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Rafael A. Escotto

Rafael A. Escotto


Señor Presidente, la tribuna es suya


  • 11.01.2021 - 12:00 am

«El principio del gobierno democrático es la virtud». (Montesquieu)

A raíz de anunciarse que el honorable señor presidente Luis Eduardo Abinader Corona le hablaría otras vez a la nación, personas desconocedoras del gran significado e implicación que supone gobernar un país, sin importar lo grande o poderosa o lo pequeña y subdesarrollado que sea, esas voces censuraban con sorprendente insensatez que el jefe de estado supuestamente le hablaba a su pueblo tantas veces y tan seguidamente, lo que para los críticos indicaba que se trataba de un deseo desmedido del gobernante de alardear y de tratar de fijar su nombre y su figura en el subconsciente de la masa.

El expresidente de los Estados Unidos Ronald Reagan, advirtió que «La primera obligación del gobierno es proteger a la gente, no dirigir sus vidas.»

Eso es lo que está haciendo el presidente Luis Abinader en esta etapa crítica, proteger a la gente, donde una pandemia está poniendo en zozobra la salud y la vida, no solamente de un país, las poblaciones mundiales están en vilo. El presidente no dejará que el país se aniquile en sus manos, como expresara en una ocasión Miguel de la Madrid, expresidente de México.

Los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) gobernaron fuera de crisis que pudiera molestar su ejercicio y esta particularidad le permitió, tanto a los expresidentes Leonel Fernández Reyna y al Licenciado Danilo Medina Sánchez, regir la nación a sus anchas, sin necesidad de verse obligados a recurrir a los estrados públicos para exponer sobre el comportamiento que debe observar tanto el gobierno como los ciudadanos frente a una tragedia. 

Solo a Danilo Medina le tocaron los inicios del COVID-19 y creo que hizo bien lo que tuvo que enfrentar, aunque otras cosas no fueron tan sanas que digamos.

Hay una frase de Hipócrates, el médico de la Antigua Grecia, que dice: «La enfermedad no nos llega de la nada. Se desarrollan a partir de pequeños pecados diarios contra la naturaleza. Cuando se hayan acumulado suficientes pecados, la enfermedad aparecerá de repente.»

Durante los años de magistratura del PLD, sin que con esto trate yo de hacer leñas del árbol caído en términos políticos, el podio solo se usó para darle riendas a la ostentación y para estrujarle en el rostro a la masa inculta una oratoria engalanada con rizos postizos para simular una  elocuencia grandiosa que la cabeza, si la poseía, y no lo dudo, era mezquina puesto a que solo despertaba curiosidad, similar a aquel mito de Medusa, en la obra de Ovidio, la sacerdotisa del templo de Atenea.

Fueron tantos los pecados que se apilaron durante más de veinte años de gobernanza peledeista que al presidente Abinader le ha tocado la pandemia del COVID-19  y sus secuelas, y ha sido tan severa y tan brutal a la vez, que su impacto ha afectado la vitalidad emocional y económica de toda la nación.

Es deber del presidente Abinader es apelar a las gradas públicas, como si fuera el emperador romano Constantino deteniendo la persecución de los cristianos, solo que esta vez el presidente trata de mantener al pueblo dominicano unido en la batalla contra una pandemia que intenta destrozar su salud, dándole con sus palabras paz y esperanza. 

Entiéndase, que este no es el escenario del agrado de ningún jefe de estado, sin embargo leyendo el autor de la obra ¨El principito¨, Antoine de Saint Exupéry: «El hombre se descubre cuando se mide con un gran obstáculo.»

Quizás a quienes les disgusta ver a un gobernante asumiendo su rol constitucional y moral con responsabilidad en una crisis de salud, les complacería ver a Luis Abinader acobardado, para decirle, como le manifestó el jurista, escritor y orador romano Cayo Asinio Pelión, a Cicerón: «¡Ojalá hubiera sido capaz de soportar la prosperidad con mayor autocontrol y la adversidad con mayor energía!»

El presidente está combatiendo el COVID-19 con las armas de la razón y la ciencia junto con los médicos, las enfermeras y enfermeros y debe hablarle a su pueblo cuantas veces las circunstancias así lo exijan para evitar que los trastornos emocionales que siempre acompañan las pandemias disminuyan sus efectos en la población.  

Se sabe que toda reclusión o aislamiento forzoso aun sea para frenar una epidemia y salvar vidas humanas suelen tener impactos psicológicos en la población afectada.

La escritora española Carmen Martin Gaite, Premio Príncipe de Asturias, quien tiene una obra histórica «El proceso de Mecanaz, historia de un empapelamiento» (1970) sobre el político del siglo XVIII Melchor de Macanaz y tiene otra obra literaria «El cuarto de atrás», con la cual obtuvo el Premio Nacional de Literatura, para que veáis el alcance de la soledad o el aislamiento, esta afamada escritora nos recuerda que: «El hombre es una multitud solitaria de gente, que busca la presencia física de los demás para imaginarse que todos estamos juntos.»

La crítica al presidente Luis Abnader Corona por sus continuos discursos, no son más que fruto de la envida de la cortesanía política y de los que aspiran a llevar puesto el traje y el cetro de emperador. 

Esta cultura me lleva a la obra poética satírica de Francisco Quevedo, el madrileño que enfrentó con gallardía a Luis de Góngora con sus sátiras. Hay unas frases de Quevedo, que me sirve en el colofón de esta recomendación al presidente Abinader para que continúe con sus discursos y que se olvide de los que envidian su pulpito: «La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come.» Señor presidente la tribuna es suya. 


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