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Panfleteros de Santiago, Torturas y ser Testigo de Excepción

Dorita Pérez de Bueno 1943-1945. Manuel Bueno abt set. nov 1960. Manuel Bueno abt set. nov 1960


  • Ingeniero Eduardo Bueno Estévez | 08-04-2021

Primera parte

a.- Mi hermano postergó hablar de hechos dolorosos

1.- Haber postergado referirse a un tema tan doloroso, mi hermano Manuel Armando evitó las tribulaciones que podría haberle causado a la madre de Wen Guillén; sentía dentro de sí que iba a revivir aquellos episodios odiosos manejados a tan corta edad; en sus quince años fue testigo de padecimientos no pronunciables, esperó todo ese tiempo con la esperanza de no regurgitar esos sucesos. Al recordarlos los editaría como si hubieran sido en ese mismo momento. Sus compañeros de faenas sufriendo las crueldades emanadas de torturadores sin escrúpulos pretendiendo arrancar confesiones, cometiendo actos desgarradores que desmayarían a cualquiera con solo ver uno de ellos sin poder hacer nada. Contar lo vivido en aquel entonces lo alejó de vomitar esos eventos hirientes y quizás hasta temer hacerlos público.

2.- Manuel se atrevió a resucitar todo aquello que le marcó toda su vida, narrando parte de la terrorífica experiencia, siendo protagonista de la misma, centrándose en destacar el coraje y la fortaleza de Wen Guillén, quien a 20 años de edad manejó un grupo capaz de inmolarse por el bien de su querida patria, bajo un régimen tiránico, desgraciado y cobarde.

b.- Antes de mi hermano Manuel, el artículo de Negro Veras, para que no se olvide la historia 

3.- Antes de que mi hermano Manuel resaltara el valor de Wen Guillén, lo hizo el Dr. Ramón Veras -Negro-. Este ha sido un abanderado que conserva y siempre ha mantenido el espíritu de que no perezca la memoria histórica porque esta no debe jamás expirar. Pregonar en todo momento, aún a costa de su propia vida, salvada con anterioridad debido a la valentía sin límites de Wen, quien siendo torturado por los monstruos más ávidos de sadismo, no comprometió a ninguno de los no capturados en aquella redada contra todos los panfleteros. 

4.- Negro Veras, fue quien abrió el camino a la historia y que nadie se había atrevido a pregonar a sus anchas acerca de aquel grupo de más de treinta jovencitos santiagueros, maduros desde muy temprana edad, quienes veían como la sociedad vivía de rodillas ante el "magnánimo" de Trujillo. Negro insistió en que esta colosal entrega por la patria -de diciembre de 1959 y enero de 1960- no se perdiera, que debía conocerse en todo su alcance a nivel nacional e internacional, que se supiera de buena tinta esa acción que a la postre contribuyó junto a muchos otros héroes al derrumbe de la dictadura con el magnicidio del 30 de mayo de 1961. 

5.- Rescatar lo acontecido desde que empezaron a juntarse a escondidas, pequeños grupos que no despertaran sospechas siendo esta una tarea difícil, ardua y completamente peligrosa, pues dentro de la población, en cada municipio, existía el espía disfrazado de cordero que al menor descuido, tiraba su zarpazo contra todos aquellos que presumieran contrarios al régimen. Negro comenzó a hacer narraciones tendentes a sacar del anonimato a esa pléyade valiente que con su maniobrar logró encender junto a otros grupos, la chispa libertadora. Honor a cada uno de esa juventud emancipadora.

c.-) la capacidad de Wen Guillén y la UGRI 

6.- La capacidad de mando de Wen Guillén fue tal que logró formar con tiempo suficiente un grupo de trinitarios, donde muy pocos entre ellos se conocían, de esa manera no despertarían sospechas de grupo contrario a la dictadura. Se preparó leyendo libros de superación, conociendo teorías que le ayudaran en toda la logística que se propuso, actuando de manera sigilosa, pero de la forma más natural en la búsqueda de cada componente que tuviera la integridad suficiente y que fuera capaz de atreverse a cualquier encomienda. La formación de su brigada la bautizó con las siglas UGRI, Unión de Grupos Revolucionarios Independientes, y a cada uno de ellos les inculcó el plan que debería ser contundente para debilitar el sustento de la dictadura, tomando en cuenta los pasos de otras organizaciones políticas. Sus planes fueron bien estudiados, desde letreros colocados en ciertas paredes, riego de grapas en las calles para boicotear actividades del gobierno y hasta la fabricación de bombas, buscando con todo ello desestabilizar la gobernabilidad de la férrea dictadura.

