterio tan extraordinario como la vida misma. Es allí donde se funden la inteligencia y la confusion; desde Sócrates, hasta Einstein, tú y yo, esta pregunta acerca de nuestra conciencia propiamente dicha continua sin respuesta. Parece haber un profundo abismo en las explicaciones relativas a la conciencia humana, a nuestra vida interior y a nuestra vida mental. Existen argumentos que tienden hacia la naturaleza y otros que lo hacen hacia la alimentación, entre lo fisiológico y lo psicológico, entre las explicaciones biológicas y culturales/medioambientales de la evolución de nuestro cerebro y nuestro comportamiento, lo que está claro es que somos una especie que no sólo se comporta de una determinada manera, sino que es consciente de su propio comportamiento, que no sólo vive, sino que desea comprender el origen, el por qué y el para qué de su vida”.

Pero no se trata de una posesión del saber, sino del hombre deseando llegar al saber. El hombre reconoce que no lo posee y por ello aspira a él. Este es, el sentido que tuvo en Grecia el amor por la sabiduría. Amor no entendido como posesión de algo, sino como aspiración hacia algo. Lo distintivo de este pensamiento es llegar al saber, mediante el amor al saber, y tratar de marchar acorde, estar en armonía con el saber, para pretender llegar al saber. Su Búsqueda es continua. Tal tendencia hacia el saber es el motor esencial del dinamismo espiritual del ser humano y su impulso hacia el logro de sus más elevados objetos cognoscitivos: del asombro surgió la pregunta y de la pregunta surgió el conocimiento.

ingridderodriguez@hotmail.com 


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