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Ingrid González de Rodríguez

Reflejos

Ingrid González de Rodríguez | ingridderodriguez@lainformacion.com.do

Reflejos edición 115 de mayo 2020


  • Ingrid González de Rodríguez | 15-05-2020

Juana de Ibarbourou y “El cántaro fresco”

La percepción de la vida como algo bello, puro, real… es la clave de las imágenes poéticas en la obra de Juana de Ibarbourou. Su poesía se identifica identifica con las formas íntimas y sensuales de la naturaleza: el agua del río, la flor, la fruta, el verdor del campo oloroso, sus poemas son celebración de la vida, en contraste con su total rechazo a la muerte como realidad definitiva. La poeta desea volver a vivir, Juana comunica su esperanza de vencer la muerte -  representada en sus versos por elementos simbólicos como la sombra, las tinieblas, el frío o la noche -  Su deseo es volver a vivir después de la muerte adoptando una forma bella - como el halo de la luz – que aparece frecuentemente en su obra en la imagen de la llama.

Sintiéndose plenamente realizada como mujer, Juana de Ibarbourou (Uruguay, 1895- 1979) no experimentó la angustia existencial de otras poetas posmodernistas, la lírica de esta uruguaya universal, transmite la alegría de vivir, el asombro ante la naturaleza, la sensación de gozo ante todo lo bello y hermoso que hay en el mundo. 

Sin embargo, el paso de los años en las obras posteriores (La Rosa de los vientos (1930); Perdida (1950) y Romances del destino (1955), asoma el tono emocional de la mujer madura sentimentalmente, que ha vivido sus años. En esa etapa aunque no faltan aquellas notas de amor a la vida y las imágenes expresivas que la caracterizaron en la primera y decisiva etapa de su obra, asoma el tema de la soledad. La melancolía de la mujer que contempla ya de cerca la muerte aparece en las obras arriba mencionadas, no obstante, fluyen los destellos de amor por la vida en las imágenes expresivas que caracterizan la obra de esta gran poeta de las letras hispánicas.  

Obra

Las Lenguas de Diamante (1918) es su primera obra. El libro es una colección de poemas a la vez que un manifiesto humano y artístico con rasgos derivados de la poesía modernista. Sobresalen el elemento lírico y la emoción poética. El lenguaje asume el papel principal, muchas veces independientemente del tema. 

Cuando fue publicado Juana con apenas 22 años de edad. Su poesía rompe con las características ya agotadas del Modernismo de fines de siglo XIX y principios del siglo XX. Su temática vital y espontánea, que canta a la libertad creativa del artista, alaba al cuerpo y se funde con la naturaleza. Su punto principal es el amor, olvidando las rígidas restricciones de la época. Juana canta al cuerpo y a su piel morena. La naturaleza y el erotismo, acceden a una cotidianidad de la que estaban escindidos, por el peso de los estrictos cánones sociales de su época. La autora de “Las lenguas de diamante” se vale del lenguaje sencillo y abandona las de metáforas rebuscadas, y la complejidad del simbolismo modernista.  

“El cántaro fresco” (1920); se caracteriza por la abundancia de imágenes sensoriales y cromáticas, alusiones a su tierra natal, exaltación de la vida y la naturaleza. Es un libro en prosa poética, un trabajo representativo en el conjunto de sus obras. A través de un relato claro y sencillo, describe la vida del interior de Uruguay, de su Melo natal. 

En “La rosa de los vientos” se adentró en el vanguardismo, rozando incluso las imágenes surrealistas. En “Estampas de la Biblia”, “Loores de Nuestra Señora “ e “Invocación a san Isidro” todos de 1934, inicia el camino hacia su hermosa poesía mística. En la década de 1950 se publicaron sus libros Perdida (1950), Azor (1953) y Romance del Destino (1955). En 1953 en Madrid salieron a la luz sus Obras completas donde se incluyeron dos libros inéditos: “Dualismo” y “Mensaje del escriba”. La última fase de poesía se adentra en la meditación reflexiva.

En 1950 ocupó la presidencia de la Sociedad Uruguaya de Escritores, y cinco años más tarde su obra fue premiada en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid. En 1959 se le concedió el Gran Premio Nacional de Literatura, en cuya ceremonia fue declarada Juana de América.

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El cántaro fresco 

"Han traído para el almuerzo un ventrudo recipiente de barro lleno de agua recién sacada del pozo. Y es esta tan fría que, rezumando por todos los poros del cántaro, ha cubierto la rojiza superficie de un fresco manto húmedo. Atrechos el vapor acuoso es más espeso y forma gotas gruesas que caen sobre el mantel blanco. En el comedor reina una penumbra dulce. por una rendija del postigo entra, tendiéndose de la parte superior de la ventana hasta el piso del centro de la habitación, como una tirante cinta amarilla, un rayo de sol que, en el suelo, se concentra simulando un ovillo de hilo dorado. A veces, al mover un ligero soplo de brisa de la cortina, el redondel de sol se mueve también, y Titanio, el pequeño terranova que hace rato lo observa, salta sobre él. Y ladra al ver que lo que él quizás supone un extraño insecto, se trepa como una mariposa burlona a su pata peluda, de la cocina llega ruido de loza; del patio un chirriar confuso de cigarras. En espera del almuerzo empieza a invadirme la modorra de este cálido mediodía de diciembre, mi hijo, con esa sana hambruna de los seis años, pellizca un trozo de pan, sentado ya en su sillita, junto a la mesa, esperando la llegada del padre. mis agujas de tejer, la labor, el ovillo, han resbalado poco a poco de mi falda a la estera. yo apoyo mi mejilla en la fresca superficie húmeda del cántaro. Y esta fácil y sencilla felicidad me basta para llenar la hora presente (Juana de Ibarbourou. El cántaro fresco, fragmento)

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Llueve

Llueve... Espera, no duermas,

estate atento a lo que dice el viento

y a lo que dice el agua que golpea

con sus dedos menudos en los vidrios.

¡Cómo estará de alegre el trigo ondeante!

¡Con qué avidez se esponjará la hierba!

¡Cuántos diamantes colgarán ahora

del ramaje profundo de los pinos!. 

Como sombras delgadas que se deslizan sobre

Las arenas de bronce de la orilla del lago.

Silencio en nuestros labios una rosa ha florido

¡Oh, si a mi amante vencen tentaciones de hablar!,

La corola, deshecha, como un pájaro herido,

Caerá, rompiendo el suave misterio sublunar.

¡Oh dioses, que no hable! ¡Con la venda más fuerte

que tengáis en las manos, su acento sofocad!

¡Y si es preciso, el manto de piedra de la muerte

para formar la venda de su boca, rasgad!

Yo no quiero que hable. Yo no quiero que hable.

Sobre el silencio éste, ¡qué ofensa la palabra!

¡Oh lengua de ceniza! ¡Oh lengua miserable,

No intentes que ahora el sello de mis labios te abra!

Baja la luna-cobre, taciturnos amantes,

Con los ojos gimamos, con los ojos hablemos.

Serán nuestras pupilas dos lenguas de diamantes

Movidas por la magia de diálogos supremos.


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