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Servio Cepeda Baré

Interlíneas

Servio Cepeda Baré | serviocepeda@yahoo.com

Interlíneas edición 18 de septiembre 2020


  • Servio Cepeda Baré | 18-09-2020

¡Buenos días amigos!... “La sencillez y la humildad, son grandes valores que van de la mano y que imprimen al corazón un brillo especial… las personas que son humildes y sencillas reflejan ese brillo interior en su mirada… El valor de la sencillez nos ayuda a superar el deseo desmedido por sobresalir, sentirnos distinguidos y admirados sólo por la apariencia externa”…

Es importante reconocer que si bien, ser sencillos y humildes puede ser considerado una virtud que nos engrandece espiritualmente, es igualmente importante, que al dejar la vanidad a un lado, no lleguemos a menospreciarnos o a sentirnos incapaces de algún tipo de logro.

Muchos que no aspiran a la humildad y  la sencillez, aspiran normalmente a la grandeza. Y sabemos que éstos se dan aires de enorme superioridad. Existe un viejo dicho que dice así, como si estuviera dirigido al que se cree político con derecho a ser rico, prepotente e impune: “Hombres superiores, aprended esto: en la plaza pública nadie cree en el hombre superior; si os empeñáis en hablar ahí, sea, pero si el populacho guiña el ojo, todos somos iguales…”.

Goethe sentenció: “solamente los tontos son modestos”, sin embargo, aprender a ser sencillo es más provechoso que saber ser vanidoso. Para aprender a ser vanidoso no se necesitan lecciones.

Cuando una persona está en su apogeo, a menos de que sea una persona  equilibrada y sencilla, casi siempre pensará que está haciendo algo meritorio y extraordinario, seguro que su éxito será para toda la vida.

Para muchos propósitos se dice que una persona alta es mejor que una de baja estatura; una fuerte es mejor que una débil, pero el hombre no debe ser medido así. Seamos como seamos, debemos cultivar el ser modestos, sencillos, humildes, rectos, sinceros y entusiastas. Hablando del país, necesitamos tener valor moral, tolerancia y honradez, virtudes sin las cuales no podemos controlar nuestro destino como nación.

Todos nosotros debemos luchar por cuidarnos de la vanidad, evitando ser presumidos. La persona que llega a conquistar el éxito, la fama y la prosperidad debe recibir la aprobación por voz de los demás. Dejemos, que si algún día llegamos a tener tales grandes éxitos y fama, que sea la aprobación de la gente quien lo reconozca. 

Y si queremos enumerar nuestros logros, mencionemos únicamente los méritos pequeños.

Sentir satisfacción y orgullo por toda buena acción realizada por nosotros es natural, pero darla a conocer en busca de elogios, es convertirla en objeto de nuestra vanidad.

Quizá sea prudente transformar nuestra  personalidad, dándonos cuenta que es un sinónimo de nuestra efectividad humana. Es la suma de todas nuestras habilidades traducidas en acción y es importante el no medir dicha personalidad en cosas cambiables, como por ejemplo el estado económico, que puede verla destruida con un simple cambio de fortuna.

 Una superioridad adquirida por accidente o casualidad nunca puede durar. La sencillez y la humildad al final de cuentas están relacionadas con nuestro estado físico, nuestras emociones, nuestros sentimientos, nuestro medio, nuestra educación y nuestra sabiduría”.

“Cuando percibas los aplausos del triunfo, que suenen también en tus oídos las risas que provocaste con tus fracasos. Los momentos buenos hay que saborearlos cuando llegan, y los malos hay que reconocerlos. Esta es la mejor manera de aprender de ellos”… 

“La humildad debe acompañar todas nuestras acciones, debe estar con nosotros en todas partes; porque tan pronto como nos glorifiquemos por nuestras buenas obras, se pierde el valor del progreso de nuestra virtud”. (San Agustín)… Dios los bendiga en cada amanecer.


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