d.- Confianza de Wen en Manuel y las habilidades artísticas de este. El panfleto 

7.- Tan fuerte era la confianza que tenía Wen Guillén en la integridad de mi hermano Manuel, que sin importarle que él fuera sobrino de un militar activo del Ejército Nacional, y este último, siendo hijo de Carolina Guillén nuestra abuela materna, esa misma que aborrecía la dictadura, le encomendó confeccionar la base para imprimir los volantes contra el régimen de Trujillo, que fueron patrocinados por UGRI, los cuales fueron regados en todo Santiago a principios del 1960. El impacto fue tal, que la gente que desconocía el contenido, lo tomaba del suelo y cuando leían su cara y reverso, salían despavoridos ante la fuerza de lo que expresaba. Entre "Abajo el Tirano", "Viva la Revolución" y la de más peso ¡Trujillo es una Mierda!, afrenta que no perdonó el sátrapa, lo que provocó que diera la orden de tomar prisioneros a todos los participantes, quienes fueron apresados y torturados acremente hasta morir, desapareciendo sus cadáveres en fosas comunes y el mar.

e.- Mi hermano Manuel es detenido. Llamada de Cholo Villeta. Mi madre llama a su hermano. Desesperación de nuestros padres

Mi hermano Manuel, habiendo sido quien trabajó solo en la confección del volante metido en el sótano de la casa de Wen, fue hecho prisionero una noche de ese enero del 60 por un calié que había sido apadrinado por nuestro propio tío, el Teniente Coronel Pérez Guillén, su nombre era Federico Pérez, primo de nuestra madre Dorita Pérez de Bueno. Al presentarse en nuestra casa de la calle Eladio Victoria casi esquina General López, solo atinó a tocar la puerta, sin casi mediar palabra con su prima, se bajó el sombrero distintivo de esas lacras con tal de no mirarla a los ojos le dijo:

¡Hemos venido a buscar a Manuel, tu hijo! 

i padre, Marcial Bueno, sale al encuentro, sabía que no habría argumentos, aun desconociendo el por qué se lo llevaban, le pide al pariente que lo deje ir con él hasta la Fortaleza San Luis, a lo que este accedió sin intercambiar palabra alguna. Allí llegaron casi a medianoche, en ese momento le dicen a mi padre:

 ¡Hasta aquí llega usted, su hijo se queda con nosotros! 

Desde ese momento comienza el calvario de Manuel, a sus quince años de edad.

Es recibido con la "cortesía que imperaba" en cualquier prisión de la dictadura: Un fuerte pescozón sin saber de dónde vino y un contundente empujón con patadas incluidas, no sin antes quitarle la ropa y olvidarse ellos de cualquier necesidad. Mi madre se revolvía de la pena, preguntándose qué había hecho Manuel, ¿por qué estaba preso? Esa misma noche, mi madre quiso averiguar con sus vecinos más próximos y solo atinó a visitar a doña Zaida Ginebra de Lovatón, a cinco casas de la suya, quien le había manifestado también que se enteró de la prisión de Manuel a través de su hermana, casada con el señor César Rodríguez Villeta -Cholo-, integrante del Servicio de Inteligencia Militar. Sin perder más tiempo toma el teléfono y llama a su hermano Juan Esteban, cuando este lo toma no le salen las palabras, respira profundo, no sabe cómo comenzar y llorando le dice:

¡Ay Juan, se llevaron preso a Manuel!

Nuestro tío, conocedor de que todo lo que se hablaba por teléfono, sabía que era escuchado por una serie de espías que no tenían que fabricar un expediente para condenar a muerte a cualquier ciudadano, respiró muy profundo y le dijo estas palabras:

¿Qué Manuel está preso? ¡Deja que yo lo vea para caerle a galletas, ese degraciao! ¡Él no sabe quién soy yo, carajo! 

- ¡No me digas más nada, deja que me encuentre con él, que yo lo arreglo a ese bandido!

¡Qué palabras más crueles, duras y sin reparos fueron las que oyó nuestra madre brotada de su hermano. La angustia que vivía sabiendo que quizás no vería más a su amado y primogénito hijo, no le permitía razonar!

