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Servio Cepeda Baré

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Servio Cepeda Baré | scepeda@lainformacion.com.do

Interlíneas edición 31 de julio 2020


  • Servio Cepeda Baré | 31-07-2020

Buenos días amigos!...Hoy quiero compartir con ustedes mis dilectos lectores este imperdible homenaje al doctor Luis José Castillo, de la autoría de la doctora María Consuelo Yunén. Los invito a leerlo con detenimiento porque trae consigo unas realidades que debemos reflexionar con seriedad...

“Honrando tu vuelo por la tierra, Luis José Castillo Una de las simbologías más extendidas de las aves es la de la representación del alma.

¡Vuela alto, querido maestro!

Escribo esto movida por una experiencia que viví con mi querido profesor, Luis José Castillo. En uno de sus exámenes, saqué una B. Me mandó a llamar al día siguiente, me sentó frente a él y me dijo, "Yunén, su manera de participar en clase y de comportarse es de una estudiante de A. Y me la puso, diciéndome: "En el próximo examen, no me falle."

Dr. Castillo, por esa independencia de criterio, por su valentía y sentido común, tengo el deber de escribir esto.

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Soy mujer, sesentona, médico, pero no científica. Soy normal (léase: nada de genio ni eminencia). Tal vez de lo único que presumo es de tener una conexión sana y fuerte con todo lo que vibra, con la vida misma.

Dentro de la iniciación mística, ayudar a unos y otros permite llevar a cabo una conexión cósmica que devuelve el equilibrio y redunda en la unicidad de la creación, con un gran valor y respeto hacia la condición humana, sintiéndome impotente y frustrada al ver como nuestros más aguerridos soldados caen sin piedad, unos heridos, otros mortalmente afectados. Necesito expresar mis frustraciones.

Los peores enemigos de la ciencia son la arrogancia, la soberbia, el creerse poseedor incuestionable de «la verdad», la indolencia ante el dolor ajeno y el rendirse de rodillas ante el poder y el dinero. Algunos gerentes engreídos y endiosados son quienes, en muchos capítulos de la historia de la medicina, han impedido o puesto obstáculos para que se puedan canalizar terapias realmente efectivas.

La gran diferencia de los amargos errores en la historia de la medicina es que anteriormente morían los pacientes; en esta ocasión, se nos mueren también los médicos.

¿Cuántos más tendremos que llorar, sin ni siquiera poder enterrarlos dignamente?

Para no hacer larga mi pena escrita, les quiero exhortar a que cada uno busque los efectos secundarios de unos cuantos medicamentos aprobados por las instituciones internaciones de salud y/o centros médicos, para uso en los distintos protocolos de la actual pandemia: Tocilizumab, azitromicina, levofloxacina, dexametosona, Avelox, Eliquis, aspirina, hidroxicloroquina, Remdesivir... Una larga lista de efectos secundarios, ¿verdad? Sin embargo, los usamos sin reparo, con seguridad y ganas de que funcionen. Entonces, ¿por qué no incluir en nuestros protocolos elementos que sumen a esos resultados que todo médico ansía, el de curar al paciente, si son sustancias inocuas y que un grupo de colegas capacitados y bien intencionados nos aseguran les están dando buenos resultados? ¿Qué

nos lo impide?

Amargo momento el que estamos viviendo, con grandes lecciones, donde la duda, el menosprecio y escepticismo priman ante cualquier experiencia con buenos resultados que tengan algunos colegas médicos e investigadores “de nuestro patio”. ¿Complejo de Guacanarix? No hay sector que se libre de ese tipo de instinto tan inherente a los humanos: descalificar, aplastar y apagar a todo aquel que pueda destacar, sobre todo si es de la casa.

Si la invaluable misión de salvar vidas, en tiempos de guerra, como los que estamos viviendo, la vamos a ejercer sólo basados en los supuestos ”métodos científicos” y la “medicina basada en la evidencia”, seguiremos pues, impostergablemente, llorando a los nuestros.

