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Ingrid González de Rodríguez

Reflejos

Ingrid González de Rodríguez | ingridderodriguez@lainformacion.com.do

Reflejos edición 11 de noviembre 2019


  • Ingrid González de Rodríguez | 10-11-2019

Henri Matisse, pionero  de las artes plásticas del siglo XX

El arte del siglo XX, resultado de una dinámica de cambios continua y profunda, sin lugar a dudas protagonizó una verdadera revolución estética. Marcado por el ritmo rápido y cambiante de la civilización de la ciencia y la técnica, en su desarrollo aparecieron nuevas tendencias estéticas que devienen en un arte nuevo.
 

El arte moderno se presenta así a nuestros ojos como conciencia firme del artista, expresión fecunda de imaginación y originalidad, el reflejo fiel del marco general de la cultura de la época, y su carácter particular en la historia. Especialmente en el ámbito de la pintura, nuevas formas de expresión, técnicas y procedimientos, dan paso a un universo de imágenes y realidades insospechadas, nunca exploradas hasta entonces.
 

El arte aparece en el siglo XX, como la más auténtica expresión de los datos culturales, técnicos, científicos, y filosóficos del mundo contemporáneo. Fue total la revolución de la pintura hacia 1905, con la aparición del movimiento “Fauvista” la primera apuesta pictórica del siglo.

Dicho movimiento con Matisse, Derain y Vlaminck, a la cabeza, inicia  la brusca transformación de las artes plásticas, cuando los pintores propugnan por una estructura plástica nueva y antiilusionista e incorporan a sus cuadros el color desde una perspectiva distinta que le otorga nuevos valores: el medio esencial configurativo en la pintura “fauve” es el color puro y vigoroso, realzado con insólitos efectos contrastantes, que se aplican sin modelado y con pincelada directa, para plasmar la emoción directa y singular del artista. La estructuración del espacio resulta del color, que, a diferencia del impresionismo abandona los efectos ilusorios y se aviene por completo a la expresión de la emoción.



Con esta propuesta de aspiración a la libertad total, el “Fauvismo” produce verdaderas obras maestras del diseño y la composición.  
    

La idea inicial del Impresionismo de desvanecer el dibujo usando colores puros no combinados en la paleta del artista ni en la tela, sino, en el cerebro del espectador, culmina con los estilos de pintar, que aparecen en el transcurrir del siglo. Por un lado, la pintura totalmente abstracta que emancipada de la realidad objetiva, adopta dos modos de expresión: uno muy lírico, dinámico, musical, y espiritual (el expresionismo abstracto); y el otro abstraccionismo geométrico, purista en lo formal, matemático y conceptual.
    

El primero, representado por Kandinsky, es la actualización del factor espiritual, la traducción poética de la emoción, lleva implícito el concepto de la abstracción lírica en la creación de formas que parten de la intuición del artista que aspira a transmitir en el cuadro un concepto o una emoción, sin recurrir a los elementos de la realidad, empleado solo el color y las formas.  El segundo con Pesvner y Malevich, a la cabeza es la actualización del factor intelectual, propuesta estética de color en figuras geométricas puras, delicadamente matemáticas, una renuncia total, a la representación de objetos reales logrando absoluta autonomía frente a la realidad natural. Ambas tendencias ofrecen una visión sorprendente del problema estético, análoga a las nuevas concepciones del hombre y la naturaleza del siglo XX, en virtud de los avances científicos y técnicos, tanto como de la revisión de los fundamentos de la filosofía, que ahora explora nuevos ámbitos de la condición humana.
 


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