Conocía muy bien la forma de proceder de cualquier encargado de prisiones y de los más despiadados castigos a que eran sometidos los ciudadanos que adversaban al tirano. Esa noche "no pegó un ojo" ante el sufrimiento que le tocaba en esas oscuras circunstancias. Analizaba en qué se había metido, conocía para todas las cosas que daba su hijo Manuel y cuánto ingenio ponía en cada acción que practicaba. Empezó a repasar con quiénes se juntaba, quiénes eran sus amigos, a cuáles frecuentaba, cuál podría ser más reservado y quizás por ahí andaban las cosas. Pensó en Homero Herrera y en Wenceslao Guillén, quizás doña Cachita o doña Thelma me den alguna pista para investigar qué es lo que han hecho. Madre al fin, se mantuvo atenta a los movimientos de Manuel, su capacidad de atraer amigos, muchos de los cuales le parecían extraños, no eran de su agrado. Se juntaba muy a menudo con compañeros de más edad que él y a su madre siempre le lucían sospechosos. Desconocedora de lo que planeaba con su amigo Wen, comentaba con Marcial nuestro padre, que ese muchacho no le infundía confianza, que cada vez que oía el silbato de Wen desde la calle, Manuel salía muy presto a encontrarse y se iban juntos. Una noche soñó que vio a Manuel reuniéndose con Wen en un lugar parecido a un sótano de una casa y que algo estaban planeando, tal premonición se la contó a nuestro padre a lo que él dijo: ¡Dorita, tú y tus cosas sin sentido, deja esos muchachos tranquilos! 

f) Mi madre parte hacia la capital a hablar con su hermano. Su encuentro. Mi tío y Johnny Abbes

A la mañana siguiente, mamá llamó a la Línea Duarte y se marchó a Santo Domingo sin preguntar nada en su vecindario, solo las palabras con doña Zaida, sabía que no encontraría respuestas. Su imprevisto y angustioso viaje, -sin obviar las paradas obligadas en El Viejo Madrid o El Típico Bonao-, le permitió pensar muy a su pesar solo en el apresamiento de su hijo y las consecuencias que le podría acarrear, conocía muy bien a su hermano Juan Esteban, sus fuertes palabras encerraban enojo y angustia a la vez. Al llegar a Ciudad Trujillo fue directamente a la casa de quien le había hablado de forma grosera, muy poco amigable. Cuando estuvieron de frente se abrazaron a llorar uno y otro, para ellos un estrujón inolvidable que con él expresaron el amor, cariño y respeto el uno por el otro. El alivio que ambos sintieron en ese efusivo y prolongado encuentro, pasó segundos después al cuchicheo que intercambiaron:

¡Ay Dorita!, ¿En qué ha estado involucrado Manuel, sabes cuánto quiero a ese mi primer sobrino y en qué aprietos nos ha metido? A seguidas dijo:

 Tú entiendes que nos compromete a todos, a mí en particular, si no hablaba contigo de esa forma, ya me hubieran venido a buscar y estuviera en macabros interrogatorios y tú sabes de qué manera son. 

Sus palabras fueron muy enfáticas al notar el peso que tenían porque su hermano conocía con claridad, cuáles eran los horrorosos procedimientos que utilizaban en cada cárcel del país.

Nuestro tío tenía que planificar con precisión qué tendría que decir cuando fuera requerido. El Servicio Secreto era manejado por personas inescrupulosas a las cuales les importaba nada la vida de cualquier persona con pensamientos contrarios al gobierno o peor aún, que presumieran ellos, que fuera adverso. Una vez tuvo un encuentro no amigable con Johnny Abbes García, pues se entrometió en su despacho dando órdenes imponiendo a un subalterno de muy conocida mala reputación. Nuestro tío, al encontrar ese torturador dentro de su staff, preguntó quién le había enviado, a lo que este ripostó que el Coronel Abbes García. La respuesta inmediata del coronel fue, sin vacilar un momento:

¡Dígale a ese señor que no tiene que venir a meterse en mis asuntos, que aquí soy yo quien mando! ¡Recoja sus cosas y váyase!

