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Luis Alberto De León Alcántara

Luis Alberto De León Alcántara


“Tres causales si, aborto libre no”


  • 29.04.2021 - 12:00 am

Dicen en el lenguaje común que “después que se inventaron las excusas todo el mundo queda bien”. Lo mismo está pasando con el debate que se está efectuando en el Congreso Nacional sobre si se despenaliza el aborto o no. Y como estamos en la época del populismo democrático, en la era de la exigencia de los derechos sociales y la ignorancia de los deberes humanos, es fácil ver cómo una gran cantidad de personas se empeñan en defender con uñas y dientes, gastando incluso sus energías en probar que existen motivos y razones suficientes y justificables para no permitir que una vida llegue a este mundo, amparándose en este caso, en tres causales: la malformación del niño, cuando una madre es violada o cuando peligra la vida de la madre. 

Parece ser que los abanderados de los “derechos democráticos” piensan que el ejercicio de la libertad conlleva la eliminación de la vida sin importar el precio que se tenga que pagar. De aquí que no nos puede resultar extraño que todavía encontremos personas que afirmen que como nos encontrarnos en pleno desarrollo social, ya eso es suficiente para luchar a favor del aborto, pero dichos individuos se les olvida, que los cambios siempre deben hacerse a favor del ser humano, no en contra.

Es curioso, la gente suele decir que estamos en la modernidad, en la era de la tecnología, en los grandes avances de la humanidad. Y es verdad que lo estamos. Sin embargo, en la actualidad, observamos que se abusa de esta expresión para dirigir la preocupación humana en buscarle soluciones a los problemas complejos de manera superficial y caprichosa, olvidando que a la larga esa solución genera otros problemas mayores. 

Es una ironía la aclamación, “tres causales sí, aborto libre no”, porque en el fondo sabemos que no hay razones para terminar con una vida. Tampoco puede haber argumento válido y sólido para anunciar contra viento y marea que un niño no tiene derecho a nacer porque se presentó un dilema con su madre y apoyarse en esto, decidir acabar con su existencia. La vida no tiene precio ni mucho menos comparación. No podemos tratarla como cosa ni mucho menos como objeto, porque su autor es Dios, aunque se quiera negar esta verdad.  

No nos dejemos llevar de una cultura de muerte empañada con un pensamiento liberal que, en vez de priorizar la dignidad de un ser humano, promueve antojos ideológicos. Entonces, para ser justos con los principios morales y éticos, gritemos todos a viva voz: “causales no, derecho a la vida sí”. Tenemos que poner todo el esfuerzo y la voluntad posible para restablecer un pensamiento humanizador, no destructor. Diseñar un mapa optimista que pueda contrarrestar toda ideología que pretenda colocar cualquier cosa por encima de la existencia humana. Por consiguiente, es bueno reflexionar la siguiente cuestionante, ¿por qué si somos capaces de pensar en causales, no debería también mostrarse el mismo empeño para decidirnos en la defensa de la vida? 


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