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Indiferencia: pecado originante


  • Padre César Hilario | 27-09-2020

‘’Cuando reflexionemos sobre nuestro siglo XX, no nos parecerán lo más grave las fechorías de los malvados, sino el escandaloso silencio de las buenas personas’’. Martin Luther King.

Es el mismo Evangelio que nos trata con toda claridad y contundencia el tema de la indiferencia: la parábola del rico epulón y el pobre Lázaro (Lc. 16, 19-31) y la del buen Samaritano (Lc. 10, 25-37). En la parábola del rico epulón queda a luz del día que Jesús no soporta la indiferencia.

Es más no sabía mirar a nadie con indiferencia. El rico epulón no le puso un dedo a Lázaro, ni mucho menos fue culpable de sus llagas. Pero la parábola hace hincapié en que el epulón no se dignó ver la escena macabra de unos perros lamiendo las llagas de Lázaro.

La insensibilidad del rico hacia un hombre que estaba a la puerta (por  la parte de adentro de su palacio) y esa insensibilidad hizo que se fuera al fondo del infierno. Que conste, que no se dice que Lázaro fuera humilde, paciente y sencillo y que el rico fuera egoísta, ambicioso, y orgulloso. Simplemente se dice que uno era rico y el otro pobre. Es decir, lo que se destaca en la parábola es que Dios prefiere a los pobres, que el reino de Dios es para los pobres: ‘’Me ha enviado a anunciar a los pobres la buena noticia’’ (Lc. 4, 18). Es más, como afirma el reputado biblista del nuevo Testamento J. Jeremías, ‘’El reino de Dios pertenece únicamente a los pobres’’. Y que es justamente lo que afirma la primera bienaventuranza: ‘’Dichosos ustedes los pobres, porque suyo es el reino de Dios’’ (Lc. 6, 20).

Esa indiferencia del rico epulón fue su violencia. Lo que nos dice que lo peor es la violencia de los indiferentes. La violencia de los insensibles ante el dolor ajeno. Y queda por decir lo siguiente: más daño que la violencia de los violentos, peor y más dañina es la indiferencia de los indiferentes. 

La gravedad mortal de la insensibilidad nos lleva a desapuntarnos de la ‘’modesta preocupación por las victimas’’. Porque lo correcto en la preocupación de las víctimas, es la insatisfacción que se han obtenido en ese orden de cosas (R. Girard). Y más violencia hay en quienes se sienten incómodos cuando se invocan los derechos humanos, la igualdad de todos o las legitimas reivindicaciones de las mujeres. Nos quejamos que nuestro mundo es violento. Porque son muchos los que no caen en la cuenta de que la mayor violencia está en quienes se ven a sí mismos como los mejores… no ponen bombas, no pegan tiros, no rompen vidrios, pero no mueven ni un dedo  para que este país sea más solidario y menos inhumano. La impunidad y su hija la corrupción los conmueve menos que el salchichón del barrio…!

En conclusión, se puede decir que ‘’son las personas oficialmente más religiosas, piadosas y observantes quienes tienen mayor peligro de satisfacer su sensibilidad con sus observancias y piedades, lo que lleva consigo una perversión tan inconsciente como peligrosa: la perversión que consiste en que la sensibilidad de la persona se centra en su propio sujeto, en lugar  de orientarse hacia los demás, hacia la felicidad o desgracia de los otros. En este caso como es evidente la religiosidad y la buena conducta se convierten en el más refinado egoísmo. Un egoísmo además, del que el individuo no es jamás consciente’’ (J. M. Castillo).   

La segunda parábola, como dijimos, es la del buen samaritano y lo que cuenta de ésta es que no pretende censurar a los bandidos que robaron y apalearon al desconocido caminante. Se da por supuesto que semejantes individuos eran unos criminales. Pero es evidente que Jesús no contó esta parábola para denunciar la violencia de los bandidos que se dedican a robar y matar a los indefensos caminantes de este mundo. Ni siquiera la violencia de lo que nosotros calificamos como los ‘’violentos’’. A juicio de Jesús el peligro está en quienes no ven en sí mismos nada censurable. Y peor aún, si se trata de personas que se consideran ‘’observantes’’, ‘’piadosos’’, ‘’intachables’’. Ahí es donde puede anidar la violencia más peligrosa. Y eso es justamente lo que descubre la parábola cuando dice que ‘’bajaba un sacerdote por aquel camino, y al ver al moribundo, ‘’dio un rodeo y pasó de largo’’. Exactamente lo mismo que hizo a continuación un clérigo que también pasó por allí.

¿Quiso Jesús catalogar a los sacerdotes y clérigos como las peores personas que el resto de los mortales? No. Lo que Jesús quiso dejar claro que comprende cuando se tiene en cuenta el contraste asombroso entre lo que significaba, en aquella sociedad, ‘’un Sacerdote’’ y lo que representaba ‘’un samaritano’’. El Sacerdote era el ‘’cumplidor’’ de los deberes religiosos, en tanto el samaritano era  el ‘’hereje’’, el inobservante en asuntos de religión. De donde se saca una conclusión fuerte: la clave del comportamiento ético no es la observancia religiosa, sino la sensibilidad humana ante el sufrimiento.

Estas dos parábolas son reflejo de la conflictividad de Jesús con la religión oficial. La historia de Jesús es la historia de un conflicto mortal con la religión. Jesús modificó el concepto de religión, la experiencia del hecho religioso y la manera de vivirlo. Y al modificar el concepto de religión modificó el concepto de Dios. ¿Es por tanto, el cristianismo una religión, que mediante dogmas, normas y ritos nos lleva a Dios o es una ética que nos enseña a vivir sin Dios o con Dios, pero siempre como si Dios existiera? ¿Se puede pensar seriamente en un cristianismo ‘’no-religioso’’? ¿Cómo habría que entender y gestionar la Iglesia en un caso o en otro?

Como epilogo de cuánto hemos dicho, queremos cerrar con unas Decimas que musicalizó el Orfeón de Santiago:                           

CANTO TRÁGICO DE LA IMPUNIDAD

La justicia dependiente 

Con la indiferencia atrás

Son las dos armas gemelas

De la horrenda impunidad

En el buen samaritano

Peor no fue el salteador,

Sino los dos puritanos

Que se creían mejor:

Sacerdote y levita

Personas sin compasión.

El Evangelio condena

Al rico del epulón 

Que a Lázaro ni un dedo

Se lo puso el ricachón. 

Pero por su indiferencia 

Al infierno fue a parar. 

Es malo el indiferente

Mucho más que el salteador. 

Su actitud indolente,

Su silencio da pavor, 

su gran violencia, señores ,

es su insensibilidad. 

No serán las fechorías 

de los malos de verdad,

que lo más grande seria 

dijo Martin Luther King 

‘’el silencio de los buenos’’

Su indiferencia sin fin.  

     

            

                                        

  


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