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Monseñor Vinicio Disla


  • Padre William Arias | 11-05-2020

De Monseñor Vinicio Disla recibí mi primera comunión y muchas cosas, como desde su apoyo en mi vida vocacional y organización de mi ordenación, hasta sus sabios consejos y ánimo, en muchas charlas privadas que llegamos a tener por circunstancias particulares de la vida y por amistad, pero por encima de todo, recibí el testimonio de un hombre fiel a su vocación sacerdotal, amante de la Iglesia, hombre de una gran bondad y desprendimiento, con una gran capacidad de escucha, pero sobre todo capaz de respetar y aceptar la individualidad de cada uno.

Sé que la mayoría de personas le recordará por el ejercicio en su vida sacerdotal del gran don de la palabra, acompañado de su musical voz que Dios le dio, los cuales hizo patente, a través del programa mañanero de Radio Amistad: ´´El despertar del cristiano´´, y su presencia animadora en las celebraciones multitudinarias, ordenaciones y otros eventos litúrgicos solemne de la Arquidiócesis de Santiago, y alguno que otro nacional, como las veces que el Papa San Juan Pablo II visitó nuestro país, sus dotes de sacerdote animador y de hombre del micrófono capaz de entrar en armonía con el público presente se hizo sentir, y siempre recordaremos.

Pero también está el escritor, recuerdo que desde mi niñez veía sus artículos en la Revista Amigo del Hogar, que en los años 70 era el único medio católico de difusión en ese entonces. Ahí narraba sus experiencias como sacerdote en la distante y lejana parroquia de Gaspar Hernández, acompañado a pie de página dicho artículo con una foto de Monseñor Disla a lomo de mulo. Luego sus años dirigiendo y haciendo posible el Semanario Camino, donde podemos decir que lo consolidó como el vocero semanal del pensamiento y quehacer de la Iglesia católica en la República Dominicana, pues era un hombre que sabía escribir, y lo hacía muy bien, ya que no solo se servía de su inteligencia  que Dios le regaló, sino también de la lectura, pues era un asiduo lector de la actualidad más prolija en su momento.

Y que decir del Vinicio músico, compositor y artista. Hay muchas piezas católicas en el cancionero litúrgico dominicano que son de su autoría: el clásico canto vocacional que habla de la vocación de Jeremías, cantos de la navidad, el himno de la PUCMM y otros obedecen a la creatividad artística que en su vida le acompañó y de la cual nos hizo participes.

Pero creo que la cualidad más fuerte de su vida, por la cual todos les recordaremos más, es por su calidad humana de apertura y acogida del otro, no importando status social, físico, moral  e intelectual de la persona, siempre fue puerta abierta para los demás, para escuchar y ayudar hasta donde fuese posible, algo que se hizo muy patente en sus años de trabajo en el Seminario, donde el apoyo y acogida a aquellos jóvenes rayaba en lo paternal, a tal punto que la mayoría que paso por sus manos le pusieron el sobrenombre, que dice mucho de este aspecto humano y espiritual, de ´´El Viejo´´; aunque tenían años que algunos habían salido, ya sea como sacerdote o a otra vivencia en la vida, siempre le buscaban en cualquier situación, pues el mismo sentido de acogida y cariño humano se hacía presente.

Monseñor Disla se nos fue en este tiempo de coronavirus, su velorio pudo haber sido uno de los más grandes dados en Santiago, pero así no fue, ha sido silencioso y tranquilo, como deben ser y son  las cosas del Señor, porque lo importante es lo que nos deja, su ejemplo de entrega y fidelidad a la Iglesia, la amistad que nos dispensó y su testimonio del siervo fiel y trabajador que supo hacer la voluntad de su Señor.


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