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Ingrid González de Rodríguez

Reflejos

Ingrid González de Rodríguez | ingridderodriguez@lainformacion.com.do

Reflejos edición 26 de mayo 2020


  • Ingrid González de Rodríguez | 26-05-2020

 Alfonso Reyes y “La Experiencia Literaria”

El gran pensador y escritor mexicano Alfonso Reyes (1889-1959), en su obra "La experiencia Literaria" cita a  Platón en los diálogos, quien afirma "El escribir" no pasa de ser una diversión. La escritura, accidente del lenguaje, pudo o no haber sido: el lenguaje existe sin ella. Pero la escritura al dar fijeza a la fluidez del lenguaje, funda una de las bases indispensables a la verdadera civilización". La historia de la civilización humana es la historia de la palabra escrita. 

La literatura en pureza se dirige al hombre en general, en su carácter humano. “La forma, como el lenguaje mismo, es oral por esencia. Escribir, es un abuso de la palabra. El habla es esencia, la letra contingencia, téngase presente, para evitar la confusión a que conduce el término mismo “literatura”, que es ya un derivado de “letra”, de lenguaje escrito". El contenido de la literatura es, pues, la pura experiencia, no la experiencia de determinado orden de conocimientos”.  

El papel estelar de la literatura, como testimonio humano en el registro de la historia es la idea  central de un notable ensayo del citado pensador mexicano. Aparece en "Obras Completas". Alfonso Reyes, Tomo XV, México, Fondo de Cultura Económica, 1963, pp. 73-74. Su contenido está dirigido a promover la literatura como el arte del lenguaje usado y dirigido hacia el valor estético, pero también a la transmisión de la cultura y el contexto histórico.  

“La literatura, al igual de todo testimonio humano – y ningún almacén de hechos más abundante- contiene noticias sobre los conocimientos, las nociones, los datos históricos de cada época, así como contiene los indicios más preciosos sobre nuestras moradas interiores, puesto que representa la manifestación más cabal de los fenómenos de conciencia profunda. Tales testimonios, utilizables por las más diversas disciplinas, significan un constante servicio extraliterario. El más ligero examen de las literaturas nos muestra la riqueza de semejante aportación. En la “Ilíada” pueden encontrarse toda una concepción de la historia, y la significación económica de Troya como emporio entre Oriente y Occidente. En la “Odisea”, un esbozo de geografía marítima (la exploración de los pasos y escalas del Mediterráneo) y el ideal de la dama en la civilización occidental. En Hesíodo, la relación entre la meteorología y la agricultura. En el ciclo trágico de la Orestíada, rastros de la pugna entre el matriarcado y el patriarcado. En la comedia de Aristófanes, la política de los partidos atenienses. En Virgilio, algo de la historia natural y artes de la siembra y la cría. Costumbres romanas, en Horacio, En Prudencio- rasgo ético de una edad- , el furor hematólatra producido producido por el mertirio de los cristianos. En las leyendas medievales, los fermentos de un nuevo ideario en gestación. En Dante la cosmografía de su tiempo. La idea nacional en el Cid, además de noticias sobre antiguas instituciones. Programas pedagógicos, en Rabelais. En Ruíz de Alarcón, conceptos jurídicos. La teoría del honor, en Lope y en Calderón de la Barca. Tal atisbo desconcertante sobre costumbres de la vida colonial – objeto de un cambio de cartas entre Enrique José Varona y Pedro Henríquez Ureña. En Sor Juana, en la literatura del siglo XVIII, la invasion de las preocupaciones científicas y sociales. Tal estado de la geografía, la matemática o la economía, en los cuentos de Voltaire. En la novela de Varela, la moral de cierta sociedad española, mejor destacada aún por el suave contraste irónico. La criminología en Zola o en Dostoievski. La química. En Aldous Huxley. Nuestro Periquillo Sarmiento, que representa el transporte a América de la picaresca española, es también, como dice Luis G. Urbina, el mejor proceso levantado contra el régimen colonial en los albores de nuestra independencia. La literatura puede ser citada como testigo ante el tribunal de la historia o del derecho, como testimonio del filósofo, como cuerpo de experimentaciñon del sabio. Cuando parecen haberse agotado sus documentos más externos, todavía puede dar indicios sobre la conciencia profunda, sobre el estado mental de un hombre, sus asociaciones metafóricas, sus constelaciones y complejos. El psicoanalista la interroga con confianza, como interroga los tuembos de ese barco ebrio que es el sueño, o la escritura mediumnímica o sonambúlica. A este respecto, el Surrealismo, tan entregado a los automatismos verbales, presenta una singular docilidad, al grado que parece aspirar, más que a la fama estética, al premio del laboratorio. Tales son los usos ancilares de la literatura. Aunque ellos sazonan el placer literario, tambien puede acontecer que lo desvíen. Cuando aquel sabio comprobó su indiferencia ante la literatura de Homero porque no encontraba en ella argumentos para la teoría de la evolución (de las especies) se confesó con melancolía que su naturaleza no debía ser muy generosa. (El Ramayana, donde aún combaten los monos con los hombres, acaso lo hubiera contentado) La crítica debe defenderse de semejantes peligros. Ya advierte Aristóteles que la verdad poética no debe confundirse con la verdad científica o la moral, y que en poesía es preferible un imposible que convenza, a una posibilidad que no convence”.[1] 

[1] Reyes, Alfonso. Obras completas. Tomo XV. México: Fondo de Cultura Económica. 1963, pp. 73 y 74. 


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