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La otra cara de los Museos Vaticanos


  • Redacción | 21-04-2021

La Capilla Sixtina y la gran pinacoteca eclipsan fácilmente el resto de los Museos Vaticanos, pero "a la sombra de la cúpula de San Pedro, donde Rafael o Miguel Ángel acogen a miles de visitantes", siete mujeres restauran obras anónimas de comunidades remotas "con el mismo cuidado" que merecen los grandes artistas.

"Son objetos vivos, embajadores que representan la cultura de pueblos que aquí encuentran su voz", explica a Efe Stefania Pandozy, responsable del taller de restauración del Museo Etnológico Anima Mundi del Vaticano.

Esta es la instalación más reciente de las once secciones que componen los Museos Vaticanos: el papa Francisco la inauguró en 2019 y, de hecho, aún está incompleta.

La colección de Anima Mundi reúne ahora obras procedentes sólo de Oceanía, pero Pandozy y su equipo trabajan para poner a punto otras de América, África y Asia para cuando los trabajos de ampliación de la sala estén terminados.

El museo custodia un patrimonio de más de 80.000 piezas entre las que hay objetos religiosos y rituales, trajes tradicionales o elementos decorativos.

Antes de llegar a las vitrinas de la sala, todas estas obras pasan por las manos de Pandozy y sus compañeras, un grupo de especialistas en diferentes materiales y técnicas que opera con tanta precisión y tacto que su taller de restauración bien podría ser llamado "laboratorio", tomando la traducción li-teral del italiano.

 Con pinzas, pinceles muy suaves y hierros dimi-nutos, además de pulso de cirujano, paciencia y delicadeza, las siete mujeres retiran plumas caídas, limpian la suciedad acumulada y planchan una camisa que el pueblo indígena americano de los Lacota Sioux lucía en la Danza de los Espíritus.


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