Desde ese momento, supo que tendría de frente a unos de los artífices que más empleaba el dictador en la aplicación de todo tipo de torturas, pero se hizo respetar en ese momento y eso fue del agrado del dictador. En otro momento el señor Abbes le armó a nuestro tío un chisme que fue a contárselo a su "ilustre Jefe", en esa ocasión le dijo que el Coronel Pérez Guillén trata con manos de seda a los opositores al régimen. Trujillo llama a nuestro tío a su despacho y le inquiere lo dicho por Abbes, a lo que mi tío le dijo:

¡El señor Abbes desconoce mi forma de proceder! Desde que supe de la persona que debía investigar hice un análisis minucioso del mismo, duré el suficiente tiempo en averiguar todos los detalles de la denuncia recibida. Quien la hizo quería que fuera eliminada esa persona. ¿Sabe usted por qué denunció a ese señor?

Pues lo hizo porque ambos señores visitaban a la misma mujer, el denunciante sabía que diciendo que este señor era desafecto a su gobierno, iba a ser duramente castigado. Ambos estaban envueltos en un lío de faldas y a seguidas le muestra la fémina que formaba el triángulo, un monumento de mujer, a lo que el jefe agregó: 

-¡Es un mujerón, no tienen mal gusto!

¡Por eso dice el señor Abbes que yo trato con guantes de seda a sus adversarios! A seguidas le dijo: 

-¿Lo es este? 

Trujillo se quedó mirando el retrato de la agraciada mujer y se rió a carcajadas, diciéndole a Pérez Guillén:

-¡Váyase tranquilo comandante!

Para él fueron momentos de gran pesar, defender a su sobrino y defenderse él mismo y su carrera militar. Debido a su tez blanca, su pelo lacio, sus ojos verdes, era uno de los agraciados del régimen que generalmente eran enviados siempre al servicio exterior, pues Trujillo tenía animadversión contra la gente de tez oscura, prefería en la guardia presidencial un personal de buena estatura, piel blanca y rasgos europeos más que lo común en nuestro país, el mulato. Él consideraba que afinaba la raza del dominicano, presentándole al mundo personas de origen más blanco que negro, así nuestro tío tenía alta estima en todo el gobierno y podía acceder a ciertos estamentos más difíciles para otros.

Fueron momentos angustiosos los que pasó ensayando de qué manera iba a interceder por Manuel y hasta por él mismo. Había pasado un solo día desde el encierro de su sobrino, después la prolongada plática con nuestra madre y al final pidiéndole que volviera a Santiago diciéndole que ya tenía esbozada la defensa de su sobrino,

¡Vete tranquila, que voy a manejar esto con mucho cuidado, estamos nadando en aguas muy turbulentas! Le repite el mismo estribillo lamentándose por lo que atraviesan.

-¡Hermanita, qué cosa más grande nos está pasando, no te preguntaré nada de todo esto, solo sé que hay que resolver, veré qué se me ocurre por mi querido sobrino Manuel, hasta yo corro peligro!

Nuestra madre no paraba de llorar y rezar, como era sumamente religiosa pedía al Todopoderoso sin parar, por el buen desenlace a la prisión de su hijo Manuel y que iluminara a su hermano para que tuviera buenos argumentos que lo ayudaran a desenredar esa madeja tan apretada y oscura.Tío Juan pasó la noche sin dormir nada, ya a las tres de la mañana estaba aseándose y vistiéndose con su riguroso uniforme militar. Vivía en la calle Dr. Delgado frente a la propia sede del gobierno. A las 4:30 de la mañana de aquel día, poco más de mediados de enero de 1960 sale de su casa caminando al sur desde su calle hacia la César Nicolás Pénson, previo le dijo a su chofer Wilfredo Mena que saldría a pie a la casa del Jefe. Sabía que no podía ni quería involucrar a más nadie, ya que era algo que debía él mismo resolver sin testigos.

En su plática, nuestro tío, conocedor de procedimientos entre guardias, sabiendo que cualquier pifia podría ser destructora para ambos y para toda la familia, -los de la capital y nosotros en Santiago-, analiza con detenimiento los pasos a seguir. Entiende que debe dar el frente y no esperar ser llamado por sus superiores. La noche anterior después de la llamada de su hermana, había recibido una llamada de Cholo Villeta, quien le informaba que tenía detenido a un sobrino suyo de nombre Manuel Armando.

- ¡Coronel, tengo a un sobrino suyo y está muy mal preso! ¡Tengo que enviarlo directamente al Servicio Secreto, ellos sabrán qué hacer con él! Nuestro tío contestó enérgicamente pero con mucho cuidado diciendo:

Gracias, Cholo. ¡Deja que yo vea ese muchacho coño! 

