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Ingrid González de Rodríguez

Reflejos

Ingrid González de Rodríguez | ingridderodriguez@lainformacion.com.do

Reflejos edición 14 de febrero 2020


  • Ingrid González de Rodríguez | 13-02-2020

Obras maestras del arte universal: Pinturas de Lascaux

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El ser humano es paradójicamente muy frágil y muy fuerte. Frente a las fuerzas y tensiones medioambientales al igual que el resto de los seres vivos utiliza medios biológicos de adaptación. No obstante, su naturaleza sorprendente le lleva a traspasar límites, y como no se adapta espontáneamente al medio natural sino que su adaptación requiere además de los medios biológicos, medios culturales que suponen la transformación creativa e inteligente del entorno, crea la cultura, justamente una construcción empírica  que trasciende su determinación instintiva y le hace distinto del resto de los otros seres vivos. 

Sin preparación física especial para soportar las inclemencias del clima, ni para hacer frente a las temperaturas extremas, a diferencia de cualquier otro animal, el hombre supera ese deficit biológico gracias a la cultura. Es la debilidad de los instintos humanos la que le obliga a un largo aprendizaje.

Platón expresaba en su diálogo “Protágoras” el origen de la cultura como aquello que suple la carencia esencial del hombre. Los hábitos culturales y los inventos modelan la naturaleza humana en múltiples ámbitos. Por su inadaptación biológica al medio, el ser humano debe transformar el medio en un espacio habitable. Por medio de la inteligencia, pule la piedra para hacer intrumentos líticos, hace fuego para calentarse, se protégé del frío con vestidos, construye casas, y fabrica instrumentos para cazar, sembrar, pescar etc. Pero, por cual razón el hombre cromagnon se dedicó a pintar, o grabar y esculpir sus instrumentos? 

Al repasar el largo espacio de tiempo que llamamos prehistoria observamos   que había arte. El arte fue uno de los descubrimientos más fascinantes entre todas las manifestaciones del hombre prehistórico, la actividad humana que surgió como reflejo de la necesidad que tenemos de dar sentido a la realidad.

El arte es un medio humano para un fin humano, la creatividad es una capacidad inherente a nuestra naturaleza y si bien es cierto que otras criaturas reciben adiestramiento de sus padres, llegando a veces a superarlos en las destrezas que van aprendiendo su conducta es instintiva y se va transmitiendo de generación en generación, convirtiéndose en un repertorio de conductas aprendidas en el que no se establecen diferencias relevantes que muestren señales de cambio en el patrón asociativo. Sólo la criatura humana de entre todos los seres de la naturaleza, es capaz de reproducir en los mil aspectos de su actividad el gesto del demiurgo (es decir, crear) y le condena, por los siglos de los siglos a una perpetua superación”[1].

Cierto es, que sólo los miembros de nuestra especie producen el fenómeno del arte, inherente al modo en que la realidad afecta nuestra sensibilidad, y aunque los animales son capaces de las grandes formas de experiencia como el amor, el hambre, el placer y el dolor, no son capaces de comunicar su experiencia, no la contemplan, ni reflexionan, o se maravillan de ella como algo bello en sí mismo que además pueden compartir.

“Solo el hombre es un registrador de su propia experiencia, y eso equivale a decir que es artista. Crear un registro de la propia experiencia abarca mucho más que la voluntad de registrar, comprende la habilidad de hacer y mucha reflexión antes de que pueda empezar el acto de la creación. Porque la experiencia es inaudible, invisible. No puede ser compartida hasta que no se ha encontrado su equivalente en el símbolo sensorial. La alegría cuando vuelve la primavera, la soledad cuando muere el amor, el entusiasmo cuando se vencen las dificultades, no pueden comunicarse hasta que se han traducido en el movimiento de la danza, la melodía y el ritmo de una canción, las palabras de una poesía, o la forma y el color de una obra de las artes visuales. Y en ese momento en que el ser humano acomete la tarea de la traducción se siente acosado por un anhelo nuevo: el anhelo de organización armoniosa que los estéticos llaman forma o diseño y el hombre y la mujer corrientes llaman belleza”[2].

Hablamos de arte para indicar la naturaleza de unas obras que agradan por su belleza y son el resultado de la virtuosidad, del genio imaginativo del artista. Desde la aparición del hombre, se aprecia el afán humano por la belleza. Las formas artísticas de la prehistoria, cuyas primeras realizaciones corresponden al paleolítico superior fueron evolucionando en función de los cambios que se producían en el seno de las distintas colectividades humanas. Con el inicio de la urbanización y el paso de un sistema económico (recolección y caza) a otro distinto (agricultura), el sentido mágico religioso que había tenido el arte en sus orígenes se sustituye por un sentido simbólico. Instrumentos líticos, joyas, monumentos megalíticos, vasijas, armas, sepulturas, pinturas rupestres y otros vestigios de gran valor estético, proyectan las múltiples dimensiones de la creación artística en esas etapas milanarias del primer gran momento artístico de la humanidad.

[2] Huyghe, René. El arte y el Hombre. Buenos Aires. Editorial Larousse. 1995. Passim.

ingridderodriguez@hotmail.com


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