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Don Príamo, un sembrador de esperanza

Don Príamo Rodríguez Castillo


  • Fernando Cabrera | 12-08-2020

Mi primer contacto con Don Príamo Rodríguez fue a raíz de la gestión que a nombre de Artevivo, el festival de los Artistas, encaminamos para que el legendario músico, oriundo de la calle Cuba de la popular barriada de Los Pepines, Johnny Pacheco, creador de la Fania All Stars y del ritmo salsa, recibiera un doctorado honoris y causa a través de la Universidad Tecnológica de Santiago. Contábamos con la solidaridad de doña Ingrid González de Rodríguez, lo cual facilitó que don Príamo asumiera con entusiasmo nuestra solicitud y propiciara que, el 22 de abril de 2004, a Pacheco le fuese otorgado, en un hermoso y solemne acto, el título de “Magister Populi”. 

Este fue el inicio de muchas y frutíferas colaboraciones, especialmente a través del periódico La Información, gracias a la mente abierta y soñadora de don Príamo que, antes de pensar en el dinero evaluaba el beneficio para la sociedad de cada proyecto. Sus colaboraciones no sólo fueron con Casa de Arte, sino que abarcó iniciativas de otras instituciones culturales como el Ateneo Amantes de la Luz y la Alianza Cibaeña en donde, de manera callada, cuando se cayeron patrocinios privados y estatales, asumió el respaldo de su concurso nacional de literatura. 

Muchos se preguntan por qué el éxito de su principal empredurismo, la Universidad Tecnológica de Santiago. Pues, la respuesta no puede ser más simple: haber pensado en el futuro de la gente. Preocuparse por los miles de jóvenes egresados de la secundaria que no contaban con el aval económico para acceder a la educación universitaria privada de entonces y tampoco para desplazarse desde las provincias a la única sede de la UASD, en Santo Domingo; a la necesidad impostergable de empezar a trabajar en cualquier cosa, y en cualquier horario, para aportar al sustento familiar. Conocedor en carne de los esfuerzos y sacrificios necesarios para la superación personal, supo avizorar la oportunidad de servir a esos estudiantes de escasos recursos que se resistían a abandonar sus aspiraciones académicas, desarrollando desde la nada una opción de formación profesional nocturna asequible. 

Su acertado emprendimiento y visión, pronto lo empujó a desparramar por toda la geografía nacional la entonces embrionaria universidad UTESA, hasta convertirla en la asombrosa realidad corporativa de hoy, en que muestra una nutrida población estudiantil, compitiendo en cantidad y calidad con las ofertas académicas de la universidad estatal y opacando con su éxito la rentabilidad de las demás opciones educativas privadas. 

Una vez consolidada UTESA, el genio creativo de oportunidades de negocio de don Príamo lo llevó a nuevos y arriesgados emprendimientos, diversificando su capacidad productiva por diferentes derroteros, gestionado pioneros proyectos agroempresariales diversos, incursionando en los sectores inmobiliarios, hoteleros, de salud privada e industriales, con inusitados resultados positivos gracias a su fuerza de carácter, constancia y honradez a toda prueba. 

Me fue de grato conocimiento enterarme, en la última reunión que sostuvimos para discutir el cambio a formato tabloide del centenario periódico La Información que tuvo el buen juicio de preservar para orgullos de los santiagueros, la noticia de que el complejo de zona franca Caribe Industrial Park, en el cual me desempeñé por más de un lustro como director de tecnología de información del Grupo M, había sido adquirido por don Príamo, y de que en la actualidad sirve de base para el más preciado de su proyectos en desarrollo, de ofrecer, en base a paneles solares, una alternativa energética ecológica con capacidad de suplir toda una región. Esta admirable iniciativa nació de la personalidad utópica de Don Príamo, recogida en plenitud en su última obra ensayística titulada “Reflexiones sobre el medio ambiente. República Dominicana”, publicada en septiembre de 2019, en la que documentó ampliamente la situación del aval ecológico nacional y nuestra riqueza hidrográfica, con análisis de problemas ambientales y atinadas propuestas de solución. 

Su interés social se puso de manifiesto al asumir el quijotesco reto de culminar el frustrado proyecto estatal de un centro de convenciones, aportando cerca de un millardo de millones pesos, a sabiendas de que acaso jamás serían recuperados. 

De esta casi suicida iniciativa surgió el hoy Centro de Convenciones y Cultura Dominicana UTESA, sin dudas uno de los más ambiciosos y esplendorosos complejos culturales multidisciplinarios del Caribe. No me extrañaría que, al constituir este su mayor aporte filantrópico a la sociedad dominicana, esta institución sea, oportunamente, renombrada en su honor. 

Como se aprecia, Don Príamo, tiene el mérito de haber creado fortuna económica a partir de un esfuerzo transparente siempre solidario con las mejores causas y los más altos valores éticos. 

Sus logros también se aprecian en el ámbito íntimo, al legarnos una familia modélica que sabrá preservar y hacer crecer sus logros. 

Sobre el ejemplo personal de una vida recta y productiva, apoyó la formación y el crecimiento profesional de su esposa, doña Ingrid, y apostó a una educación académica de primer orden de sus hijos Lily, Frank, María Jesús y Melany, capacitándolos para afrontar unidos los retos y las muchas obligaciones de la corporación fundada. 

Están preparados y con la experiencia para seguir ofreciendo los servicios de calidad que nuestro país tanto necesita. 

Ido a la luz, don Príamo Rodríguez, está destinado a permanecer en el afecto y en la memoria de quienes lo conocimos, pero, sobre todo, en el legado de sus esfuerzos convertidos en instituciones invaluables. 

Al final, un solo lamento: ¡Qué pena que nunca se postulara para la presidencia de la República! Su biografía es la de un líder real, la de un auténtico sembrador de esperanza. 


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