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Panegírico para Roque Nelson Rodríguez


  • Redacción | 04-04-2021

El tiempo se escabulle entre las rejas del dolor, como el viento en las rendijas de mi alma. La realidad golpea la ventana de nuestros corazones y se enreda en los hilos torcidos del espíritu constricto de cada una de las personas que amamos a Roque Nelson Rodríguez.  

Estos momentos de angustias infinitas hacen que la poesía pierda la rima, que la armonía se aparte del canto y que ese viejo amigo, el dolor de ayer, retorne para clavarnos sus dardos ponzoñosos. 

Ese dolor que hoy nos conmueve, ese compañero de infortunio, ha viajado tanto en nuestras almas y sumergiéndose en nuestras células ante la partida de un hombre que dio tanto por su ciudad a cambio del deber cumplido.  Es que Roque Nelson, conocedor del alma humana y seguidor de José Martí, no esperaba nada acerca de su inmensa tarea en pro del desarrollo urbanístico de esta ciudad que tanto amó y cuidó. 

A mi amigo, mi hermano, mi compañero de andanzas y de nuestra pasión común, el juego de domino, nos unía además el arte, el teatro y la política. Pero, él era demasiado bueno en todo cuanto se propuso y, como volcán en erupción, supo abarcar múltiples facetas como diseñador de viviendas, de sistemas viales terrestres, urbanísticos, uso de suelos y de espacios, fue un fino dibujante y un pintor exquisito. A él le debo mi afición por las artes plásticas y su grandeza en el manejo de la técnica del dibujo, me sirvieron de orientación para apreciar con más rigor las obras de arte.  

Fue un destacado lanzador de béisbol aficionado y temible en el softbol con los equipos del CODIA y AMAPROSAN.  Pero esa desbordante pasión por el deporte no tenía límites. Se destacó entre los mejores ciclistas de monteo y rutas largas, motocross, billar, rallies de autos, aviones y autos a control remotos. En todos los deportes en que participó acumuló    numerosos trofeos y en su dilatada vida profesional y cultural numerosos reconocimientos.  

Realmente fue un hombre cuya grandeza estriba en los frutos y los hechos realizados y deja en evidencia su accionar martiano en lo concerniente en que “Hacer es la mejor forma de decir”. 

Sus aportes al carnaval de Santiago con el grupo de lechones Los Jardines, constituye un referente positivo, pues tuvo que ver mucho con la organización del mismo en su etapa más colorida, entusiasta e integradora de los personajes populares carnavaleros.

Más de 50 años junto a él no fueron suficiente para conocerlo del todo. En este último tramo de su vida y coincidiendo con el inicio de su quebranto, tuve la honrosa oportunidad de recibir de él las mejores cátedras magistrales en que haya participado.  Esperaba ansioso los martes o los sábados para visitarlo. Notaba que a medida que su cuerpo se debilitaba por la enfermedad que lo aquejaba, su mente crecía con una memoria emotiva que me cautivaba. Abordábamos nuestra pasión común: la arquitectura, él como el maestro y yo como un alumno.  Amaba a Brasil por Oscar Niemeyer y sobre este gigante de la arquitectura mundial desmenuzaba sus obras más importantes y me explicaba cómo Niemeyer resolvía los retos espaciales y concebía las soluciones a favor del ser humano por encima de los vehículos. 

La visión humanista de la arquitectura de Roque Nelson estaba muy ligada a la del maestro brasileño. 

Admiraba a Frank Lloyd Wright, pero tenía sus dudas sobre la unificación de criterios y las medidas a tomar por   los burócratas municipales   y de los estamentos del Estado sobre el crecimiento vertical, pues para construir torres hacia arriba había que construir primero hacia abajo creando los sistemas de desagües y sanitarios pertinentes. 

Tanto mi esposa Elena Rodríguez, quien es su hermana, y un servidor tuvimos la oportunidad de trabajar juntos con Nelson en el Plan Estratégico de Santiago.  Allí conocimos aún más su faceta profesional y municipalista a carta cabal. Era un torbellino de ideas claras y prácticas para el desarrollo armónico y espacial de la ciudad. 

Lo cierto es que con la ida de este gigante municipalista, folclorista, arquitecto, artista y deportista, entre otras cualidades, Santiago y el país pierde un gran activo. 

Es por lo cual que las lágrimas fecundas inundan los ojos sorprendidos de tantas personas que amamos a Roque Nelson y que allá en el cielo lo esperan para largas partidas del equipo de dominó familiar su padre Florentino Rodríguez, Samuel Ulloa, Príamo Durán, Domingo Polanco, nuestro apreciado tío Amado Pichardo Pérez y el Coronel Julián. 

Quiero dar constancia del amor incondicional y de la entrega de Atenaida, la esposa de Roque Nelson, ella se mantuvo siempre a su lado con un esmerado cuidado, a sus hijos que nunca desmayaron en buscar una solución a los problemas de salud, a los hermanos y familiares políticos, sus consuegros el Dr. Gustavo Pérez y doña Blanquita,  a la directiva del Santiago Country Club, al Ayuntamiento de Santiago, al CODIA, a la UTESA  en nombre de su rectora Dra. Lily Rodríguez, Lic. Maira Vargas, Lic. Minerva Calderón y numerosos profesores,  a los equipos de domino familiar encabezados por Henry Rodríguez,   Gregorio Pichardo, Benito Taveras, Arq. Rudy Castillo, Salomón Durán,  Christopher Almonte, Ramón Jiménez, Desvern Borbón Rodríguez y otros integrantes de los  deportes que practicó, a Yeyo Ochoa y las empresas que dirige, a los  ex  compañeros  de labores, al gran cúmulo de amigos y parientes,  al  personal médico y terapéutico quienes utilizaron todo los conocimientos en aras de su  mejoría y las fieles amigas y familiares Victoria  de Rodríguez, Rosarito Torres, Bruna de Rodríguez, Rita de Pichardo,  Martha, Marilyn, La China Rodríguez,  doña Judith, Tagui Rodríguez, Belkis Rodríguez, Elena Rodríguez de Rodríguez, Miriam Rodríguez, Eliana Peralta, Massiel Ramírez, Anny Ramírez, Luruhanna Rodríguez   y otras tantas que hicieron cuánto pudieron para mitigar  los efectos de sus dolencias. 

El amor ciego deambula entre los recuerdos de unos tiempos inciertos de honda pena y, nos queda la nostalgia de unos días junto a ti estimado Roque Nelson, donde fuimos tan felices sin saberlo. 

Llega la larga noche, mas tú, gran amigo, hermano y líder de nuestra familia, morarás por siempre en nuestros corazones. 

Palabras de Braulio Rodríguez Rodríguez, ante la tumba del Arq. Roque Nelson Rodríguez Pichardo. 

Marzo 27, 2021. 


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