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Maximiliano Taveras

Maximiliano Taveras


Ser humilde es ser feliz


  • 30.11.2019 - 12:00 am

“Padre dame un corazón humilde como el tuyo.”

La humildad es una virtud existencial que consiste en conocer nuestra bajeza y miseria y proceder en conformidad con este conocimiento. Es una persona sumisa y obediente.

En este mes de septiembre dedicado a la Biblia, no debemos actuar llenos de falencias haciendo creer una cosa cuando en realidad nos engañamos a si mismos. La humildad es una actitud, una manera de entender y vivir la vida que hemos recibido de Dios, de manera gratuita y desinteresada que nos ha de llevar a no creernos superiores a los demás, por nuestra posición social, los puestos o cargos que ocupamos, las tareas que realizamos y las habilidades que podamos tener. Lo que hemos recibido es siempre para ponerlo al servicio de los demás y para tomar conciencia de que Dios siempre nos otorga los dones que poseemos por pura iniciativa suya. Sobre esto debemos meditar. Lucas nos dice, a partir de la parábola de la invitación a la boda, nos sitúa de nuevo frente al tema de la humildad.

En nuestro quehacer cotidiano, cuantas veces hemos observado que algunas personas se afanan en ocupar un sitio de preferencia sin haberlos llamado, violando el protocolo y desconociendo la parábola de la invitación a la boda, pues avergonzado irás a ocupar el ultimo puesto. Al contrario, cuando te conviden, vete ha sentarte en el ultimo puesto para que cuando llegue el que te invitó, te diga: amigo sube más arriba. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. Nos dice la palabra que cuando dés una comida o una cena, no invites a los amigos, a los hermanos ni a tus parientes, ni a los vecinos; porque corresponderán invitándote y quedarás pagado. Cuando dés un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú por que no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos. (Palabra del Señor).

En nuestro medio aparecen muchas personas pedantes, arrogantes e indelicadas que faltan a la humildad desconociendo que sólo el hombre humilde es sabio, pues esta virtud es la madre de la sabiduría y dándose en el pecho dice ¡yo soy licenciado!  ¡yo soy licenciada!, sin darse cuenta cae en el error de demostrar ignorancia, pues le falta el don de la humildad. Se puede dar como un hecho que estas personas no sostienen un tema por tres o cuatro minutos en el área de la disciplina que han sido graduados. Le hace falta conocerse así mismo. Usando la filosofía socrática, nos relata la Historia Universal que Creso Rey de Lidia, famoso con sus fabulosas riquezas, mandó a buscar al filósofo griego Solón para que les dijera cuál era el hombre mas feliz del mundo. El filósofo le contestó que no hay hombre feliz hasta el día de su muerte. El Rey de Lidia fue vencido por Ciro rey de Persia en (1546 a.c) y condenado a morir en la hoguera, al ser llevado al fuego exclamó: ¡Solón, Solón! Tú estás en lo cierto. 

No hay mayor felicidad que llevar en el corazón y poner en práctica la humildad si queréis asistir al banquete del Señor. 

El autor es educador y exsecretario del Instituto Duartiano, filial de Santiago.


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