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Servio Cepeda Baré

Interlíneas

Servio Cepeda Baré | serviocepeda@yahoo.com

Interlíneas, edición 22 de febrero 2021


  • Servio Cepeda Baré | 22-02-2021

¡Buenos días amigos!... “El Miércoles de cenizas, comenzó la cuaresma, tiempo litúrgico, de conversión,  de arrepentimiento, de cambio, de ser mejores, de acercamiento a Cristo. Nuestro amado Jesús, nos hace una invitación, cambiar de vida. Esta vida es temporal, entonces, ¿porque no ser como Dios quiere que seamos? Nuestro Padre tiene un gran ideal, que todos sus hijos sean como Jesucristo, que seamos hombres buenos, generosos, caritativos, amorosos con todos nuestros hermanos.

Todos somos pecadores, somos fáciles de tentarnos, se nos hace difícil caminar hacia la santidad, pero debemos estar atentos, porque el pecado nos aleja de Dios. Pero el Señor nos regala este tiempo, de perdón, de reconciliación, de penitencia. 

Por tanto, tenemos que saber aprovechar bien estos cuarenta días, limpiando nuestro corazón, expulsando de nosotros las odiosidades, los rencores, las envidias, es decir todo lo que se opone a nuestro amor al Dios Padre, nuestro amor al Dios Hijo, a nuestros propios hermanos.

 “La Cuaresma es un tiempo de conversión designado por la Iglesia para prepararnos a celebrar el gran tiempo de Pascua. Es un tiempo de gracia , no de pena y dolor. Es un tiempo para reformarnos, transfórmanos cambiar, para prepararnos para salir de la tumba para abrazar la resurrección.

 Es tiempo de perdón, reconciliación y penitencia. Es una invitación a cambiar lo que no está funcionando bien en nuestra vida espiritual, es tiempo de conversión.

Para ayudarnos a hacer esto la Iglesia nos invita a orar, para que nuestro espíritu crezca y se transforme; a hacer penitencia,  para reconciliarnos con Dios y los demás;  al ayuno y abstinencia, para solidarizarnos con los que tienen menos que nosotros, y la caridad, compartir lo que tenemos con los demás nos ayuda a crecer en amor por Dios y el prójimo”.

“Vivir la cuaresma como entrada en la resurrección de Cristo, a través de la participación y asimilación de sus sufrimientos y su muerte, incluye una serie de actitudes de espíritu, entre las que cada comunidad y cada creyente debe discernir las que ha de encarnar sobre todo, según el estado de su fe. 

Citemos algunas: búsqueda sincera del verdadero Dios viviente; realista y profunda; superando ideas falsas y purificando la fe. Hasta aceptarle en su auténtico papel en la propia vida personal, familiar, social;

 Descubrir a Jesucristo como “salvador” efectivo, como única solución definitiva de la propia existencia, de la existencia de todos y de toda la historia.  Conocerle mejor y aceptarlo más vivamente; 

Sincera conversión; con todas las consecuencias; cambio de mentalidad y de vida en lo que haga falta. Abrir el alma, la fe, la esperanza, el amor y la vida, al dinamismo de la muerte y resurrección de Cristo; y, a su luz y con su fuerza, purificar, quemar, arrancar lo que sea preciso arrancar en el propio vivir egoísta; sellar el encuentro con Dios en Cristo y con los hermanos, en los sacramentos de la pascua de Cristo: 

Confesión hecha a fondo; redescubrimiento y renovación del propio bautismo; eucaristía viva y fraterna; vitalizar las “prácticas religiosas”, el culto: sinceridad y vida: encuentro siempre nuevo con Dios, con Cristo, con los hermanos; llevar a la vida diaria la fe y la vivencia de los sacramentos y del culto: 

Amar de verdad, servir, ayudar, solidarizarse con los demás, especialmente con los que sufren y con los más necesitados; vivir al impulso del Espíritu de Cristo que es el amor sin límites, y comprometerse en la acción de promover a los hombres hacia la libertad, la justicia, la paz, la dicha y la verdadera existencia que corresponde a la dignidad humana; hacer que, a través de nosotros, actúe en el mundo la muerte y la resurrección de Cristo; 

Vivir todo eso de forma que nuestra fe, nuestro amor y nuestra acción, nos sitúen responsablemente en la Iglesia responsable y servidora del mensaje y el amor de Cristo; procurar no agriar más las distancias y divisiones dentro de la Iglesia, no contribuyendo ni a la parálisis de la Iglesia cómodamente situada, ni a la disgregación de la Iglesia en grupos sectarios; siendo, más bien, fermento de unidad futura en la fraternidad de la Iglesia que vive pobre para los pobres en el incesante don de sí por el Espíritu del amor sin límites”.

“El camino de cuaresma es una oportunidad de coloquio. En pri¬mer lugar, coloquio con los otros caminantes. Se trata de profundi¬zar la comunicación pero también coloquio con Dios en la oración. Es tiempo para escuchar más intensa y profundamente la palabra de Dios. 

Dejamos reposar ante Él nuestras preguntas, nuestras que¬jas y lamentaciones. Le miramos a Él con los ojos escandalizados de tanta desgracia en un mundo abrazado por su gracia y, sin embargo, cargado de violencia y desesperanza”….Dios los bendiga en cada amanecer.


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