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Redacción

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Suspensión de elecciones


  • 09.04.2020 - 12:00 am

En medio de la prioridad que ha impuesto la pandemia del coronavirus, sectores políticos manifiestan la inquietud sobre la celebración de las próximas elecciones, las cuales están fijadas  constitucionalmente para mediados de mayo. Las mismas darán paso al cambio de mando político previsto para el 16 de agosto. La propia JCE ha ido dando los pasos para la preparación de ese esperado evento y eso es comprensible porque esa es su obligación.

Sin embargo, ha cobrado fuerza la idea de la posposición de las elecciones, dada la situación de emergencia y semiparalización que vive el país por efecto del coronavirus. Prácticamente hay un consenso entre las principales fuerzas partidarias, en el sentido de que no será posible celebrar las elecciones para el mes de mayo y se discuten posibles fechas para la primera y la eventual segunda vuelta.

Lo principal, sobre este debate es que las fuerzas partidarias y la JCE tomen la decisión en consenso de posponer las elecciones de mayo y acordar las nuevas fechas, de modo que sus resultados permitan la transmisión del mando constitucional en la fecha del 16 de agosto.

Para llegar a ese acuerdo las fuerzas partidarias deben tomar en cuenta que el país está transitando por una grave crisis sanitaria que debe mantenerse como la prioridad número uno de toda la sociedad nacional. Asimismo, esas fuerzas partidarias deben llenarse de racionalidad y sanidad mental y dejar atrás la tentación tradicional que favorece las malas prácticas que se derivan de la malicia y las malas mañas, que propenden a la violación de las normas legales y formales establecidas en la Constitución y las leyes, así como en las “buenas costumbres”. 

Con ese espíritu esas fuerzas partidarias deben acordar la posposición de las elecciones y fijar las nuevas fechas que aseguren la continuidad constitucional. No obstante, esas fechas pueden considerarse ideales, ya que la evolución de la pandemia en el país podría imponer un “estado de necesidad” que haga imprudente e imposible la celebración de las elecciones antes del 16 de agosto.

Esa eventualidad indeseable debe llevar a la inteligencia política a plantearse no solo las fechas como criterios para el debate, sino también las modalidades que hagan posibles y factibles la celebración de tan importante actividad. Esas posibles modalidades deben organizarse de tal manera que reduzcan el riesgo del contagio del coronavirus, tal como lo están haciendo los bancos y las grandes cadenas de supermercados, los cuales han organizado el servicio a sus clientelas, tomando todas las medidas administrativas y técnicas para evitar el contagio. 

La realización de elecciones bajo modalidades que protejan al elector del riesgo de contraer el virus, podría evitarle a la nación que la crisis sanitaria no se eleve al plano de la crisis política, con lo cual se complicaría aún más el panorama dominicano. 

Las elecciones de mayo que deberán posponerse, no deben dejarse de celebrar, pero no pueden promover una movilización ciudadana que recrudezca el contagio y la expansión del coronavirus. Su celebración no debe quedarse indefinida, precisamente para evitar la profundización de la crisis.

¡Qué se debatan, pues, las fechas y modalidades para las elecciones!   


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