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Bosch y Peña bajan a la tierra


  • Tuto Tavárez | 21-12-2020

El profesor Juan Bosch y el doctor José Francisco  Peña Gómez solicitaron una entrevista para hablar con Dios, con la intención de hacerle un pedido. El Señor, aunque sabía de antemano el motivo, le concedió la misma y los dos políticos dominicanos fueron a reunirse con él.

Dios estaba sentado en su trono y Bosch y Peña se pararon delante con todo el respeto y reverencia, que ameritaba aquel privilegiado encuentro.

Después de intercambiar el saludo y tener una corta conversación, Dios le preguntó el motivo de su presencia, aunque repito, ya él sabía la razón de la audiencia.

Bosch y Peña explicaron al ser supremo, que necesitaban un permiso para bajar a la tierra, ya que desde que murieron no sabían nada de sus parientes ni compañeros de partidos.

Dios intentó persuadirlos para que desistieran de hacer el viaje a la Tierra, indicándole que la situación estaba complicada, porque todas las naciones habían sido atacadas por una Pandemia que la estaba diezmando.

“Precisamente, esa es una de las razones por la cual queremos ir a la Tierra”, indicaron los dos sabios políticos e intelectuales.

Además, era época de elecciones en la República Dominicana y ellos querían saber cómo estaban sus partidos y los sucesores que dejaron cada uno.

Dios le preguntó ¿cuántos días pensaban pasar en la Tierra? Respondieron que tres eran suficientes y el Señor accedió a otorgarles el permiso, aunque les advirtió que ellos verían las personas, pero a ellos no los iban a ver.

Ambos comentaron, que si podían estar en un lugar y nadie los veía, eso facilitaba el trabajo, ya que conocerían las realidades de sus partidos.

Ya en la Tierra, Bosch y Peña tenían deseo de ver las actividades proselitistas de sus partidos, lo cual no fue tan difícil, ya que pronto se encontraron con una guagua anunciadora, que invitaba a la actividad con la presencia del doctor Leonel Fernández.

“Peña, aquí están mis compañeros, vamos primero a esa actividad y después vamos a la tuya”, sugirió el profesor Bosch.

Peña estuvo de acuerdo y se fueron para el lugar  donde se concentraría la actividad política.

Ambos líderes se miraron las caras, ya que las personas que llegaban, lo hacían con distintivos verdes y no morados, pero reconocieron la voz que hablaba y pensaron que un partido con ese color estaba apoyando el PLD.

Pero, también se dieron cuenta, que detrás del orador no estaba la estrella amarilla, sino una hoja de cayena y la escritura Fuerza del Pueblo, que no es conocido ni por Bosch  ni Peña, ya que a la hora de sus muertes, no existía.

El profesor Bosch seguía allí esperando las sabias palabras del político forjado por él, llevándose una gran decepción cuando retumbó en las grandes bocinas ¡Los peledeístas son tramposos, ladrones y corruptos, y ese viejo partido, e’pa fuera que va!

Bosch entristeció cuando escuchó los estridentes y vergonzosos calificativos, porque él es peledeísta, fue siendo la principal figura de ese partido que murió, y le dijo a Peña que abandonaran el lugar.

Después de recorre varios kilómetros, donde los ojos azules de Bosch se veían llorosos, vieron una enorme multitud que estaba reunida en torno a una tarima.

A la distancia, Peña pudo identificar a varios de sus compañeros del Partido Revolucionario Dominicano, incluyendo uno de sus hijos.

Peña arqueó las cejas cuando se percató que el color azul, de sus archienemigos de la Fuerza Nacional Progresista competía con el blanco de los perreddeístas y se estremeció cuando miró que el jacho había sido sustituido por un pulgar hacia arriba.

Pero, el gran líder de masas,  tenía la esperanza de escuchar los grandes logros de su PRD y se llevó otra sorpresa.

Lleno de asombro, Peña escuchó cuando el orador, atacó sin piedad al PRD, al que llamó partido disminuido, que solo sirve para su presidente hacer negocios y que no tiene un 2 por ciento del electorado. 

Los dos políticos salieron de allí decepcionados y cuando iban en el camino decidieron regresar al cielo, ya era suficiente con lo que habían visto y escuchado.

Cuando Dios los miró llegar, les dijo que solo iba un día de los tres que les autorizó, pero ellos respondieron, que todo estaba tan confuso en la Tierra, que decidieron regresarse ese mismo día.


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