¿En qué se habrá metido? ¡Ya me enteraré de los pormenores! 

g) El tío de Manuel, Pérez Guillén y Trujillo 

Sus pasos eran cortos, lentos e imprecisos, su pulso estaba acelerado en la medida que se acercaba a su destino donde llega antes de las 5:00 de la mañana. Se detiene frente a la mansión del sátrapa que estaba donde hoy está el edificio de la Biblioteca Nacional, una vez allí se dirige hacia el oficial del día, quien al verlo y notar que era un oficial de alto rango se para en atención ante el superior, deja saber a este que vino a ver al Jefe quien lo hace pasar a una salita de recibo. No había pasado diez minutos cuando Trujillo sale a su encuentro envuelto en una bata de baño, con su cepillo de dientes en el bolsillo de la misma y su afeitadora en su mano izquierda. A seguidas escucha la estridente vocecita firme de Trujillo quien le pregunta…

- ¿Qué te trae por aquí Pérez Guillén? 

¡Entre los bandidos de Santiago hay un sobrino mío, hijo de mi hermana Dorita…!

- ¡Yo lo sé Pérez Guillén, yo lo sé Pérez Guillén, yo lo sé! 

¡Cuántas vainas más se han visto en Santiago! ¡Escribieron un pasquín y lo que dice es intolerable, eso no se lo perdono a nadie! A seguidas le pregunta: 

- ¿Cuántos años tiene ese muchacho?

El énfasis dado por Trujillo al repetir tres veces yo lo sé, hizo tambalear las piernas de mi tío, aunque se armó de sumo valor, tras un profundo suspiro le contestó con voz calmada y fuerte.

¡Él es mi sobrino, acaba de cumplir quince años Jefe!

Trujillo lo interrumpe bruscamente diciendo…

¡Lo metieron en eso, lo metieron en eso! ¡Esos malditos comunistas, mira cómo han sonsacado a ese sobrino tuyo! y a seguidas expresa:

¡Eso no ha sido cosa de muchachos!

Trujillo se queda pensativo por un momento, se frota fuertemente la mano derecha sobre su cara, sacude la brocha de afeitar que traía en sus manos, da unos cortos pasos hacia el frente del coronel quien permanece en atención, pasos que considera eternos, se mantiene callado, retrocede un paso dando la espalda a nuestro tío, levanta la voz llamando fuertemente a Johnny Abbes quien se encontraba en un cuartito próximo a él y le dice:

¡Venga rápido antes de que cambie de opinión!

Abbes era el cerebro maquiavélico de las grandes torturas que eran hechas en las ergástulas trujillistas, dueño de la vida de cualquier dominicano que le pareciera desafecto al régimen tiránico. Tarda segundos en llegar.

¡Ordene señor! 

Mientras nuestro tío ve pasar toda su vida en esos pocos segundos de verse tan cerca de una simple orden emanada de aquel quien tenía en sus manos todo el poder de disponer como César, pulgar arriba o pulgar abajo.

¡Johnny, ya tú oíste a quien tenemos detenido, el sobrino de Pérez Guillén está entre los comunistas mal nacidos de los papeles que regaron en Santiago, a ti te proclamo el único responsable de lo que le pase al sobrino de Pérez Guillén, que nadie le ponga la mano, óyelo bien, absolutamente nadie le pondrá la mano!

 Y le repitió con mucho énfasis, responsabilidad tuya si algo le pasa.

En ese momento se vuelve a nuestro tío para decirle:

¡Pérez Guillén, lo vamos a dejar un tiempecito preso para que escarmiente y sepa con quien se junta! ¡Después de ese tiempo, se lo entregaremos a su papá! 

h) La libertad de mi hermano Manuel ordenada por Trujillo 

Así fue hecho, tal como le dijo Trujillo a nuestro tío. Manuel pasó algo más de quince días de encierro entre la Fortaleza San Luis, la cárcel del 9, La Cuarenta y las solitarias de la Policía. Nuestro tío tenía de vecino al Secretario de Justicia  licenciado  Mario Abreu Penso, quien vivía en la misma calle Dr. Delgado, muy cercano a él. Su vecino mandó un emisario hasta las puertas de la casa de nuestro tío, quien dijo que el señor Secretario tenía las instrucciones precisas del Jefe de entregar el sobrino del coronel a sus padres, así se lo participó a nuestro tío quien no vaciló en avisarle de inmediato a su cuñado y a su hermana la muy esperada noticia.

