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Pedro Mendoza

Pedro Mendoza


Toque de queda y el comportamiento humano


  • 16.11.2020 - 12:00 am

¿Es que acaso los dominicanos somos los ciudadanos más brutos del mundo por ser los más reacios a cumplir disposiciones de Estado con el fin de evitar el contagio de una enfermedad que ya ha matado a 2.300 de los 130 mil afectados? No, nada de eso.

Frecuentemente, olvidamos que toda acción o hecho que ejecutamos constituye una conducta. Buena, mala o disparatada, pero es una conducta ya sea individual o del grupo. Las personas y los grupos tienden, de manera casi natural, a dejarse influir por el comportamiento de otra persona o  de otro grupo. Por eso, un joven completamente incapaz de romper una persiana para robarle a un vecino, si la persiana ya tenía un hueco y ve que otro joven se metió primero, aquel  muchacho educado y medio santurrón, no dudará en entrar y llevarse algo. 

Por otro lado,  recordemos lo que plantea León Festinger (1919—1989),  sin duda el más famoso y leído sicólogo social del siglo 20: “Los individuos evalúan sus propias opiniones y capacidades, reducen sus dudas en su ámbito social y aprenden a definirse a sí mismos” [Teoría del proceso de comparación social, 1954]. 

Por eso, aunque se impongan determinadas restricciones sociales tendentes a la modificación de conductas, como por ejemplo, la restricción a la circulación después de las 9:00 P.M y la “juntadera” de grupos de amigos para tomar tragos, bailar y cherchar, cuyo propósito es evitar el contagio de una enfermedad,   las personas tienen la capacidad de cambiar sus opiniones, pero si existen elementos, llamémosles  “elementos psicosociológicos”, que imposibiliten el cambio de comportamiento u opinión, entonces la gente intenta una y otra vez, violar las restricciones porque eso que llamo “elementos psicosociológicos”, se refiere a que la gente desarrollada cognitivamente en una cultura determinada tiende a acentuar, a guiarse, a conducirse de acuerdo a los propios valores, hábitos y costumbres de esa sociedad particular. Pues los valores y costumbres de una cultura no son como los valores artísticos que casi siempre quedan sujetos a lo estético.  Los valores y costumbres de una cultura son forjados a partir de nuestros pensamientos, experiencias, actitudes, percepciones, aptitudes  y creencias. Y todos sabemos que las actitudes y creencias humanas son “funcionales”, es decir, hago tal cosa porque creo que ‘funcionará’ bien para mis propios fines personales. 

Miles de ciudadanos creen que es pura necedad del Ministerio de Salud y la Policía Nacional, restringir todas las noches, mediante un toque de queda, la circulación, la “juntadera” y el  “compartir con una amiguita hasta la medianoche” como una manera “sana” de reducir el estrés impuesto por la pandemia. Y para justificar el quebrantamiento de la restricción, la gente echa mano de un fenómeno sicológico llamado “disonancia cognitiva”, el cual consiste en que la persona, a fin de justificar su violación a una restricción, inventa todas las pruebas que, según ese ciudadano, el toque de queda se puede violar porque no tiene razón de ser. Esto es una disonancia cognitiva porque la persona cree que únicamente es correcta su propia información, su propia creencia, mientras que toda información o creencia contraria a la suya, lo que cree la Policía y el Ministerio de Salud, es incorrecta o no sirve. 

Quien piensa de esa manera se engaña a sí mismo y todo autoengaño es perjudicial. Usted piensa que la “juntadera” con el grupo o el compartir con una amiga que está buenísima, no tiene por qué contagiarlo de COVID-19 ya que se trata de una “diversión sana” y “las diversiones sanas no matan a nadie”. Al pensar  así, usted no se da cuenta que  lo que está haciendo es una “racionalización” de su creencia y las racionalizaciones son mecanismos de defensa para justificar nuestro mal comportamiento. Usted  no intuye que uno o dos de sus amigos pueden estar infectados pero con escasos o ningún síntoma, o  que la hembrota que disfrutó también pudo estar infectada y contagiarlo y usted morir tres semanas después. 

   Entre nosotros es predominante  el comportamiento de la autosobrevaloración social frente a toda autoridad policial o política  porque tendemos a compararnos socialmente con el otro y toda comparación social tiene el potencial de desencadenar resistencia y agresividad hasta que el otro reconozca “lo que yo creo que soy”.   Ahí está la razón de por qué mucha gente que viola el toque de queda enfrenta a la Policía y también el porqué tantos periodistas o comunicadores sociales buscaban y buscan como locos la adquisición de una escolta policial o militar por parte del Gobierno de turno. 


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