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Ingrid González de Rodríguez

Reflejos

Ingrid González de Rodríguez | ingridderodriguez@lainformacion.com.do

Reflejos edición 26 de mazo 2020


  • Ingrid González de Rodríguez | 26-03-2020

Centralidad de la vivencia estética

No hay un solo ser humano que no haya experimentado el escalofrío de la belleza, la profunda sensación que produce su contemplación. Trátese de lo bello natural, lo bello moral, o lo bello artístico, la experiencia estética forma parte importante de la diversidad de la experiencia humana y confiere a nuestra vida uno de sus valores más preciados. Ahora bien, ¿Qué la hace posible? ¿Cuáles facultades intuitivas y sensitivas se conectan en nuestro espíritu para producirnos una profunda sensación ante la belleza? 

Puesto que la vivencia estética ante lo real, no es privativa de lo exterior, sensorial o físico, y que la filosofía se adscribe a un concepto de realidad que desborda el que se reduce a las ciencias experimentales, en cuanto incluye la esencia del ser, su mundo y su vida, su realidad formada por un inmenso y complejo conjunto de realidades, que conforman lo que llamamos la rica e inefable experiencia humana y sus ámbitos, que integran el cuerpo y la mente; el lenguaje, el conocimiento, las emociones y los sentimientos, reconocemos la validez de la experiencia estética como un camino legítimo hacia la plenitud del ser.  

La experiencia estética es inabarcable, fecunda y abierta. Maceiras (1994) se refiere a las características de esta singular vivencia humana, señalando sus particulares características. Sólo la criatura humana es capaz de percibir y determinar la belleza. La belleza está en el impulso vital.      

“La breve aproximación al mundo del hombre pone de manifiesto su complejidad y también su imposible sometimiento a márgenes. No es menos real, en efecto, el ideal del artista que inspira su arte que su instrumento para realizarlo. Ni tampoco es menos cierto el miedo que pueda atemorizarnos que la existencia real, o imaginada, de quien pueda provocarlo. Y el ideal benefactor de la caridad, en quien obra por su impulso, no es menos cierto que el mundo en que se ejerce. Ahora bien, todo ese mundo del hombre es un mundo para el hombre. No es por tanto un mundo asignado, del que es sólo parte o, si se prefiere, propietario el hombre, como parece expresar el determinativo “del”. Es mundo para el hombre porque el lo vive y sin él no puede el hombre. No es pues, algo de lo que pueda prescindir. El constituye lo que llamamos la experiencia humana. No es pues un mundo susceptible de ser contemplado sólo como espectáculo o por el que simplemente pueda dejarse seducir. Ni le es indiferente, ni se le sobrepone tampoco anegándolo en su inmensidad. Ello quiere decir que el hombre debe domeñarlo, dotarlo de sentido y significación. En fin debe “reflexionarlo” (…) En este sentido la experiencia humana es dificilmente tipificable o inventariable, dada la amplitud del mundo del hombre (…) La experiencia no puede ser confundida con fenómenos eventuales o transitorios. Tiene carácter permanentemente reiterativo en la vivencia. Ello no impide que fenómenos transitorios, emociones incluso fugaces, no pertenezcan al ámbito de lo experiementado, la reflexión deberá delimitar el grado de estabilidad o de transitoriedad de cada fenómeno. Es esta una función que la filosofía deberá atender con esmero para no confundir lo pasajero y mudable con lo estable y permanente (…) Toda experiencia tiene como consecuencia, carácter ontológico, porque pone al hombre en contacto con los múltiples modos de hacerse presente el ser, lo que es real en la conciencia (…) por su carácter ontológico la conciencia se somete a realidades experimentadas y de ellas hace brotar motivos de inspiración y motivos de acción, como demuestran la experiencia religiosa, moral, estética, ética, e incluso política, entre otras (…) La filosofía está llamada a reflexionar las condiciones de legitimidad o alienación en las que una experiencia pueda ser vivida o simplemente aceptada como experiencia humana. En este sentido no es su propósito legitimar o no la creencia religiosa o delimitar la tarea de lo espiritual y estético para esta o aquella persona individual. Pero si acepta que estas y otras experiencias aparecen como realidades permanentes en la conciencia, y en cuanto tales debemos someterlas a la reflexión”.

ingridderodriguez@hotmail.com


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