Mi padre fue conminado a pasar a recoger a su hijo Manuel Armando por la cárcel de la fiscalía, su cabeza había sido afeitada en su totalidad, no se le veía un solo pelo. El viaje desde Santo Domingo a Santiago fue hecho sin esperar ver a nadie de los familiares capitalinos. Ya en la casa, por orden médica tuvo que ser sedado por más de quince días a fin de que disminuyera la ansiedad que sentía al verse vivo. Ya en su casa junto a sus padres y hermanos pero recordando a todos sus amigos terriblemente masacrados, muertos sin tumba, muchos frente a él de la forma más traumatizante, donde los sacaban de su celda solitaria de madrugada, de tres en tres completamente desnudos y solo él regresaba a su celda, terriblemente torturado sin tocarlo, escarmentándolo como había dicho el Jefe a Johnny Abbes, unas veces salpicado de sangre y restos de sesos, otras veces siendo testigo de excepción de la brutal forma de aniquilar a sus jóvenes compañeros empleada por los esbirros del sátrapa. Mantuvo la mayoría de las veces la mente en blanco, ajeno ya de este mundo, como muerto en vida, Ese era "el escarmiento" al que se refería el "Ilustre Jefe". Esa fue la parte difícil para todos aquellos que salieron con vida de aquel infierno: Sobrevivir.

La vida de Manuel no fue nunca más la misma, muy similar a la de otros que lograron sobrevivir y pasar a reintegrarse a la sociedad, sociedad que por más esfuerzos que hayan hecho muchos héroes anónimos, que han sido convertidos en mártires, hoy tenemos una república libre de tiranos, pero muchos con ánimos de vivir en la anarquía, de enriquecerse a costa del pueblo, de actuar desde los gobiernos, sin reparos y en contra de los buenos principios de toda sociedad, de no respetar al que trabaja honradamente y de aupar a aquel que se ha hecho rico con el sudor de todo un pueblo que sufre las injusticias, sin salud, sin educación, sin valores, solo recibiendo pan y circo. 

Una semana cualquiera de finales de 1960, nuestros padres hicieron un imprevisto viaje familiar a Ciudad Trujillo, éramos nueve en total por lo que fue necesario contratar aquellas vagonetas que llamaban "pizicorre". Fue un viaje de muchas horas, aparte de los obligados retenes en cualquier parte del trayecto. Ese encuentro fue debidamente planificado por nuestro tío, quien les había participado a nuestros padres que debía hacer un pasadía familiar en su casa de la calle Dr. Delgado, donde habría también unos cuantos "invitados" civiles y militares. Él más que nadie debía hacer notar que nuestro hermano Manuel estaba totalmente reintegrado a su escuela y a todos en la familia. 

Esa vez nos juntamos con nuestros primos, tíos y abuelos maternos y naturalmente nos entremezclamos con gente del gobierno que fueron presentados a nuestros progenitores y a mis hermanos mayores. La casa disponía de un patio sombreado bastante grande, había frutales y mucho verdor. Fueron dispuestas unas cuantas mesas, cada una atendida por guardias uniformados. Uno de los militares presentes, con insignias de oficial superior, se acerca a nuestro primo Cristóbal, hijo mayor de Pérez Guillén a quien después de presentarse le pregunta por su primo Manuel. No tuvo que señalarlo, le dijo: Ahí viene, preguntándole a seguidas, ¿Usted lo conoce? El militar rápidamente le dice que lo conoció a principios de año de una forma no amigable. Mi primo Cristóbal se da cuenta a qué se refería, él y Manuel eran de la misma edad, crecieron juntos y el trato entre ellos siempre fue de mucho afecto.

Mi hermano no hizo más que verlo, lo reconoció de inmediato, sudó su camisa pese al fresco y sombra de la temporada cercana a diciembre, pero mantuvo una postura firme, no quiso mostrar sorpresa alguna pues su tío le había advertido el origen de ese "encuentro". Con un simple movimiento de cabeza le saludó secamente. La conversación entre ellos fue tan corta como contundente, pues ahí mismo ese oficial le dijo:

¡A ti no se te podía tocar, pero yo te ansiaba en todo momento, cada vez que veía tu cuerpo desnudo, sentía deseos de penetrarte, te me salvaste por eso! ¡De haber sido diferente, lo hubiera hecho todos los días muchas veces!

