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Luis Alberto De León Alcántara

Luis Alberto De León Alcántara


Somos la gota de agua de Dios


  • 20.03.2019 - 07:58 pm

Nos encontramos en un mundo donde cada vez más crece el egoísmo y el pesimismo. Aparentemente todo indica que el mundo estará peor. La indiferencia continúa ganando terreno. Las personas suelen preocuparse única y exclusivamente por sus vidas. Algunos se cansaron de hacer el bien, otros simplemente se dieron cuenta que no vale la pena complicarse mucho por los demás. Por lo que dada esta situación, podemos decir que todavía sigue vigente la expresión conocida, “sálvese quien pueda”. Y Thomas Hobbes, en su obra El Leviatán, nos dirá que “El hombre es un lobo para el hombre”.
   
Sin embargo, si el caos se apodera de nuestra sociedad, entonces dejaremos de ser seres de esperanza. Se perderá nuestra esencia y lentamente nos iremos destruyendo a unos a otros. Ya lo decía el gran libertador de la India, Mahama Gandhi, “Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego”. Si el odio y el rencor se vuelven la bandera de nuestra libertad, el motivo por el cual se lucha en el mundo, significa que se nos ha olvidado el propósito por el cual Dios nos puso aquí en este lugar del Universo.
   
Ahora bien, no podemos hacernos los ingenuos y pensar que todo se va arreglar de forma automática o por arte de magia, porque siendo realista y razonable, los verdaderos cambios no suceden de esta manera. Las grandes transformaciones comienzan por las pequeñas revoluciones, con planes sencillos, concretos y definidos. En otras palabras, las cosas avanzan de lo peor a lo mejor, cuando reconocemos que lo poco que hacemos es mucho, donde no existe nada. Es decir, que cada ser humano es una luz, una chispa que puede encender poco a poco a los demás.
   
El optimismo no ha pasado de moda. El hacer el bien, los sublimes principios y la moral, no tienen fecha de vencimiento. Todavía se puede hacer más de lo que pensamos, solos nos hace falta voluntad, dirección clara y firme. Hay que dar todo por el todo, pese a que pensemos que es insignificante lo que hacemos. Y si llega tal actitud, recordemos lo que expresó la santa, la madre Teresa De Calcuta: “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota”. Lo que quiere decir que somos parte de esa gota que mantiene viva a la humanidad.
   
Por eso, tenemos un gran reto por delante: no dejar que nada ni nadie nos quite el deseo de ser la gota de agua de Dios. Porque gracias a que aún existen personas bondadosas, que se preocupan por las necesidades de otros, se puede seguir calmando la sed de tanta gente hambrienta, no solo de pan sino de justicia y de bienestar social. Por consiguiente, podemos hacerle sentir a los que se dedican al engaño y al mal, que mientras Dios no se mude de lugar y la conciencia siga gritado en nuestro interior, no habrá espacio para quedarnos callados y anestesiados.


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