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Maricela Ortiz

Maricela Ortiz


Seamos pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse


  • 10.12.2019 - 12:00 am

Todo el que quiera saber cómo fue creado el Universo, solo tiene que leer el capítulo 1 y 2 de Génesis. El hombre siempre ha tergiversado lo creado por Dios, porque el hombre carnal siempre busca hacer algo paralelo a lo creado. Dios creó al hombre con el propósito de hacerlo partícipe de Su propósito eterno, por tanto, fuimos creados para hacer la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” Génesis 1:26-27

En Cristo y como familia de Dios tenemos autoridad para ejercer lo que ya Él de ante mano nos asignó. Estamos llamados a gobernar, Dios nos capacitó. Toda autoridad es puesta por Dios, y solo se gobierna cuando se está bajo autoridad, porque nadie puede gobernar sin respetar las leyes y ordenanzas que demandan tomar decisiones, por tanto, se ejerce autoridad cuando se está bajo autoridad. Jesús mismos dijo lo siguiente: “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra.” “Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.” Juan 12:49

Todo lo que se nos ha dado debe ejercerse en la autoridad Divina, sabiendo esto, que los intereses del reino deben estar por encima de cualquier otros intereses. Como hijos de Dios, es importante estar claro también, en sujetarnos a las leyes establecida de la nación donde vivimos. Permítanme tomar un ejemplo tan sencillo y tan lleno de enseñanza (útil en cualquier ámbito) que nos invita a cumplir primero con lo establecido por Dios en Su Palabra y segundo, con las leyes establecidas que rigen la Constitución del país en el que vivimos. Leamos a Mateo 22:15-22

“Entonces se fueron los fariseos y consultaron cómo sorprenderle en alguna palabra. Y le enviaron los discípulos de ellos con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres. Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no?

Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario. Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen, y la inscripción? Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Oyendo esto, se maravillaron, y dejándole, se fueron.”

Los fariseos y herodianos, buscaban cómo sorprender a Jesús en algunas palabras, con la intención de tentarlo, pero Jesús sabía qué decir, cómo decirlo y cuándo decirlo. Es impresionante leer los Evangelios y detenerse en las Palabras de Jesús, siempre modeló una actitud de ecuanimidad y sabiduría. Las palabras de Jesús no eran sueltas, siempre discernía los pensamientos de los que se acercaban, el entorno, las preguntas, las actitudes, y Sus respuestas siembre fueron certeras y llenas de sabiduría y enseñanzas. De ahí esta sabia declaración: “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse;” Santiago 1:19

A veces somos tan dados hablar y responder todo lo que creemos que hay que decir y responder, y hasta hacerlo de manera mecánica sin pensar. Jesús conocía el medio social en que desarrollaba Su ministerio; Él sabía qué pensaban los fariseos, herodianos y gobernantes y los diferentes movimientos. Jesús siendo Dios se detenía a pensar y respondía con discernimiento, más que por Su Omnisciencia, lo hacía para enseñarnos a buscar la aprobación del Padre, donde el Espíritu Santo sea el que traiga las palabras precisas. En igual condición estamos nosotros, porque somos guiados por el mismo Espíritu, la problemática está en que confiamos demasiado en nuestros propios conocimientos y sabiduría.

Jesús como hombre se cuidaba de estos partidos que siempre buscaban hacerlo caer para ponerlo en contra del pueblo y de Roma, pero Jesús guardaba Su Ministerio, porque tenía un propósito que cumplir en la tierra. El reino de los cielos aún sufre violencia, y en esta etapa en la que se está desarrollando el Evangelio de Cristo, donde Dios ha levantado hombres y mujeres reformadores del Nuevo Pacto, se hace necesario que estén apercibidos; Jesús lo hizo, nosotros no somos la excepción, porque el Evangelio de Cristo trastorna, porque la Verdad conmociona, y todo lo que causa revuelo se pone en la mirilla de los fariseos y herodianos de esta época. Ojo, Jesús guardó Su ministerio. El entendido, entienda.  

Cabe aclarar que los herodianos representaba un “partido judío que apoyaba a la romanizada dinastía herodiana. Los herodianos no eran un partido religioso como los fariseos, sino uno político constituido quizás fundamentalmente por saduceos. Al contrario de estos, los fariseos odiaban el dominio romano y la influencia herodiana. El hecho de que ambos grupos hubieran conspirado con Jesús revela cuan seriamente ambas partes lo consideraban una amenaza para sus intereses. Herodes mismo deseaba la muerte de Jesús (Lucas 13:31) y los fariseos ya habían intentado matarlo también (Juan 11:53).”

Este texto de “los tributos” nos debe llamar la atención en el sentido de cómo Jesús manejó la información y la respuesta ejemplificada que dio en este escenario, precisa y con alto nivel de discernimiento; además, no les dio la respuesta que esperaban. No se trata de complacer, sino de ver qué conviene al reino.  

“Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. 

Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo. Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra.” Romanos 13:1-7


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