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Luis García Dubus

Luis García Dubus


¡Tan pequeñito, tan inmenso!


  • 11.01.2020 - 12:00 am

Sobre el evangelio de San Juan 1, 1-18 

Dios pudo elegir otra forma de manifestarse si lo hubiese deseado.  Piense en la tremenda energía que pudo haber desplegado, la luz que pudo haber proyectado, un trillón de veces más brillante que la estrella más grande.

Toda la energía nuclear de la tierra junta no hubiera sido más que una basurita comparada con la fuerza explosiva producida por su llegada. Pero nada de esto ocurrió.

Lo que ocurrió, es que un ser pequeñito, indefenso, recién nacido entre el mal olor de un establo cualquiera, en un impresionante silencio.

 “Señor, ¿qué te hizo tan chiquito?”  Preguntó San Bernardo de Clairvaux insistentemente en silenciosa meditación durante largo tiempo.  Y en medio de un éxtasis recibió un día la respuesta: “¡Fue el amor!”

Volviéndose un ser humano igual a nosotros, Cristo estableció una relación personal e íntima con cada hombre y cada mujer.  “Toda la energía de ese ser humano – divino,” dice T. Keating, “está dirigida a un único fin: ganarse nuestro amor” y añade: “¿Cuál es el secreto de la energía divina encapsulada en el corazón de un niñito en Belén? ¡Es Amor!”

Ese amor no se descubre en medio del ruido y de la bulla, sólo se percibe en el silencio.

Permítame repetir esta idea: este amor sólo se descubre en el silencio.

En ninguno de los evangelios se conserva una sola palabra dicha en Belén.  Sólo se nos dice que “María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.” 

LA PREGUNTA DE HOY 

¿Cómo hacer este silencio? 

“No es al pie de la cruz donde puedo estar más cerca de ti, Señor, es quizás arrodillado de asombro ante tu camita, ante ese Dios – niño que acaba de nacer”. (François Mauriac, premio nobel en 1952)

“Lo que me atrae a tu cuerpo adulto-torturado, crucificado, y atravesado con una lanza es el parecido al mío.  ¡Oh Cristo triste, en el cual me busco a mí mismo…!  Dame hoy la gracia de detenermefrente al pesebre, y postrarme ante tu Infinito Ser, totalmente capturado en un cuerpo pequeñito y vulnerable.

Detenerme frente al pesebre... postrarme ante Dios capturado en un cuerpecito...

Pienso que si no hago esto este año, perderé de nuevo el significado de todo, tal como pasa año tras año

Así que, amigo, amiga, deténgase, escápese, escóndase un rato, huya de la “fiesta” en la que nadie sabe lo que está celebrando, y dedique quizás una hora al silencio, como María, como todos en Belén.

Entonces quizás “despierte” a una realidad que nunca antes había visto... y estas Navidades valdrán la pena, quizás por primera vez.


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