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Ingrid González de Rodríguez

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Ingrid González de Rodríguez | ingridderodriguez@lainformacion.com.do

Bellos lugares del mundo La Catedral Santa Sofía de Constantinopla


  • Ingrid González de Rodríguez | 26-10-2020

La zona del Mediterráneo Oriental, más allá de sus divisiones políticas actuales, es ante todo la confluencia multicultural de varios pueblos. Tres civilizaciones, tres formas de ser, pensar, y vivir, concurren en el encuentro: Occidente, que emerge del gran legado del mundo romano y griego, el islam, una cultura que se extiende desde Marruecos hasta el oceáno Índico y se adentra en el desierto. En tercer lugar, los herederos de Bizancio, que encontramos en Grecia, Bulgaria, Rusia y los Balcanes.

El carácter plural del Mediterráneo nos hace pensar en una suma de esplendorosas civilizaciones. Navegar por sus aguas supone visitar Turquía y Grecia, los dos puntos de conexión natural de Oriente y Occidente. De ahí, que toda  la zona del Mediterráneo Oriental es de gran interés histórico, antropológico y arqueológico para el mundo.

Fue precisamente en esta zona donde los antiguos griegos dejaron su huella, la de un pueblo extraordinario que realizó valiosos aportes a Occidente, en política, filosofía, literatura, teatro, arte, ciencias, medicina, arquitectura, y atletismo. La civilización griega, admirable por las contribuciones antes mencionadas, siempre atrajo mi atención desde la época en que estudiaba historia en la escuela y la universidad.

Por otra parte la Civilización bizantina, ultimo reducto del Imperio Romano, deja al mundo la belleza de un arte extraordinario que creó modelos iconográficos de gran influencia en el desarrollo del arte cristiano- medieval. Las ansias de conocer “in situ” la Catedral Santa Sofía de Constantinopla, las mezquitas y después de una hermosa travesía en ferry, llegar a Grecia fue una experiencia cultural inolvidable.

El periplo del viaje que les comento se inició cuando tomé  un vuelo desde el aeropuerto “Las Américas”, Santo Domingo, República Dominicana, al aeropuerto Charles De Gaulle en París, Francia. Desde ahí, nos dirijimos a la capital de Turquía, Estambul, la antigua Constantinopla o Bizancio, la ciudad que conjunta los continentes europeos y asiáticos asumiendo el rol de ciudad intercultural y puente natural, cuya importancia va más allá de su glorioso pasado, al presente, en proyección al futuro como nación líder en cultura, educación, ciencia y tecnología del cercano oriente. Sin lugar a dudas, la zona del Mediterráneo Oriental es diversa, rica en cultura, arte y tradiciones, pero sobre todo muy bella.  

Estambul, enclavada en el mar del Mármara  

Convencida del ambiente mágico que me atraparía al llegar a Estambul, la realidad supera mi imaginación. Como en un sueño de “Las mil y una noches” arribé a este punto singular de la geografía del globo terrestre.  Estambul une el continente europeo con el asiático asumiendo la función de ser un puente natural, además de una de las ciudades más extensas y hermosas de la región de Mármara, una de las ciudades más importantes del mundo, cuya historia se desarrolla en el presente, más allá de las épocas antiguas. 

Estambul es el punto de inflexión de dos grandes civilizaciones mundiales: la ciudad se divide en dos partes por el Bósforo que junta los mares del Mar negro y del Mármara, con una superficie parecida a una planicie. Po otra parte, Estambul  está rodeada por cerros y montes, dividida por los pequeños deltas de varios ríos que desembocan en el Mar de Mármara y el Mar Negro.

Diferente es la parte asiática de la ciudad donde se puede apreciar otra vegetación, dispersa en los Montes Aydos, Kaish, Alemdar, Chamlija, y Yusha. Estambul es además un punto de paso muy importante que se encuentra en la línea más popular y transitada de las rutas comerciales de antaño que se utilizaban para cruzar de Oriente y Occidente.   

En el trayecto desde el aeropuerto Ataturk, al centro histórico, la ciudad me revela su encanto, en la majestuosidad de una arquitectura deslumbrante, las doradas cúpulas de las mezquitas y los palacios, y la mezcla multicultural de sus habitantes. La urbe refleja por todos lados su raigambre cosmopolita en la compleja superposición de muchas culturas y civilizaciones milenarias que emergen desde la Constantinopla grecorromana, capital del imperio bizantino y la mayor ciudad del mundo antiguo en el siglo VI, hasta la República Turca de los tiempos modernos, una gran urbe con doce millones de habitantes, muy dinámica y progresista. 

El modo natural de abordar esta fascinante megalópolis es a través de un paseo en barco por el Bósforo y sus impresionantes aguas azul profundo. Navegando en el Bósforo pienso en la particular ubicación de la zona donde me encuentro. Por todos lados Sobresale la cúpula imponente la Catedral de Santa Sofía de Constantinopla, una de las obras arquitectónicas más importantes de la historia del arte universal, que sigue cumpliendo su misión histórica. Primero como iglesia durante 916 años, luego como mezquita por 481 años más, y finalmente como museo desde el año 1935.

 ingridderodriguez@hotmail.com


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