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Ingrid González de Rodríguez

Reflejos

Ingrid González de Rodríguez | ingridderodriguez@lainformacion.com.do

Reflejos edición 2 de junio 2020


  • Ingrid González de Rodríguez | 02-06-2020

Santa Teresa de Jesús y “Moradas o Castillo Interior”

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Teresa de Jesús nació en Ávila en 1525, en el seno de una familia muy  creyente. Beatificada en 1614, canonizada en 1622, y declarada doctora de la iglesia en 1970, Teresa en una de las personalidades más emblemáticas e influyentes de los últimos tiempos. Su espiritualidad y su vida marcan un momento decisivo en el pensamiento cristiano, sus escritos y su poesía son piezas bellísimas, no solo del Siglo de Oro español, sino que su obra trasciende a la literatura universal.  

“La primera mujer a la que la Iglesia Católica confirió el título de doctora fue Santa Teresa de Jesús. Es un reconocimiento singular ya que viene de una institución que no admite mujeres en funciones jerárquicas. Su espíritu independiente la hizo resistirse al matrimonio, única opción aparte de la vida religiosa en una época que marcaba la sujeción femenina al hombre. Llevó adelante una misión reformadora de gran alcance, y escribió una serie de libros en los que revela de manera didáctica y poética las claves de sus experiencias místicas”.[1] 

La contribución a las letras y la espiritualidad cristiana de la insigne religiosa, expresa con claridad las particularidades de su personalidad: Teresa de Jesús se identifica a la perfección con la alianza teresiana de acción y contemplación, ambas actitudes se entrelazan en la autora de una obra monumental. La Iglesia Católica le confirió el título de doctora proclamándola Paulo VI “por su contribución al desarrollo de las doctrinas ascéticas y místicas dentro de su orden”.

Varios años atrás, en compañía de amigos muy queridos de la Univesridad de Salamanca, hice junto a mi familia mi primer viaje a Ávila. Era turismo pues Ávila está cerca de Salamanca. Pero no sólo ese motivo exclusivo, me hacía gran ilusión, como admiradora de la obra de la Santa  llegar a la ciudad medieval, amurallada de su nacimiento y caminar por sus calles para llegar a la Iglesia de San Juan Bautista, parroquia de su familia y contemplar la pila, en el centro del baptisterio, en cuya verja de hierro rodeado de una verja de hierro, del siglo XVII donde se lee la inscripción “En esta pila fue bautizada Santa Teresa de Jesús”.  

BIOGRAFÍA

La biografía de Santa Teresa de Jesús nos permite vislumbrar la complejidad de su existencia y la anchura de su contribución. A pesar de que su abuelo fue procesado por la Inquisición, Santa Teresa se educó en un ambiente de intensa devoción cristiana que la motivó a los dieciocho años a hacer sus votos en el convento de la Encarnación. En todo momento emerge su voluntad férrea y la templanza de su carácter. A pesar de haber nacido en el siglo XV, en pleno debate sobre el ostracismo de la mujer en la educación, Teresa se educa en su casa y se convierte en una mujer culta. Por ese entonces, la Iglesia sufría guerras religiosas, y debates dogmáticos, la Santa quería hacer algo para revertir estas realidades pero se sentía impotente, de forma que empezó por hacer lo que pensó, era más viable: impulsó entre sus compañeras de convento una reforma basada en la oración y en una formación cristiana integral que resultaba innovadora y de avanzada para la época. Ante la oposición cerrada por algunos sectores de la vieja cristiandad a sus ideas reformadoras, Teresa estuvo amenazada de excomunión. No desmaya, en 1567 se encuentra con San Juan de la Cruz, y Juntos llevan a cabo una reforma radical de su orden, “Los Carmelitas Descalzos”, caracterizada desde sus orígenes por los votos de pobreza, humildad, soledad y oración. 

El sacerdote dominico Antonio Royo Marín escribe la biografía de Santa Teresa de Jesús, que detallamos del libro “Doctoras de la Iglesia”, Biblioteca de autores cristianos (2002): “Santa Teresa de Jesús nació  nació en Ávila el 28 de marzo de 1515 y fue bautizada el 4 de abril en la parroquia de San Juan, donde todavía puede verse la pila bautismal. Era hija de don Alonso Sánchez de Cepeda y su segunda mujer, doña Beatriz Dávila y Ahumada. Fue Santa Teresa la mayor entre los diez hermanos de ese matrimonio que llegaron a la edad adulta. Desde muy niña se distinguió por su piedad y buen juicio. A los siete años  de irse con su hermano Rodrigo a tierras de moros para que allí los “descabezacen por Cristo”, pero fueron detenidos en las afueras de Avila por un tío suyo, que los redujo a la casa paterna.  Pasó algunos meses de su juventud en ciertos devaneos frívolos-lectura constante y apasionada de libros de caballerías, gusto de “traer galas y desear contentar en parecer bien, con mucho cuidado de manos de cabello, y olores, y todas las vanidades que esto podía tener”, aunque sin llegar jamás a ofender gravemente a Dios-, hasta que cambió radicalmente de vida bajo la influencia de unas santas religiosas del convento de agustinas de Santa María de Gracia, a donde la había internado su padre don Alonzo. 

Después de sufrir una gravísima y larga enfermedad, que le ayudó también mucho para darse del todo a Dios, huyó de su casa paterna para ingresar en el Monasterio de Monjas Carmelitas de la Encarnación, de Avila, donde tomó el hábito el día 2 de noviembre de 1536, a los 21 años de edad. Su vida en la Encarnación, aunque muy fervorosa y edificante desde el comienzo, sufrió algunos altibajos, debido principalmente a sus muchas enfermedades- hubo de salir del convento largas temporadas para reponerse-, al ambiente de relajación que se había apoderado de casi todos los conventos y a la falta de buenos directores que empujasen a mayor perfección. Hasta que en la cuaresma de 1554 -a los 39 años de edad- se verificó su última y total conversión a la vista de una devota imagen de Cristo llagado que habían traído al convento para una fiesta que debía celebrase en su honor. 

ingridderodriguez@hotmail.com


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