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Ingrid González de Rodríguez

Reflejos

Ingrid González de Rodríguez | ingridderodriguez@lainformacion.com.do

Reflejos edición 25 de junio 2020


  • Ingrid González de Rodríguez | 25-06-2020

Ciencia y humanismo, retos del siglo XXI

El esenario del siglo XXI no puede ser más retador, pues, nos ha puesto frente a la paradoja de un mundo altamente industrializado y tecnificado, con paises y sectores de mucha riqueza y prosperidad, pero también ante masas humanas sumidas en la pobreza, el analfabetismo, la insalubridad, y el desempleo. Así hemos visto, que el bienestar se acelera en las naciones del primer mundo, en contrapunto con los países tercermundistas. Preocupante es esta enorme brecha pues ambos mundos, el mundo desarrollado y el que lucha por desarrollarse, deberán enfrentar juntos, en el presente siglo inquietantes problemas sociales, políticos, económicos y medioambientales, que requieren soluciones y voluntades globales y mancomunadas para un futuro promisorio y sostenible. 

Frente al progreso y la esperanza que han traido como concecuencia los grandes avances científicos y tecnológicos del siglo XX, también tenemos un mundo en crisis. Si el progreso moderno, el de la técnica, las máquinas, el consumo desmedido y la explotación indiscriminada de los recursos naturales, es sinónimo de calentamiento global, polución, y destrucción del campo, las aves, y los ríos, entonces no es verdadero desarrollo. “Todo cuanto sea conservar el medio es progresar, todo lo que signifique alterarlo esencialmente, es retroceder”. Debemos abogar y velar por un progreso que logre el equilibrio armónico entre naturaleza, técnica, y desarrollo humano. 

Aunque todos estamos de acuerdo en que la ciencia aplicada a la tecnología ha revolucionado la vida moderna, y hoy podemos disponer de cosas maravillosas y extraordianrias que nuestros abuelos jamás hubieran podido imaginar, no obstante, todo lo que tales inventos aportan a la humanidad (medios de transporte, comunicaciones, nuevas formas de pensamiento científico y filosófico, transformación y continua modernización industrial, exploración y conquista del espacio, avances en la medicina, la agricultura y la producción de alimentos etc.), preocupantes son los retos de los hombres y la mujeres del siglo XXI. 

Ante esto, es oportuno el análisis. Debemos asumir posiciones claras y firmes, ante el futuro que podemos crear para nosotros mismos, y el futuro que ahora debemos evitar, con un planeta gravemente desvalorizado. Para un grupo de reconocidos científicos la naturaleza nos está diciendo que la reunión y los signos cada vez más evidentes del caos climático causado por el hombre, necesita de un proyecto global común, para cambiar los patrones actuales que rigen la vida económica, industrial y comercial. Los cambios en los patrones de lluvia y el preocupante fenómeno del  calentamiento global deben ser temas de permanente preocupación de todos los gobiernos del mundo. Existen datos científicos suficientes que demuestran que la temperatura está aumentando y lo más grave: el resultado de este aumento es el hombre y sus múltiples actividades que deterioran el medio ambiente. El cambio climático y el efecto invernadero no son consecuencias de la naturaleza en si misma, sino que son el resultado de la actividad- desproporcionada- del ser humano destruyendo, precisamente, a esa naturaleza. 

Muy interesante y pertinente es la reflexión hecha por José Antonio Álvarez, catedrático del Instituto de San Isidro de Madrid, sobre el impacto de la ciencia y la técnica en el mundo de hoy.  

“Nuestra civilización ha llegado a depender de la ciencia y de sus aplicaciones en un grado desconocido en anteriores períodos históricos. Ninguna época ha exigido tanto a la ciencia como lo hace la nuestra, ni se ha servido tanto del trabajo de los científicos. Desde el punto de vista cuantitativo, la investigación científica ha alcanzado dimensiones sin precedentes. Desde el punto de vista cualitativo, es decir, atendiendo a la naturaleza y repercusiones de los descubrimientos, la importancia actual de la ciencia es aún mayor. En pocos años, los investigadores han revisado y actualizado numerosas teorías científicas aceptadas durante siglos. Recientes descubrimientos obligan, a su vez, a replantearse conclusiones que sólo hace unas décadas se consideraban definitivas. El desarrollo científico ha tenido una profunda repercusión social y económica”. 

Indiscutiblemente, muchos son los beneficios de una civilización tecnificada, pero, paradójicamente, también los desafíos. Muchas son las aplicaciones tecnológicas a las comunicaciones, la cura de enfermedades y la producción de alimentos, como ya dijimos arriba, lamentablemente también una parte considerable de la investigación científica actual está orientada a fines bélicos. La tecnología moderna ha puesto en manos de las superpotencias medios muy sofisticados para la guerra, en medio de conflictos de intereses económicos y diferencias ideológicas. La tendencia de la Era actual, la posmoderna: “Es profundizar nuestra dependencia de las ciencias y sus aplicaciones”. 

Dados los efectos positivos, pero también los peligros evidentes que derivan de un uso irresponsable de sus capacidades, urge una normativa en base a altos valores éticos. Se hace impostergable establecer horizontes morales bien delimitados, especialmente en áreas como biología, física, química y medicina, que inciden desde el origen hasta el final de cualquier tipo de vida. 

Hoy más que nunca se precisa distinguir entre lo legítimamente posible en el orden de las capacidades y los desarrollos tecnológicos, y lo éticamente adecuado y sostenible. En estos tiempos retadores, en que el mundo se ha visto amenazado por una pandemia inédita, e impredecible, se impone una visión científica y humanística, sensible y solidaria, compasiva y esperanzadora, como la base ideológica de todos los gobiernos del mundo. 

ingridderodriguez@hotmail.com


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