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Maricela Ortiz

Maricela Ortiz


Vale la pena esperar


  • 07.07.2020 - 12:00 am

Alguna vez ha pensado que, en la vida todo lo que se quiere, se anhela, se desea o se sueña, aun los mismos siclos de vida en las diferentes etapas están programados para alcanzar lo que conlleva, crecer, desarrollarse, estudiar, tener una profesión, casarse, tener hijos, adquirir una casa, esperar una sanidad, alcanzar madurez espiritual, en fin, todo se trata de esperar, porque en todo se requiere la espera. Y realmente hay una enseñanza con esto, y es que aprendamos principios eternos, porque el hombre natural busca primero su naturaleza, pero el Padre una vez estamos en Cristo nos enseña a romper esos paradigmas, para que nos enfoquemos en las cosas eternas (Su reino, la vida eterna, …), y de este modo formar un hombre espiritual maduro. Donde esa “fe” puesta para alcanzar cosas naturales, venga a tener sentido en el Autor de la vida.  

Si nos damos cuenta cada prueba que hemos tenido que enfrentar; el sufrimiento lo provoca la espera, es la espera que produce impaciencia e impotencia; ya que deseamos que todo pase en nuestro tiempo, pero no es así; porque hay un aprendizaje en cada desierto y todo está diseñado por Dios, y cuando intentamos violarlo se hará más fuerte. Muchos esperan en sus propias fuerzas, otros esperan lo que venga, otros ponen su fe en personas, otros en dioses e imágenes que no tienen oído, ni boca, ni palpan ni ven. De este plano natural pasamos al espiritual, donde comenzamos a ver que, en medio de las pruebas nuestra fe se incrementa, nos aferramos al Señor con esperanza, y es donde se consolida la confianza de total dependencia de Cristo en nosotros. En la medida que vamos madurando es donde el Señor nos enseña a invertir el orden y poner por encima lo espiritual ante que lo terrenal. Y es donde los siguientes versículos cobran vida:

“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.” Colosenses 3:1-2  “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” Mateo 6:33

Cuando entendemos esto, y que, además, fuimos bendecidos antes de la fundación del mundo y tantas otras Palabras que nos dan seguridad en Cristo, entonces se nos abre el entendimiento de que no debemos afanarnos en buscar las cosas perecederas, porque en Cristo las bendiciones ya nos fueron dadas. En este sentido nuestra fe debe estar en Cristo, porque Él es Alguien, no algo. Por tanto, el propósito es conocerlo a Él, amarlo, anhelar lo eterno, Su venida, Su reino y vivir expectante de que un día estaremos con Él, es parte del plan de la espera, enseñarnos a esperar Su venida. Por eso nos recuerda:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;” Filipenses 3:20 “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo,” Tito 2:11-13 “Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca.” Santiago 5:7.8 

El Salmo 40 nos da las mejores instrucciones de saber en quien esperar, por qué esperar y para qué esperar; nos muestra el modo en que el Señor nos edifica de manera intima. Vamos juntos a navegar en los versículos del 1 al 8 del Salmo 40 Realmente edificante.

Lo primero que las Escrituras nos enseñan es poner nuestra confianza en el Señor, aguardar en Dios, sin agitarnos y sin darle lugar a la depresión ni a la desesperanza. Cualquier situación que estemos enfrentando es necesario esperar en el Señor con paciencia y en paz. Obviamente, porque Dios es Omnisciente, Omnisciente y Omnipresente, por tanto, Él sabe lo que nos conviene y en el tiempo que nos da lo que le pedimos. Entendiendo que lo que pedimos no tiene que estar sujeto a nuestra voluntad sino a la de Él.  

“Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos”. Vs. 1 y 2 Podemos observar el cómo y en quién esperar.

El Señor es nuestra paz, y es en Él que podemos esperar pacientemente, y discernir en el Espíritu Su voluntad, dejando una gran satisfacción de cualquiera que sea el resultado, porque entendemos que la buena voluntad de Dios es agradable y perfecta. Cuando la desesperación que nos abrumaba se va desvaneciendo, es el momento cumbre para ser sacados del lodo cenagoso.

En la medida que reconocemos la obra de Cristo en nosotros las tinieblas desaparecen, y es donde Su naturaleza se hace visible en nosotros; produciendo así un cántico de gratitud al Señor por saber que es Su gracia la que nos sostiene. La gratitud produce alabanza y honra, por eso dice el v. 3: “Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en Jehová”.

Nuestra confianza tiene que estar cimentada en Cristo. “Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza, Y no mira a los soberbios, ni a los que se desvían tras la mentira”. V. 4

Cuando testificamos y hablamos las maravillas del Señor esto provoca que se multiplique Su favor, y además nos permite que seamos buenos administradores de la multiforme gracia de Dios: “Has aumentado, oh Jehová Dios mío, tus maravillas; Y tus pensamientos para con nosotros, No es posible contarlos ante ti. Si yo anunciare y hablare de ellos, No pueden ser enumerados”. V. 5

Esperar en el Señor es tan glorioso, ya que es allí en esa intimidad con el Señor donde somos fortalecidos en nuestro hombre interior, afirmados en nuestra fe; es donde aprendemos obediencia, y aprendemos a discernir la voz del Espíritu en nuestro espíritu. En la espera adquirimos madures espiritual y es también, donde el Señor afirma nuestros pasos: “Puso mis pies sobre peña y enderezó mis pasos”

La madurez espiritual nos hace andar en la naturaleza de Cristo, y en este sentido poder decir: “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, Y tu ley está en medio de mi corazón”. V. 8

El propósito de las pruebas en cada espera, no es más que, para el Señor edificarnos en nuestro hombre interior y llevarnos a un nivel de madurez espiritual donde podamos discernir Su propósito eterno. A solas con el Señor en esas noches sombrías, es allí donde vamos siendo formados por Él, donde Él nos hace fuerte, y es en medio del llanto y del dolor, donde el Padre nos muestra Su amor y Su fidelidad. Luego cobra sentido el por qué y el para qué pasamos por todo lo que pasamos, cuando vemos la naturaleza de Cristo manifiesta en nuestras vidas. Y al salir invicto de las pruebas y circunstancia nos llevamos el gran galardón, conocerlo a Él. “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” Juan 17:3


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