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La gente infravalora hasta qué punto las emociones influyen en los negocios


  • Fanny Goris | 25-06-2020

¡Hola queridos lectores!

Una de las anécdotas que suelo contar con frecuencia en algunos espacios de aprendizaje que abrimos en las empresas, a las que asesoramos, es cuando tuve que cerrar una tienda de ropa que tenía, aquí en la ciudad de Santiago, hace muchos años atrás, porque no fui capaz de entender y gestionar mis emociones adecuadamente.

En ese entonces, pasaba por un proceso de divorcio, después de haber estado casada por 11 años, y no veía las señales de cómo me afectaban los cambios que estaban sucediendo en mi vida. Me sentía “bien” e inmediatamente emprendí un negocio, que vi muy fácil, ya que tenía los conocimientos, habilidades, los recursos, la experiencia para ponerlo. Pero me di contra la pared cuando este comenzó a crecer y demandó de mí mayor compromiso y tomar decisiones importantes para expandirme. 

Y les cuento todo esto, porque gestionar las emociones tiene un papel importante en los negocios y es una de las razones que me llevaron a crear mi firma actual de asesoría orientada a la gestión estratégica del talento y al desarrollo organizacional, viendo que “La gente infravalora hasta qué punto las emociones influyen en sus negocios” y cómo estas nos pueden llevar a tomar decisiones equivocadas, a limitar nuestro progreso, a no ver las oportunidades que tenemos delante, a perder el enfoque y reducir el rendimiento esperado. Las emociones que no se saben interpretar son un problema, en particular para la gente que trabaja en entornos de mucho estrés o que se les exige un alto rendimiento o desempeño. 

Hoy día, más que nunca, puedo afirmar que no es posible ignorar el papel tan importante que juegan las emociones en las tomas de decisiones y en relaciones interpersonales que se establecen en el mundo de los negocios. 

Dos gurús sobre temas de liderazgo, Deepak Chopra y John C. Maxwell, coinciden en que las personas toman generalmente decisiones emocionales que luego justifican con la lógica y no a la inversa. Por eso, muchas veces necesitamos que alguien, con una perspectiva diferente a la nuestra, nos escuche y ayude a encontrar las respuestas que necesitamos, como un coach certificado o un psicólogo. 

La mala gestión del estado emocional puede conducir al fracaso en una negociación importante. Por eso, en mi caso como administradora de empresas y coach, me he enfocado en colaborar estratégicamente en las empresas, procurando el rendimiento y productividad de los colaboradores, desarrollando competencias blandas, dentro de las cuales están las competencias de tipo emocional y de eficacia personal. 

En estos tiempos, del Covid-19, el futuro es retador, en especial porque implica construir un nuevo modelo comercial que apenas se está cimentando. Por eso quiero dejar abiertas las siguientes interrogantes:

• ¿Qué están haciendo las empresas para capacitar a su personal en temas de gestión de las emociones?  

• ¿Sabemos nosotros cómo se generan las emociones, cómo podemos canalizar su efecto para no tomar decisiones precipitadas?  

• ¿Qué impacto generan estas en la salud de las personas, de las empresas y de sus clientes?

Considero que es momento de que los inversionistas, propietarios, directores, líderes de equipos y gestores del talento de las organizaciones tomemos responsabilidad en esto. Si queremos ver que el patrimonio de las empresas y de las personas involucradas, crezca. Y que, además, se cumpla con el propósito para las que fueron creadas; entonces, se debe empezar a invertir recursos en capacitar a todos sobre este tema.

¿Por qué es una inversión?  Porque el dinero y tiempo invertido en programas de entrenamiento y capacitación, que efectivamente generen resultados y que incrementen la conciencia emocional de los equipos de trabajo, traerá un mayor rendimiento a las empresas y una mayor calidad de vida a la gente.

Si sientes que no sabes manejar tus emociones o las de los demás, estás frenando el crecimiento de tu negocio ¡Comienza a trabajar esa parte! Porque sería una pena que no consiguieras lo que deseas y otros perdieran la oportunidad de saber lo mucho que valen y pueden hacer.

¡Que tu camino al ser te haga sabio, para que tu hacer te haga feliz! 


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