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Maricela Ortiz

Maricela Ortiz


Volvamos a la vida en el Espíritu


  • 15.09.2020 - 09:56 am

El libro de los Hechos nos resume en detalles sorprendentes lo que implica predicar el Evangelio de Cristo, al exponer un desglose de vivencias testimoniales, sermones, milagros, cultura de reino y hechos gloriosos de los primeros años de la iglesia. Dicho sea de paso, fue el principio de lo que debió tener continuidad. Y quiero llamar su atención en la intención  del Padre, en inspirar al apóstol Lucas a escribir este libro de Los Hechos; para que, consideremos la importancia del Espíritu Santo en la obra del Reino; de que valoremos  Su obra vigilante y de dirección en nosotros. Este libro hace mención de notables figuras de la iglesia primitiva; nos muestra también, el diseño teológico del cómo predicar este Evangelio de Cristo, con una dinámica muy didáctica, enfocada en el  fundamento, Cristo, más que en el contexto. Igualmente, nos ilumina, trayendo entendimiento de saber que el Espíritu Santo es quien nos dirige por la Palabra en nuestro espíritu,  

Por otro lado, podemos apreciar también, dos ejemplos de primera entrada, como lo es, el polémico Pedro vs. El implacable Pablo, ambos con un historial transformador y un ministerio de gloria; como forma de enseñar a las siguientes generaciones que no importa como hayamos iniciado, sino, más bien, que tanto le permitimos al Espíritu Santo que nos transforme y nos dirijas en nuestra asignación.  

“Hechos” del griego “praxeis” se usaba con frecuencia para describir los logros de los grandes hombres. Este glorioso libro nos muestra la obra del Espíritu Santo a través de los apóstoles. Un libro que sigue abierto, produciendo historias inéditas de cada uno de nosotros, ahora esculpidas en las manos de Dios. También este libro, nos hace partícipes de la transición de la obra terrenal de Jesús, cuando el Cristo resucitado asciende al cielo con destino a sentarse a la diestra del Padre, como el Cristo glorificado. Por tanto, todos los que estamos en Cristo tenemos la responsabilidad de continuar Su obra, y expandir Su Evangelio. Hasta ese momento, Él cumplió Su parte, ahora nos toca a nosotros continuar este legado de salvación a través de predicar a Cristo.  

Podemos apreciar a groso modo,  el ministerio glorioso del Espíritu Santo, que dicho sea de paso, no terminó con los apóstoles de los primeros años de la iglesia, porque si así fuera, ¿cuál sería el sentido de las subsiguientes generaciones sin el Espíritu Santo?  La iglesia primitiva nos enseña un componente esencial que se ha ido perdiendo, y necesariamente tenemos que rescatar; y es precisamente, la vida en el espíritu, el vivir una vida espiritual fuerte y sana, donde vivamos con poder en el Espíritu del Señor. Tenemos que volver a permitir el ser gobernado por la vida del Espíritu en nuestro hombre interior; nos hicimos tan independiente que nos olvidamos de Su guianza. 

Se habla mucho de “avivamiento”, pero el avivamiento no encierra un kairos, no es una estación de una pesca milagrosa, tampoco será un acontecimiento sobrenatural para la iglesia llenarse. Este término de “avivamiento surgió de la añoranza, de ese despertar en la vida espiritual, y de la necesidad de renovarse como cristianos, de volver a ver los frutos que mostraron los primeros cristianos de la iglesia primitiva; hechos que dieron lugar al crecimiento de la iglesia en sus inicios. En este sentido, la condicionante, si realmente queremos ser avivados es, volver al fundamento, a Cristo, a la Palabra, y a dejarnos guiar y capacitar por el Espíritu Santo.  

De hacerlo así, es lo que permitirá que la iglesia sea fortalecida y vuelva a tener ese gran crecimiento. Ojo, el crecimiento de la iglesia es integral, no es solo tener personas, es que tengamos creyentes tan llenos de Cristo que estén dispuesto a no escatimar ningún esfuerzo, aun su propia vida para continuar la obra del Señor; porque es a través del Espíritu Santo  que la iglesia tendrá poder espiritual e influencia para predicar este Evangelio del reino. Solo miremos los tiempos, el que no esté empoderado y lleno del Espíritu Santo, difícil seguir de pie. De ahí, la importancia de reformar el concepto que tenemos del Espíritu Santo. Él es apacible, tenues, delicado, respetuoso,... por tanto, opera en nuestro espíritu no en la carne, para que se manifieste. Él trabaja en el espíritu, Él sana, corrige, guía y redarguye,... El ministerio de Jesús estuvo dirigido por el Espíritu Santo.  

No se trata de que si queremos o no volver a la vida en el Espíritu y a las obras de la iglesia de los primero años, es que es obligatorio mis amados. Pregunto: ¿Cuáles estrategias aplicadas han logrados estos resultados de crecimiento integral? Por tanto, ahora más que nunca necesitamos la dirección del Espíritu Santo, puesto que, es una nueva estación, donde estamos siendo desafiados, y obligados a salir del confort, a dejar los viejos rudimentos y la rutina. Es nueva oportunidad para reinventar, no desde nuestra perspectiva, sino de volver al diseño original, al fundamento, a la Palabra, a poner en práctica la costumbres del Reino, donde trabajemos juntos, unidos en un mismo sentir. El lenguaje del Evangelio es uno solo. Si amamos al Señor apacentemos las ovejas, busquémosla, sanemos sus heridas, infundamos fe y esperanza.     

Jesús siendo 100 % Dios, requirió del Espíritu Santo, no porque Él no fuera suficiente, ni pudiera mostrar Su gloria y atributos divinos, sino más bien, para enseñarnos a trabajar como cuerpo bien concertado. Ellos como trino funcionan en uno.  

El Señor escogió en su primera etapa a Sus discípulos como vasos importantes de mostrar salvación, para que luego sirvan a Él, y sean testigos oculares de Su ministerio, y de este modo, testifiquen de las vivencias manifestadas, por eso los hizo partícipes de muchas pruebas indubitables, para que no haya duda de Su existencia, ellos escucharon mensajes gloriosos, vivenciaron Su vida, Su muerte y resurrección, y presenciaron Su ascensión. ¿Y nosotros qué hemos visto? Nuestro Señor es muy estratega, todo lo hace con intención. Se mostró resucitado, haciendo una entrada sobrenatural al lugar cerrado donde estaban sus discípulos; y  les enseñó sus heridas de la crucifixión, comió y bebió con ellos. El propósito era suministrar evidencias convincentes de Su resurrección, y dejar establecido de que Él era el Cristo profetizado por años que habría de venir a establecer un Reino inconmovible.   

¡Ahhh! Y no solo, hizo apariciones a los apóstoles, también a otros, para que nadie lo dudes. De hecho, científicamente no hay manera de explicar Su resurrección, porque son cosas espirituales. Amados, nosotros los que hemos decidido seguir a Cristo tenemos esta comisión, de predicar este glorioso evangelio, por tanto, es tiempo de levantarnos como un solo cuerpo, cada quien en su asignación y pongamos manos a la obra. El Espíritu Santo es quien da el poder en nuestro hombre interior de no rendirnos ante tantas vicisitudes, y es Él que nos fortalecerá para proseguir a la meta de este llamado.  


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