Comentarios Recientes

0
Servio Cepeda Baré

Interlíneas

Servio Cepeda Baré | serviocepeda@yahoo.com

Interlíneas edición 4 de mayo 2021


  • Servio Cepeda Baré | 04-05-2021

¡Buenos días amigos!...   “A veces sentimos que debemos escalar una montaña o erigir un monumento para dejar nuestra huella en el mundo. Lo que no reconocemos es que con frecuencia podemos producir cambios simplemente existiendo, manejando lo que la vida nos da. Tal vez la forma en que tratamos nuestros desafíos y recompensas inspire a alguien más a lograr cosas valederas en su propia vida.

En muchas ocasiones, las prisas nos impiden pararnos a reflexionar y echar la vista atrás para mirar ese camino que llevamos recorrido. Por eso les pido, sentarse plácidamente con su cotidiana taza de café a que veamos cómo es nuestra trayectoria de vida, con esta historia que se titula ‘Las huellas doradas’, es la historia de un hombre llamado Martín:

“Martín había vivido gran parte de su vida con intensidad y gozo. De alguna manera su intuición le había guiado cuando su inteligencia fallaba en mostrarle el mejor camino. Casi todo el tiempo se sentía en paz y feliz. Sólo ensombrecía su ánimo, algunas veces, esa sensación íntima de estar demasiado pendiente de sí mismo. 

¿Alcanzaba para darle sentido a su vida la búsqueda solo de su propio placer? A veces se preguntaba si eso era suficiente. Hubo un día en que esos pensamientos lo abrumaron.

Quizás debía irse. Partir. Dejar lo que tenía, en manos de los otros. Repartir lo cosechado y dejarlo de legado para, aunque fuera en ausencia, ser en los demás un buen recuerdo. En otro país, en otro pueblo, en otro lugar, con otra gente podría empezar de nuevo. Una vida diferente, una vida de servicio a los demás, una vida solidaria. Debía tomarse el tiempo de reflexionar sobre su presente y sobre su futuro.

Martín puso unas pocas cosas en su mochila y partió en dirección al monte. Le habían contado del silencio de la cima y de cómo la vista del valle fértil ayudaba a poner en orden los pensamientos de quien hasta allí llegaba. En el punto más alto del monte giró para mirar su ciudad quizás por última vez. Atardecía y el poblado se veía hermoso desde allí.

 – “Por una moneda te alquilo el catalejo”, le sorprendió una voz. Era la de un viejo que apareció desde la nada con un pequeño telescopio plegable entre sus manos, que ahora le ofrecía con una mano mientras con la otra, tendida hacia arriba, reclamaba su moneda.  Martín encontró en su bolsillo la moneda buscada y se la dio al viejo, que desplegó el catalejo y se lo alcanzó. 

 Después de un rato de mirar consiguió ubicar su barrio, la plaza y hasta la escuela frente a ella. Algo le llamó la atención. Un punto dorado brillaba intensamente en el patio del antiguo edificio. Martín separó sus ojos del lente, parpadeó algunas veces y volvió a mirar. El punto dorado seguía allí.

 – “¡Qué raro!”, exclamó Martín sin darse cuenta de que hablaba en voz alta.

-“¿Qué es lo raro?”, preguntó el viejo.

 – “El punto brillante”, dijo Martín, “ahí en el patio de la escuela”.

 -“Son huellas”, dijo el anciano.

“¿Qué huellas?”, preguntó Martín.

“¿Te acuerdas de aquel día…? Debías tener siete años; tu amigo de la infancia, Javier, lloraba desconsolado en ese patio de la escuela. Su madre le había dado unas monedas para comprar un lápiz para el primer día de clases. Él había perdido el dinero y lloraba a mares”, contestó el viejo. Y después de una pausa siguió:

– “¿Te acuerdas de lo que hiciste? Tenías un lápiz nuevecito que estrenarías ese día. Te arrimaste al portón de entrada y cortaste el lápiz en dos partes iguales, sacaste punta a la mitad cortada y le diste el nuevo lápiz a Javier.”

– “No me acordaba”, dijo Martín. “Pero eso ¿qué tiene que ver con el punto brillante?”

– “Javier nunca olvidó ese gesto y ese recuerdo se volvió importante en su vida.”

“¿Y?”

“Hay acciones en la vida de uno que dejan huellas en la vida de otros”, explicó el viejo, “las acciones que contribuyen al desarrollo de los demás quedan marcadas como huellas doradas.” Volvió a mirar por el telescopio y vio otro punto brillante en la vereda a la salida del colegio.

– “Ese es el día que saliste a defender a Pancho, ¿te acuerdas? Volviste a casa con un ojo morado y un bolsillo del guardapolvo arrancado.”

 Martín miraba la ciudad.

“Ese que está ahí en el centro”, siguió el viejo, “es el trabajo que le conseguiste a Don Pedro cuando lo despidieron de la fábrica…y el otro, el de la derecha, es la huella de aquella vez que juntaste el dinero que hacía falta para la operación del hijo de Ramírez… las huellas esas que salen a la izquierda son de cuando volviste del viaje porque la madre de tu amigo Juan había muerto y quisiste estar con él.”

 Apartó la vista del telescopio y, sin necesidad de él, empezó a ver cómo miles de puntos dorados aparecían desparramados por toda la ciudad. Al terminar de ocultarse el sol, todo el pueblo parecía iluminado por sus huellas doradas”.

Les propongo a que analicemos esas huellas y que hagamos un propósito: Dejar huellas doradas en las vidas de los que se cruzan en nuestro camino…”…. Dios los bendiga en cada amanecer.


Comentarios

Name of User
Sé el primero en comentar

Ir arriba