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Rafael Octavio Lantigua

Rafael Octavio Lantigua


Ser feliz a media, o ser libre


  • 07.07.2020 - 12:00 am

La lucha por la sobrevivencia y los vericuetos de la inseguridad y los intríngulis que diezman la salud como el desequilibrio de las desigualdades, son un hermético nudo y una madeja de espirales que socaban la estabilidad y traen consigo la perturbación y la incertidumbre  que coadyuvan a la perdida del rumbo sumándose  al flagelo de los vicios que se generan en gran parte por la delincuencia..

A medida que la población se infla y crece todo en desmedro del consumo, que llena los bolsillos y las arcas de los poderes, los mismos que sustraen  y canalizan las finanzas amasando fortuna para luego ser austeros.

La felicidad, echa alas y los bemoles que se generan salpican la estabilidad, con la secuela del capitalismo implacable y abrasivo y que solamente es consecuente con sus intereses.

La pobreza y explotación ha traidor consigo el trasiego humano como la ingrata esclavitud moderna, la explotación y el dominio de las leyes. A veces, las mismas, acomodaticia y timorata y sumisas.  Las  leyes son flexibles y benignas a los grandes ingreses bajo el pretexto de que dicha protección genera capitales, mano de obra pírrica, mediocres, en fomento de la riqueza.

Ahora mismo, actualmente, muchos sueñas en ser un pobre anacoreta aislándose,  en la tranquilidad de la naturaleza  en vez de pasar las de Caín desviviendo en un panorama incierto y bajo el rechazo humillante de países racistas diezmados de la rigidez y vergüenza, de la apatía y el desprecio.

El lastre y el monstruo de algunas mortales enfermedades, han cambiado protocolos culturales  y están arrastrando a ciertas fobias paranoicas  y hasta sicopatías desusadas que no están en nuestra sique de nuestro espectro.

Vemos como la excentricidad copa nuestro hábito ejerciendo duales ocupaciones para poder subsistir. La desesperación y vehemencia de nuestra diáspora indigna  por la forma como se confina y se menosprecia lo nuestro tanto en vida como la indignidad de los enfermos y cadáveres.

Si a dicha comunidad se le diera facilidades, seguro que la mayoría regresaría aunque sea para morir aquí en el patio, o echar la pelea acá. 

Pero no siendo un arrimado o un extraño, como los son allá.

Por la displicencia social , según expertos de la salud, están expuestos a perecer un tercio de la población mundial debido al fenómeno discurrente del Covid 19, que dicho sea de paso fue creado por el mismo ser humano para disminuir la población y así saciar ambiciones y tener dominio de la humanidad.

El cerebro es la marioneta que conduce el resto del cuerpo, por eso el hombre cuando se ve con poder quiere aplastar a los demás, castigando al prójimo, escogiendo lo peor.

Para la ingesta y contaminación politiquera, evite el virus y las pasiones, como la resaca del sueño, la tristeza, la profunda ansiedad, la tétrica depresión, y trate de no enclaustrarse y sea impertérrito frente al miedo.


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