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Rafael A. Escotto

Rafael A. Escotto


“Te ayudaré en todo lo que necesites”


  • 16.11.2020 - 12:00 am

“No voy a ser el presidente que divida, sino el que una. Nuestros oponentes no son nuestros enemigos, son estadounidenses”, Joe Biden.

Con esta frase del expresidente George Busch, Jr., del Partido Republicano al presidente electo Joe Biden, hay en ella una contribución valiosa que va más allá de lo psicológico. Tiene un fuerte contenido político y otro social que tiende a tranquilizar las pasiones que se salieron de su cauce durante la campaña electoral que acaba de definir al ganador de las elecciones en los Estados Unidos, pero aun así no se ha podido resolver la intransigencia que está poniendo el virtual candidato perdedor Donald Trump a aceptar su derrota. 

Como se ve, una campaña que ha fragmentado a la sociedad norteamericana, no solo entre azules y rojos, además entre blancos del Sur y negros e hispanos pobres del Norte quienes luchan por mejores condiciones de vida y de trabajo ha revelado los estados de pobreza, de injusticia social, de discriminación racial y las contradicciones ideológicas que subyacen dentro de la sociedad norteamericana.

Mientras más dure esa obstinación del actual incumbente de la Casa Blanca a no reconocerle el triunfo al candidato electo Joe Biden, más se profundizará la división social, la lucha racial y en tal medida el desarrollo socioeconómico y la unidad que se precisa para lograr estos objetivos humanos se retardarán en el tiempo y, al mismo tiempo, las tensiones sociales harán más difícil una unión verdadera del pueblo norteamericano.

Mientras que la vicepresidenta Kamala Harris se ha convertido en la primera mujer en ocupar este cargo en la historia del país, expresó: «Seré la primera, pero no seré la última», con lo que quiso sugerir que detrás de ella podrían surgir en el seno de la sociedad norteamericana otras mujeres inteligentes con las mismas oportunidades que ella. 

¿Qué hizo que apareciera en la contienda electoral la candidatura de la Harris? Creo que la muerte de George Floyd, un hombre negro de 46 años, mientras estaba bajo custodia de la policía de Minneapolis fue el factor principal, pero no el único, como sería la búsqueda de un equilibrio válido o de contrapeso social y político que le de a la sociedad sentido de ecuanimidad o de imparcialidad de juicio y de justicia.

Esta muerte de Floyd exacerbó la ira en la comunidad negra y de ella surgieron las protestas que intranqui-lizaron a toda la sociedad norteamericana, incluyendo al propio presidente Trump, quien dijo «estar preocupado» tras ver las "atroces y espantosas" imágenes del asesinato ocurrido aquel lunes y que había exigido que la investigación tuviera máxima prioridad. Sin embargo, esos sentimientos llegaron tardíos al seno de la sociedad puesto a que ya el furor del pueblo de Mi-nneapolis se había extendido a otras ciudades y pueblos sin poderse detener su fuerza y su crecimiento. 

No creo, por otro lado, que la intención del presidente Trump haya sido jugar a la división de la sociedad norteame-ricana, no obstante, sus consignas y su rostro ácido durante la campaña alentaron, quizás sin proponérselo, estados explosivos entre sus seguidores sin encontrar ningunos de sus asesores políticos que le dijera que tenía que modificar el tono de sus consignas. 

No obstante, a la cantidad de votos conseguido por Trump, no fueron suficientes para mantenerse en el poder, toda vez a que la estrategia del Partido Demócrata fue haber ordenado el voto por correo aprovechando la pandemia del Covid-19 que impedía la aglo-meración de personas y, por tanto, la contaminación. El mapa se tiñó de azul en lugares que el voto presencial en sus inicios lució republicano. El retraso en la llegada de los votos a los centros de conteos fueron mayoritariamente de Joe Biden y terminaron dándole el      triunfo al candidato Demócrata.

Al parecer, desde que Trump ascendió a la presidencia su tarea fue utilizar las falsedades, medias verdades y el miedo cruel para crear en la población una escisión que al mismo tiempo sirviera para sembrar la desconfianza en las instituciones electorales y contra el liderato político tradicional.  Podemos decir, que esta estrategia política de Trump de alguna manera produjo sus efectos positivos, hasta el grado que generó una contienda electoral que llegó al final con unos pocos miles de votos a favor de Biden.

Desde el comienzo del escrutinio Trump apostaba a denunciar la falta de confiabilidad en el proceso electoral lo cual fue otra de sus tareas, pensando en que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad, atribuida al jefe de campaña de Adolfo Hitler: Joseph Goebbels, reconocido por su relevancia en el proceso de ascenso de Hitler al poder y por el impacto de sus estrategias mediáticas en la creación de la identidad antisemita. 

Esa táctica del equipo de campaña de Trump le fue enajenando el apoyo de su propio partido, toda vez a que ello implicaba una ruptura con el concepto de institucionalidad constituido por creencia, ideas, valores, principios, re-presentaciones colectivas, estructuras y relaciones que condicionan las conductas de los integrantes de una sociedad. 

Interpretando a Piu Daeza, en un ensayo sobre La democracia en Chile, este explica que «Lo institucional supone un proceso sistemático de consolidación (permanencia y uniformidad) de conductas e ideas a través de medios e instrumentos (organizaciones y normas) para alcanzar un fin social, cuya expresión práctica se asimila como valores.» ¿Era o no la intención de Trump lograr una desconstrucción o desmonte del cerebro de los ciudadanos estadounidense presentando contradicciones y ambigüedades increíbles para evitar que piensen con objetividad?

Ningunos de los alegatos de Trump de que, por ejemplo, el conteo de votos intentaba robarle las elecciones o que se estaban contando «votos ilegales» no pudieron comprobarse. El triunfo de Joe Biden se consiguió con el resultado en Pensilvania, que le concedió 20 electores y luego se le sumaron seis de Nevada. Finalmente, me hago eco de un artículo publicado desde Wa-shington por la periodista Yolanda Monge, refiriéndose al control del senado en el Estado de Georgia dice:

«En unas elecciones en las que ha habido que esperar desde el martes 3 de noviembre hasta el sábado para saber quién ocupará la Casa Blanca, los líderes del Congreso han entrado —sin desearlo— en una dinámica de incertidumbre parecida. Cada uno parece sentirse ganador cuando quedan resultados por llegar y escaños que ocupar. Algunos, como los dos asignados al Estado de Georgia para el Senado, se verán abocados a unas elecciones extraordinarias el 5 de enero por no haber superado ninguno de los candidatos el 50% de los votos.»

Aun con la división existente en la sociedad norteamericana, el país al paso de la algarabía creada por esta campaña electoral logrará conciliar sus diferencias políticas y de actitud surgidas durante el sufragio electoral volviendo gradualmente a retomar el ritmo de su vida democrática, de desarrollo socioeconómico y de grandeza que ha caracterizado a esa sociedad y de cuyo poderio el pueblo norteame-ricano habrá de sentirse orgulloso.


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