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Maricela Ortiz

Maricela Ortiz


¿Tiene sed?


  • 04.08.2020 - 12:00 am

El Salmo 42 muestra una símil tomado de la naturaleza, para enseñarnos que así “como el ciervo brama por las corrientes de las aguas”; igual nos pasa cuando tenemos sed del Señor; en este sentido, el aullar y tronar del ciervo se compara con el clamor de nuestra alma cuando descuidamos nuestra vida espiritual. Estos tiempos están trayendo fuertes desequilibrios emocionales, lo cual es letal para la vida espiritual, debido a que nos desenfocan del propósito; creando incertidumbre, al punto de no saber discernir. El estar ansioso produce afán, y el mucho afán ahoga la Palabra en nosotros y merma nuestra fe; y es entonces, cuando sentimos sed. “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.” v. 1   “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo” v. 2  

Cuando el alma clama, tiene un solo antídoto, Cristo. Es ahí donde tenemos que reconocer que necesitamos venir ante al trono de la gracia y doblar nuestras rodillas e intimar con el Señor por medio de la oración y de la Palabra; y si es necesario, ayunar para doblegar el alama y desintoxicarla de la hostilidad. No permitamos que la realidad existente de lo que está aconteciendo en el mundo nos robe la esperanza y la fe en Cristo. Abraham, nunca vio su condición ni la de Sara, más bien, se enfocó en Aquel que le hizo la promesa. Pongamos nuestra mirada en las cosas eternas.  

Amados, es nuestra campaña espiritual exhortar a los hermanos a permanecer en Cristo, a que sean diligentes en su comunión con el Señor, a que se mantengan en oración, a que logren hábitos de lectura en las Escrituras,  para que por medio de la misma aprendan a recibir del Señor el alimento espiritual que su alma necesita. Estar en Cristo significa dependencia total de Su gracia; sencillamente porque el Padre nos ha trasladado al reino de su amado Hijo. El que no tengamos que alzar nuestras miradas a los montes, por ser ese monte Cristo, el cual nos habita, no significa que no experimentemos sequía espiritual. No hay nada más abrumador y que traiga más inseguridad y desasosiego que la falta de ejercicio en la práctica; por tanto, es tiempo de incorporarnos y poner al servicio de la obra de Cristo nuestro dones y talentos.  

Al experimentar sed, muchos hermanos corren de aquí para allá buscando esa necesidad de ser saciados, y se alejan, sin entender que el problema no es la casa de fe, ni la Palabra que se exhorta (en muchos casos), sino más bien, que su problema radica en que su relación con el Señor se detuvo en un punto de su vida. Por tanto, no es desesperarse ni correr, más bien, es detenerse y volver al habitad en oración, y, aunque el alma no quiera, oblíguela a quedarse, y que alabe al Señor, y en ese llorar y balbucear, nuestro espíritu se conectará al Espíritu, Quien siempre estuvo allí,  siendo este momento glorioso porque comenzamos a recibir signos vitales de que estamos volviendo a la vida espiritual a la cual pertenecemos, la presencia del Señor. Cada especie sobrevive en su habitad, razón por la que nosotros como hijo de Dios tenemos que entender que aunque estamos en el mundo no somos del mundo.  

No ignoremos la obra del Espíritu Santo en la edificación del cuerpo de Cristo. Leamos con detenimiento: “Le pido que, por medio del Espíritu y con el poder que procede de sus gloriosas riquezas, los fortalezca a ustedes en lo íntimo de su ser, para que por fe Cristo habite en sus corazones. Y pido que, arraigados y cimentados en amor.” Efesios 3:16-17 | NVI|  “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.” 2 Corintios 3:17  “¿Cómo sabemos que permanecemos en él, y que él permanece en nosotros? Porque nos ha dado de su Espíritu. 1 Juan 4:13 | NVI| “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?  Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.” 1 Corintios 6:19-20   

Cuando sintamos sed, detengámonos y pensemos que, lo que necesitamos es presentarnos ante el trono de la gracia, y allí a solas con Señor, hablemos con Él, y expresémosle aquellas cosas que no entendemos y que nos están ahogando; es verdad que muchas veces no sabemos el  por qué nos sentimos así, pero el punto aquí es accionar, y una vez en oración dejarnos guiar por el Espíritu Santo, Quien nos guiará en oración. Es entonces cuando comenzamos a experimentar lo que dice Romanos 8:26-27  “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.”  

¿Tienes sed? La palabra nos dice qué hacer: Presentarnos delante de Dios. “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios? V. 2. Hoy es el día de buscar al Señor de ir y sentarte con Él, acércate confiadamente y hallarás consuelo, esperanza y sobre todo paz y quietud a tu alma. No permitas que tu alma siga abatida; Dios no se ha olvidado de ti; por eso el Señor te dice hoy: “¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.” v. 11 Leer Salmos 42. ¡Ve, y habla con tu Padre!  


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