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Hna. Verónica De Sousa

Hna. Verónica De Sousa


Septiembre, mes de la Biblia


  • 02.09.2019 - 07:36 pm

Iniciamos el “Mes de la Biblia”. Esta palabra viene del griego biblos. Significa: “los libros”. La Biblia no es un libro, sino un conjunto de ellos: 73 textos sagrados, una pequeña biblioteca; portátil, si se quiere… no solo por esa facilidad de llevarla físicamente de un lado al otro, sino porque sus palabras se llevan en el corazón.
  
La mayoría tiene una Biblia en su casa. Muchos la abren en un salmo particular “para que los proteja”. A ellos quiero aclararles una cosa: la Biblia no es un objeto mágico ni se usa de forma supersticiosa. A usted no lo protege un salmo o versículo, por hermoso y prometedor que sea. ¿Sabe qué es lo que protege? La Palabra de Dios que usted viva. Solo la Palabra de Dios, amada y vivida como verdad personal y familiar nos protege, nos da fuerzas y luz para el camino, nos orienta, nos consuela y fortalece. Nos da esperanza más allá de cualquier circunstancia. Dicho de otra forma: la que nos permite relacionarnos con Dios, como hijos amados. Porque eso es la fe: una relación y, relacionándonos, creemos, amamos y seguimos –es, decir, obedecemos–.
   
Hay muchas formas de acercarse a la Biblia. Hay quien busca en ella entretenimiento y encuentran páginas interesantes y páginas aburridas. Otros desean la exactitud cronológica de lo que sucedió. Hay quienes buscan ciencia o medicina. E, incluso, quienes quieren asegurarse su futuro leyéndola como un texto que adivina lo que está por venir. A estos últimos les digo que la profecía no tiene tanto que ver con lo venidero, sino con mirar el mundo con los ojos de Dios, según su corazón.
   
¿Cómo te acercas a la Biblia? Si eres creyente –si crees en el Dios de Jesucristo–, necesitas acercarte como discípulo. ¿Qué hace el discípulo? Primero, entra en relación. Pero en una relación desigual: el discípulo está allí para escuchar, para ser educado, corregido, enseñado. Entras en relación con esta Palabra que no es una palabra vacía, hueca –como lo es cualquier palabra humana desvinculada con Dios–. Si lees el texto divino desde la fe, encontrarás vivo a su Autor, al Señor de la Palabra, que te habla de forma personal. Y en esa relación de amor existe un darse recíproco: te donas a Dios, y Dios mismo se te dona, en una acogida amorosa y fiel que transforma tu vida y la de los demás.
   
Este doble carácter personal y comunitario es subrayado por la exhortación postsinodal Verbum Domini, Nº 86: “…la Palabra de Dios se nos da precisamente para construir comunión, para unirnos en la Verdad en nuestro camino hacia Dios. Es una Palabra que se dirige personalmente a cada uno, pero también es una Palabra que construye comunidad, que construye la Iglesia”. Espero que esto explique porqué nuestra bandera tiene en el centro la Palabra de Dios.
   
Mes de septiembre: que la Biblia no solo esté en el centro de nuestra bandera patria, sino en el centro de nuestras vidas y sociedad, dándole sentido y profundidad a la existencia.


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