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Hna. Verónica De Sousa

Hna. Verónica De Sousa


Una reacción primaria y el mundo entra en guerra


  • 14.01.2020 - 12:00 am

Si algún sicólogo leyó este titular, ya intuyó hacia dónde voy: entre los tipos de personalidad encontramos el carácter colérico, caracterizado por ser emotivo y de reacciones rápidas, espontáneas, no suficientemente pensadas, menos aún, discernidas: ¡primario! El mecanismo colérico condiciona fácilmente la iniciativa, la combatividad, la agresividad y estos rasgos del comportamiento fácilmente son dirigidos contra las personas, lesionándolas. ¿Y si una persona así, además, dirige una Nación? ¿Y si en su equipo de trabajo varios, con puestos de responsabilidad, comparten rasgos parecidos?

El pasado 3 de enero, la televisión iraní anunciaba la muerte en Bagdad de Quassem Soleimani, causada por un ataque aéreo estadounidense con drones en el aeropuerto de la capital iraquí. Al producirse en Irak contra ciudadanos concretos, el gobierno de Irán no puede afirmar que se trató de una declaración de guerra. 

Soleimani era, desde hace más de dos décadas, el comandante del grupo élite Quds de la Guardia Revolucionaria de Irán, responsable de las acciones militares encubiertas del país en el extranjero. Combatió duramente a ISIS, haciendo alianzas con Hezbolá (Líbano) y Hamás (Palestina). Eso no es de extrañar: para combatir a ISIS, países en franca enemistad como Irán, Rusia, EE UU y Turquía tuvieron que aliarse. Poseía la confianza del ayatolá, a quien reportaba directamente. El régimen de Irán es islámico-chiíta. El de ISIS, es islámico-sunita. Ambos se han combatido con ferocidad. En ese sentido, fue un asesino brutal: cientos de sunitas, incluso civiles, murieron bajo su autoridad.

La reacción iraní no se hizo esperar. Por televisión pudimos escuchar parte del discurso de la hija de Soleimani asegurando “un día oscuro” para los EE UU y, enseguida, la retaliación, delatada con al menos hora y media de anticipación. Las bajas americanas fueron nulas.

Pero, desgraciadamente, hubo bajas en el lugar menos esperado. Un Boeing 737 de Ukraine International se estrelló pocos segundos después de despegar del aeropuerto Jomeini, de Teherán. Luego de tres días de negaciones y evasivas, el gobierno iraní admitió que se trató de un derribo “accidental”. ¿Puede haber sido accidente disparar, luego de al menos, pasadas dos horas del bombardeo? Lo más probable es que, tensos y temerosos, pensaron que era un contraataque y, sin cerciorarse de qué se trataba, dispararon, acabando con la vida de 176 civiles.

La mayoría de las víctimas eran iraníes, pero también ucranianas, alemanas, inglesas y canadienses. Ahora bien, se trata de canadienses de origen iraní. Así que Canadá presiona, pero los deudos de los caídos están allá, en Irán. Y el gobierno iraní, ya tan ahogado en deuda económica y social, persiguiendo una mítica guerra antiimperialista, ahora se enfrenta con la presión de los suyos, que piden “muerte a los asesinos”. Esa confrontación con los suyos, esa implosión para la caída del régimen teocrático chiíta, me parece sea el plan original americano. Pero ha sido jugar con fuego. Y con la vida. 

Tal vez Jomeini sea ahora menos primario y lo piense dos veces para volver a atacar pero, ¿qué pasa si decide, más bien, desviar la tensión interna, provocando una guerra externa para aglutinar a la nación en torno a un ideal nacionalista? El Señor tenga misericordia de nosotros. 


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