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Ingrid González de Rodríguez

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Ingrid González de Rodríguez | ingridderodriguez@hotmail.com

La Eneida, de Virgilio


  • Ingrid González de Rodríguez | 17-11-2020

En todas las épocas hay obras clásicas. No obstante, el concepto de lo clásico no incluye cualquier texto. Cuando hablamos de libros clásicos nos referimos a un tipo especial de textos que han sido fijados, memorizados, grabados, preservados, y transmitidos, a través del tiempo, porque la comunidad cultural en los que han surgido les ha otorgado un valor especial. 

Son obras imprescindibles que llegan directamente al corazón y la mente de los lectores de hoy, esos seres humanos que viven a ritmo acelerado y cambiante, en un mundo donde los valores universales se están alterando o son desechados. No cabe duda, actualmente, vivimos en una época agotada de tanto instrumentalismo, mercantilismo y utilitarismo, es un mundo en crisis que se avoca a otra edad histórica.

Ante los impresionantes avances científicos y tecnológicos, los desajustes ético- sociales ensombrecen el panorama del hombre y la mujer contemporáneos, quienes anhelan reafirmar su condición de personas. Su deber es salvaguardar el patrimonio cultural de la humanidad, orientándolo a su servicio con la guía de Dios, para evitar la alienación y la deshumanización, es el gran desafío. 

Me suscribo a la idea de José Ramón Ayllón: “Si la lectura es óxigeno para la mente y el espíritu, lo mejor que podemos hacer en los tiempos retadores de la actualidad, es colocarnos a la sombra de los mejores libros, y buscar el diálogo de sus autores, zambullirnos en su sabiduría generosa”. 

Aunque nunca será fácil presentar las obras clásicas en un conjunto que abarque las preferencias de todos los lectores, nos situamos en períodos de tiempo para seleccionar obras y autores emblemáticos cuya lectura siempre será fructífera, en cuanto tales autores se imponen por inolvidables. Muchos de ellos habitan en las estanterías de todas las bibliotecas del mundo y su acceso en la red está al alcance de millones de lectores de forma gratuita, en las grandes bibliotecas virtuales.

Una gran cantidad de libros no sobrevive a la época que los vio nacer, ni encuentran asilo en otras lenguas. En cambio, los clásicos encarnan los modelos humanos más elevados de la mente y la moral, son civilizados y civilizadores, y viven incluso en las lenguas muertas, como los hexámetros latinos de la Eneida. Sin embargo, hay que señalar que su criterio de perdurabilidad es complejo. La esencia de un clásico está en su propia cadencia, flexibilidad y armonía interna.  

A tantos siglos de distancia, “La Eneida”, la obra de Publio Virgilio Marón (71-19) sobrevive en el tiempo. Su autor, el gran poeta nacional romano dedicó su vida a su labor literaria. 

Su obra abarca “Las Bucólicas”, libro con diez églogas, son cuadros delicados de la vida pastoril de su época. Sus pastores son personajes de su grupo de amistades literarias y políticas. Las Geórgicas es un poema didáctico que se divide en 4 libros. La Eneida, que le ocupó once años, es una obra de gran belleza, trascendente en el mundo literario y poético de todas las épocas.  

Virgilio trabajó en esta epopeya desde el año 29 a.C hasta su muerte en el año 19 a.C. El emperador Augusto le encargó la obra, pues quería   una  narración con las características de una epopeya, que mostrara una historia documentada de la fundación de Roma. 

Cabe destacar, el aspecto formal de la obra, que el autor consideró imperfecto, queriendo viajar a Grecia en busca de reposo e inspiración. Allí enferma y, llevado a Italia, muere en Brindisis en septiembre del año 19 a. de C. La obra está escrita en hexámetros, en un estilo que sin quebrar la línea épica, logra calar hondo aún en los pasaje líricos o dramáticos. Imágenes visulaes, acústicas, y de movimiento dan vida a esta obra singular.  

ingridderodriguez@hotmail.com


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