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Redacción

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Una difícil y necesaria lucha


  • 01.12.2020 - 12:00 am

La lucha contra la corrupción enfrenta más obstáculos en contra que elementos a favor. Por eso será una misión muy difícil de cumplir con efectividad, aunque nunca como ahora se percibe como necesaria, para evitar el fracaso del orden social de la nación dominicana.

Ese combate debe darse en dos planos: el plano del sistema judicial donde deben operar eficazmente el Ministerio Público y los tribunales de la justicia, los cuales deben operar con toda profesionalidad, apegada al “debido proceso”; y el plano del desarrollo económico y social, para el cual los gobiernos deben implementar estrategias y políticas públicas que fomenten las condiciones para que la mayoría de la población busque en la institucionalidad del mercado su logro y realización individual y de grupo, de modo que sea el mercado y no en el Estado el espacio en el que la gente común espera realizar su vida.

Mientras la gente crea que su carrera de éxito se obtiene alcanzando posiciones públicas dentro de un Estado desorganizado sin mecanismos de regulación y sin un régimen institucional de consecuencias a través de la Justicia, esa expectativa conduce necesa­riamente a un estado de corrupción, ya que la corrupción da lugar a la aplicación de múltiples prácticas para la apropiación privada de los recursos públicos de parte de aquellos que asaltan los cargos públicos y privatizan las funciones del Estado.

De esa manera esos así beneficiados logran no solo ascender en la escala social a través de la movilidad, sino que se convierten en clase gobernante alcanzando posiciones de dominantes, con lo cual pasan a controlar todas las esferas institucionales del Estado, incluyendo los mecanismos de la Justicia, para lograr su protección y el estado de impunidad, para cubrir los ilícitos económicos a los que con frecuencia recurren en esa enloquecida carrera.

Ese proceso quedó claramente delineado en los gobiernos del PLD, cuyo dominio político parecía invencible, hasta que las facciones de clases que surgieron a lo interno del partido encabezadas por sus dos caudillos, dividió el partido creándose la condición necesaria para perder el poder y a la vez quedar desplazados como clase.

En ese contexto, pues, la lucha contra la corrupción no es solo una persecución para enjuiciar a los sindicados de corruptos, sino una operación mediante la cual una clase gobernante desplaza a otra del poder, teniendo ahora el nuevo partido de gobierno la oportunidad de convertirse en la nueva clase gobernante y dominante. La persecución de la corrupción le ofrece al nuevo grupo en el go­bierno, esa  oportunidad de convertirse en la nueva clase gobernante. 

Esa perspectiva dependerá de su capacidad de comprender la dialéctica de la historia y de la lucha de clases detrás de la misma. De no entender el nuevo partido de gobierno los fundamentos del régimen capitalista y de su correlato democrático, bien podría fracasar en ese intento, como ya le pasara al PRD, y facilitar así el retorno de los desplazados ya sea de una u otra facción en que se dividió el PLD.

La lucha contra la corrupción sistémica, es pues, una misión sociológicamente difícil y requiere de una visión holística y estructural del fenómeno de la corrupción.

¡Qué se ponderen las perspectivas que abre el combate a la corrupción!   


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