De nuevo, los refiero a revisar la literatura de la historia de los errores en la ciencia médica, en su tiempo avalados como grandes aportes para los enfermos: Cerivastatina, Valdecoxib, Sibutramina,Pemoline, retirados del mercado junto a cientos más. Y me pregunto: ¿El derecho de aprobarlo, comercializarlo, el derecho a equivocarse, retractarse, hacer el daño y luego recogerlo del mercado como si nada hubiese pasado, sólo les pertenece a ellos?

¿Cuántas de las actuales teorías que se siguen a rajatabla podría ser la próxima en demostrarse totalmente errónea? ¿Con cuántas vidas las pagaremos? ¿Cuántos médicos más se nos irán?

Para no irnos muy lejos, hoy, 29 de julio, leemos un comunicado de Roche, en el cual, después de usar el Tocilizumab para pacientes covid, se desaconseja su uso por no mejorar el estado clínico de los pacientes. ¡Qué dichosos fueron, a ellos tambien le dieron el permiso de usarlo y equivocarse!

Y nos dedicamos a desprestigiar, a perseguir y retirarles el exequátur a médicos que, tirados en pleno campo de batalla, abandonando lo propio para luchar por lo ajeno, empapados en sudor y lágrimas, con una botellita de agua que contiene sólo un poco más de concentración de la misma molécula con la que la mayoría de los países potabilizan el agua (porque avalado por la FDA la consideran la fórmula más adecuada y segura, se agrega dióxido de cloro al agua potable para proteger a las personas de microorganismos dañinos). La EPA reconoce el uso de dióxido de cloro como desinfectante del agua potable, y está incluido en las Directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la calidad del agua potable. Pero por estos colegas sí que hacemos un escándalo y desoímos sus evidencias basadas en la experiencia del laboratorio más confiable que científico alguno pueda tener, la evidencia del mismo paciente.

Planteándonos el peor de los panoramas, vamos a suponer que no es cierto, que no funciona... ¿por qué no le dan el mismo privilegio que a los medicamentos más arriba mencionados?

Pero estamos viviendo unos momentos tan discordantes, que todas esas organizaciones que están supuestas a protegernos y velar por la seguridad y salud de todos, observan a un señor que no está graduado en ninguna de las ramas de la salud como Bill Gates, y sin embargo sale a hablarle al mundo de vacunas y aparece vacunando niños en África con sus propias manos. (Entiéndase, vacuna es un medicamento, porque un medicamento es una sustancia que sirve para curar o prevenir una enfermedad, para reducir sus efectos sobre el organismo o para aliviar un dolor físico) y nos parece altruista y encomiable y hasta “sweet”. ¿Y las instituciones que velan por los ciudadanos? A ése no lo interrogan ni persiguen, ni lo someten por intrusismo en el área médica (Intrusismo: Ejercicio de una actividad profesional por parte de una persona sin título o autorización necesarios para ello) y todos anestesiados y felices, volteando las críticas a los que si les corresponde por hecho y derecho ejercer el tema salud.

Mi última recomendación, en honor a mi profesor, soldado vencido por esta pandemia, quien me enseñó lo maravilloso y aleccionador que es tener criterio propio (que nadie me diga dónde poner B si estoy convencido que lo que va es A), vamos a abrirnos a esos compañeros médicos que tanto tienen que decirnos, sin prejuicios, sin altanerías y, quién sabe si oyéndolos conseguimos un poco de luz en este sombrío y oscuro camino que

estamos transitando. Recuerden que los protocolos que nos dan en serie están hechos en oficinas con profesionales vestidos de ejecutivos, bajo ambiente exquisito, con sueldazos en dólares y una lista de privilegios para sibaritas, sin ninguno de ellos estar en la real batalla. Es hora de oír a los nuestros, ¿no les parece?

“Si juntos inclinamos nuestros corazones en humildad y nos unimos como gremio en respeto, tendremos que derramar menos lágrimas.”...


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