Para mi hermano fue revivir todo aquello que meses atrás había sido testigo presencial, ciertamente no fue tocado, pero escuchar a ese degenerado, también le sirvió para darse cuenta de cuán cerca estuvo muchas veces de correr la misma suerte que sus compañeros y ese oficial estuvo ahí para preservar que nadie lo tocara, incluso él mismo con sus malsanos pensamientos. 

Para suerte de los primos, fueron llamados en ese mismo instante por nuestra abuela Caró, quien juntaba la familia para hacer una foto histórica en las escalinatas frontales de aquella casa solariega, en ella estábamos desde los abuelos tíos y primos, excepto el más pequeño de nuestros hermanos, que tenía solo unos meses, hasta el inseparable chofer de Pérez Guillén, Wilfredo Mena. 

i- Manuel se integra a sus estudios. Cambio de domicilio de la familia. Panfleto contra Trujillo en Santiago. La invitación de Peña Rivera a mamá y a Manuel 

Una vez integrado a sus estudios en el Liceo Ulises Francisco Espaillat, al que iba desde nuestra casa en la Eladio Victoria, era vigilado constantemente por los calieses en los Volkswagen del SIM (llamados cepillitos). Querían intimidarlo, le tiraban encima los carros, les voceaban muy de cerca que anduviera solo de día y por calles claras, que no hiciera visitas a nadie. Una vez caminando él por la calle Máximo Gómez, le sobaron las pistolas para mantenerlo amedrentado, esto último motivó que nuestros padres prepararan una rápida mudanza a un lugar más cercano a su escuela, tratando que el trayecto en la calle fuera más corto. Así nos mudamos a la calle Beller, entre las calles Sánchez y Mella, distante pocas cuadras del Liceo UFE.

Pasada una semana de aquella mudanza forzada, Manuel fue requerido por el capitán Víctor Alicinio Peña Rivera. Debía presentarse en el local del SIM que estaba al lado de la Aviación Militar en la avenida Bartolomé Colón. Mi madre fue quien recibió la citación, muy atenta a todo lo que había conversado con su hermano el coronel, no lo dejó ir solo, le dijo a un cochero conocido que la llevara con su hijo al local del SIM, estuvieron el día y hora señalados. Al llegar, mi madre no vacilaba en dar pasos firmes en aquel lúgubre sitio, le dijo al cochero que los esperara, para que se dieran cuenta de que su hijo no se iba a quedar ahí. Sin tener que esperar, pasaron a su entrevista con el mismo Alicinio Peña.

¡Mire jovencito, usted se ha dado cuenta de que lo hemos vigilado todos estos meses, conocemos cada paso que ha dado y hemos notado que se ha llevado de todo lo que se le dijo!

¡Su madre quiso venir con usted, la próxima vez no vendrá con ella, lo traeremos nosotros mismos y usted sabe bien como somos. Su tío se encargó de defenderlo y el Jefe lo perdonó!

Nuestra madre escuchaba atentamente sin pronunciar palabra, estaba dispuesta a defender a su hijo de cualquier provocación por parte de ese señor, muy conocido por su arbitrariedad y masoquismo. El capitán Peña Rivera aprovechó para decirle a nuestra madre:

¡Doña, sepa usted que si el muchacho vuelve a juntarse con esos comunistas o con cualquier persona que nosotros sepamos que es contraria al Jefe, ya no habrá perdón, al muchachito este lo vamos a desaparecer para siempre, igual como hicimos con todos los compañeros, no le dejamos ninguno!

Dicho esta terrible amenaza, mi madre entiende todo lo que ello encierra, solo atina a decir… ¿Nos podemos ir? A lo que responde Alicinio:

¡Recuerden todo lo que se ha hablado por las buenas y llévense de estas advertencias!

Es muy posible que ese requerimiento de Peña Rivera a mamá y a Manuel tuviera relación con un panfleto que había circulado en Santiago con motivo de una visita que hizo Trujillo a esta ciudad. Ese volante decía: "NOS VISITA TRUJILLO, UN LADRON QUE QUIERE SER GOBERNADOR DE UN PUEBLO QUE NO LO QUIERE NI COMO SERENO. VIVAN LOS PANFLETEROS DE SANTIAGO (UGRI)". 

