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Palabras de Ana Margarita Haché de Yunén

Ana Margarita Haché de Yunén


  • Redacción | 03-12-2018

En el Acto de Reconocimiento de la Academia Dominicana de la Lengua y Casa de Arte en honor a destacados educadores e investigadores

Agradezco a la Academia Dominicana de la Lengua y a Casa de Arte por el honor que me confieren con este reconocimiento. Junto a estas instituciones, mi gratitud va también para mi familia, en especial para mi esposo y mis hijos, y para los maestros, estudiantes, colegas y amigos que, día a día, me han dado la fortaleza necesaria para llevar adelante mis ideales. Sin el sustento de esos seres, muchas veces anónimos, no estaría hoy aquí recibiendo este homenaje. Esa red de apoyo y afectos ha enriquecido mi quehacer en cada uno de los espacios donde intento desarrollar mi misión. Es justo también agradecer a Dios por el don de la vida y por permitirme desempeñar una profesión que cree en el ser humano y pone en sus manos la construcción del Reino, a partir de la implementación de la justicia y la misericordia.

Me han pedido que les hable sobre mis vivencias en el cultivo de la lengua española. En mi caso, esas experiencias se han centrado en dos vertientes: una educativa, a través de la lingüística aplicada y otra investigativa, a través de la sociolingüística. Ambas se han nutrido y fortalecido mutuamente y se han convertido en el norte de mi trabajo y accionar.

La vertiente pedagógica me ha llevado a educar para formar mejores lectores y escritores con miras a contribuir con la construcción de una ciudadanía que participe activamente en una sociedad democrática. Favorecer este tipo de acción educativa se ha convertido en un gran reto para mi vocación magisterial pues supone seleccionar las estrategias apropiadas para que los futuros profesores puedan adquirir la formación lingüística adecuada. Educar, de esta manera, ayuda a comprender cómo la lengua se vincula con los puntos de vista y las concepciones del mundo que tiene la persona que habla o escribe y así develar sus posibles significados y los intereses que ellos persiguen.

Una educación para la creación de ciudadanía crítica supone también facilitar herramientas didácticas que lleven a los futuros escritores a organizar sus conocimientos y a escribir para la realización de su persona, lo que contribuye a explicar mejor la complejidad del mundo que les rodea.

Desempeñarme como educadora en el área de la lengua española ha significado también abogar por la alfabetización como un proceso de “aprendizaje que dura y se perfecciona a lo largo de toda la vida”. Junto a otros autores, hemos constatado que “leer y escribir son prácticas insertadas en una comunidad particular, que posee una historia, una tradición, unos hábitos y unas acciones comunicativas específicas”.

Estas concepciones socioculturales nos han permitido producir materiales didácticos alejados de los gramaticalismos y purismos decimonónicos, para entonces acercarnos a los ideales de Pedro Henríquez Ureña que abogaba por una enseñanza de la lengua viva. Asimismo, nos han comprometido con la elaboración de un currículo que tenga como meta enriquecer la competencia comunicativa del estudiantado y que permita formar dominicanos y dominicanas orgullosos de su forma de hablar, con una identidad lingüística consolidada por maestros que posean una sólida formación sociolingüística, maestros que vean en la lengua algo más que un sistema de signos, que aprecien su poder creativo y su variación y diversidad como riqueza cultural y espiritual.

La segunda vertiente, la investigativa que mencioné al principio, me ha facilitado indagar sobre las actitudes y valoraciones que tenemos sobre nuestra forma de hablar como dominicanos. Conocer el grado de lealtad y aprecio por nuestra variante lingüística puede ayudar a crear políticas culturales que favorezcan nuestra dominicanidad, basándonos en patrones nacionales y no en modelos exportados, producidos en otras comunidades que hablan de manera distinta a la nuestra.

Esto supone producir conocimientos en equipos interdisciplinares. Crear redes de investigadores, tanto en lingüística aplicada como en sociolingüística todavía es un horizonte prometedor para quien les habla. Trabajar con colegas y antiguas estudiantes es un don que atesoramos y agradecemos al Creador. Continuar esta tarea será un privilegio que nos permitirá seguir aprendiendo y contribuyendo con la transformación de nuestra sociedad.

Obviamente, nada de lo dicho anteriormente ha sido ni será tarea fácil. Este homenaje que estamos recibiendo implica el reto de mantener una vida coherente con las concepciones aquí esbozadas y con los principios que las sostienen. Cada vez que el cansancio o el desaliento se crucen en nuestro camino, nos valdremos de este reconocimiento para renovar nuestras responsabilidades como educadores e investigadores. Tenemos la convicción de que solo seremos merecedores de la alta distinción recibida si perseveramos dando testimonio de los valores y prácticas por los cuales se nos ha honrado esta tarde.

¡Muchas gracias!


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