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Pedro Mendoza

Pedro Mendoza


Yelidá, un canto épico que merece mayor difusión y análisis


  • 30.10.2019 - 11:39 am

Dejo a un lado la temática que con mayor frecuencia abordo cada lunes, a saber, las dificultades y los desbarajustes más penosos que ocurren en las interrelaciones familiares o en las de los cónyuges en particular, para tocar un tema literario que, aunque es un asunto diametralmente opuesto a las interioridades del sufrimiento visto en la vida familiar e individual, sin embargo, tiene un interés mayor en lo cultural  porque el ser humano no solo vive inmerso en un sistema familiar o en un subsistema conyugal, sino también en un entorno cultural que lo influye y lo induce a meditar o cantar sobre sus origines, su pasado y sobre los epifenómenos que como infortunio, gloria, conflicto, ficción o realidad, la historia, la poesía o el drama recogen. 

Fue un largo y educativo artículo publicado, recientemente, en tres entregas por el caro profesor Domingo Caba, en LA INFORMACION, titulado “Yelidá: el poema  del mulataje antillano”, el que me ha sacudido de la pereza e inducido a escribir sobre este poema de Tomás Hernández Franco (THF), a quien hasta los profanos del arte literario, como lo es el autor de estas líneas, le reconocen como el primer poeta dominicano en publicar un canto épico con ribetes antológicos. Y es que este poema épica de THF, tiene dos características asombrosas: 1) es el primer poeta dominicano, si estoy equivocado ruego al maestro Caba Ramos que me corrija, que escribe un poema en tiempos fraccionados  como si él hubiese tomado partido a favor de una corriente filosófica en boga desde el siglo 17 que supone la vida del tiempo moviéndose yarda a yarda hacia adelante, cosa común en la narrativa pero no en la poesía, y 2) escribió un poema con tal galanteo  poético, que sospecho que si alguna vez le hubiesen preguntado qué cómo se veía a sí mismo, y hubiese respondido como en una ocasión respondió Borges a una pregunta similar: “¡Soy, esencialmente, poeta!”, pues  a buena honra muchos críticos lo hubiesen considerado como tal aunque su producción poética no llenara los espacios que llenó la de Borges. 

LA INFORMACION  es uno de los dos o talvez tres diarios dominicanos que semanalmente dedica espacio sin tacañería de edición a la difusión de artículos dedicados a defender la normativa de la lengua y a la divulgación de temas de artes: Doña Ingrid de Rodríguez, quien periódicamente pone al día a los lectores sobre artes plásticas y música; y Lincoln López, quien ha asumido la tarea de comentar vida y obras de  renombrados filósofos y dramaturgos cuya producción intelectual pasaría inadvertida para miles de personas si alguien no los recrea.

Domingo Caba Ramos, que como filólogo siempre anda en defensa del buen uso de la lengua y además con frecuencia hace las veces de crítico literario, cosa que muchos lectores no expertos le agradecemos infinitamente porque nos sirve de pie de amigo para poder comprender la estructura,  estilo, técnica, el ritmo y la musicalidad de una obra narrativa o de un poema; y recientemente, el filólogo y profesor Rafael Tobías Rodríguez Molina, quien se sumó a Domingo Caba en un noble esfuerzo por mejorar y estimular a los que hablan  y escriben en los medios de comunicación para que  corrijan las decenas de impropiedades y gazapos  en que incurren cada día y  para que respeten la normativa de nuestro lengua favoreciendo así que  jóvenes y niños aprendan el uso cotidiano del idioma de un modo enriquecedor y con una mayor corrección. Este loable servicio que dona LA INFORMACION a sus lectores, favorece  el mejor uso de la palabra, y un mejor uso de la palabra anuncia una construcción sana de la oración y la oración sana es garantía de que la idea-núcleo de lo que decimos no hará trastabillar el juicio expresado. Por supuesto, no pretendo aquí comentar a Yelidá, pues no tengo madera para intentar ese  desafío. Solo quiero llamar la atención de los expertos sobre el porqué uno de nuestros críticos no se embarca en escribir y publicar un texto completo donde se expongan todas las lecturas posibles que tiene el poema; qué autores, probablemente,  influyeron a THF, qué hipótesis interpretativas tiene y a la luz de cuál de las corrientes o escuelas de la crítica hoy predominantes se puede comentar de un modo tanto estético o como expresión directa del sincretismo euroantillano. Pues sospecho que ese poema es demasiado humano como para no merecer una mayor atención.

No digo que se escriba sobre “Yelidá” algo así como los ocho tomos que escribió el más brillante de los críticos literarios ingleses, Samuel Johnson, sobre Shakespeare, pero sí sería de mucho valor para nuestros jóvenes saber que ese poema fue construido con agudeza, con cadencia original y con una imaginación que sobrepasa lo implícito. ¿Qué opinan Domingo Caba y Rafael Tobías Rodriguez?


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