Antes de ser ajusticiado Trujillo, recuerdo aquel día, a mediados de febrero de 1961 cuando mi hermano Manuel se detuvo frente al cuadro obligado de Trujillo en nuestra casa de la calle Beller, cargando en sus brazos a César Enrique, nuestro hermano más pequeño quien contaba solo 4 meses de edad, mientras le leía la placa de bronce que decía "En esta casa Trujillo es símbolo nacional". Le dijo con voz muy firme: "Ese malnacido lo quitaremos muy pronto, poco tiempo le queda". Esas palabras sumamente incisivas para mí, las mantengo en mi ser pese a que yo contaba con solo nueve años de edad, pero que calaron hondamente, ya que mi abuela materna se quejaba entre nosotros de las crueldades cometidas por "amigos inofensivos", capaces de hundir a cualquier vecino con tal de ganar más confianza con el régimen trujillista. Tanto llegó ella a despreciar a los treinta y un años de dictadura que escribió unas estrofas en una envoltura de cemento, justo al conocer del asesinato del omnipotente tirano. Recuerdo solo estas últimas… "De Moca han sido los hombres que siempre nos han libertado, a Trujillo y a Lilís, los de Moca lo han matado". Refiriéndose a Ramfis también escribió: Si el "Pato" andará volando y refugio no ha tenido, Rafael de la Maza, le dará su merecido.

j.- Mi hermano Manuel y sus estudios universitarios. Su participación en la Guerra de Abril de 1965

Los sucesivos gobiernos, luego de decapitada la tiranía, la elección de Juan Bosch y su derrocamiento sin desarrollo de una democracia plena dieron al traste en una guerra fratricida el 24 de abril de 1965. Mi hermano Manuel, ya con casi 21 años, vivía en la casa de nuestros abuelos maternos, junto también al tío Juan Esteban, quien tenía a sus padres en una casa contigua a la de él en lo que hoy se denomina Ensanche Luperón. Para ese entonces, nuestro tío, quien seguía en el Ejército Nacional, era el comandante de la Tercera Brigada con asiento en San Juan de la Maguana, a quien le tocó sortear con éxito una escaramuza entre los guardias del Sur, quienes pretendían pelear contra la fortaleza y su comandante. El Coronel Pérez Guillén de ese entonces, logró neutralizar a sus hermanos de armas, sin hacer el más mínimo disparo, para luego juntarse a hacer buenos sancochos y jugar dómino entre todos ellos, mientras en Santo Domingo se peleaba ferozmente contra la facción del CEFA y las fuerzas invasoras.

Manuel cursaba como estudiante de Ingeniería y Arquitectura en la Universidad de Santo Domingo, dueño de una capacidad para aprender por sí mismo idiomas, afianzándose en inglés, francés, italiano, portugués y un poco de alemán, se desarrollaba en su carrera de arquitecto, la cual no terminó al troncharse debido al golpe de estado al triunvirato comandado por Donald Reid Cabral. Iniciada la revuelta de abril, mi hermano de inmediato se puso en contacto con el grupo al que pertenecía en sus afanes por una sociedad más justa. Se subió en un jeep junto a Yolanda Guzmán, Luis Reyes Acosta y Rafael García Vásquez, a arengar a la población de la parte alta de la ciudad capital para que se tiraran a las calles a pelear contra el invasor yanqui y contra las fuerzas del CEFA leales a las fuerzas interventoras, no sin antes tomar de un armario de la casa de su querido tío Juan, donde vivía, una ametralladora que era una reliquia bien conservada del coronel militar. Junto a ellos día tras día arengaban a la población a que combatieran contra los usurpadores y las tropas extranjeras. Días después, mi hermano Manuel se desliga del grupo de Yolanda Guzmán y se va hacia ciudad nueva a unirse al comando de Elías Bisonó, donde se estaba ya peleando, se integra de inmediato usando el arma sustraída de la casa del tío Juan. La suerte estuvo de su lado al abandonar el grupo de Yolanda Guzmán, en sustitución se unieron su hermano Narciso Guzmán, José María Reyes Araujo y Mario Taveras, un día después fueron apresados, llevados a Transportación del Ejército y de ahí a Mata Redonda donde sin contemplaciones, fueron fusilados. 

Nuestro hermano Manuel Armando se cansó de vivir aquella tarde del 30 de abril de 2003 a la edad de 58 años, dos meses antes de su cumpleaños 59, en la ciudad de Santo Domingo. Había nacido el 22 de junio de 1944 en Santiago de los Caballeros.

Hasta aquí he relatado parte de lo que fue la vida de mi hermano Manuel, sin desarrollar lo que fue su existencia después del Movimiento Constitucionalista, La Guerra Patria de Abril de 1965; al igual que su vida como esposo, padre de familia y ejercicio profesional.


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