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Pedro Mendoza

Pedro Mendoza


Se necesita un gran presupuesto y una gran voluntad para bajar los asesinatos de mujeres (1-2)


  • 13.01.2020 - 12:00 am

La sociedad dominicana celebró el Año Nuevo bajo un manto de azoramiento ante el hecho de que un pertinaz homicida de Jarabacoa,  asesinó a su antigua pareja marital, aun estando ella “protegida” por varios policías, y como si fuera poco, otros tres asesinos mataron a sus parejas y exparejas como si matar mujeres fuera un asunto tan provechoso como matar ratones por constituirse en plaga. 

La población general, de asesinos humanos solo sabe de sus malvadas acciones, pero no hasta adónde calan sus intenciones y capacidad de astucia para el mal. Y es que la mente asesina es tan oscura y perversa que estudiarla con fines de prevenir sus maléficas acciones requiere de mucha luz, voluntad, firmeza, potente responsabilidad policiaco-judicial, pericia y el dinero que financie la observación, investigación, seguimiento y manejo por parte de personal profesional de aquellos individuos cuyo entorno familiar o social los hace proclives a la violencia. 

El año que concluye fue próspero en muertes violentas de mujeres a manos de maridos, exmaridos y novios. Pues hay hombres que ante el intenso deseo de seguir conviviendo junto a una mujer, no pueden semantizar ese deseo enraízando más su vínculo de amor con ella, sino que asumen, literalmente, la canción “Mátala” de Alejandro Fernández.  

En tanto el artista mejicano canta: “Mátala, con una sobredosis de ternura,/ asfíxiala con besos y dulzuras,/ con flores y canciones, no le falles;/ que no hay mujer en este mundo/que pueda resistirse a los detalles”,  el marido o novio matón imagina que el revólver, la daga o el lazo constrictor de gargantas  o el incendio, es el  mejor procedimiento para “reconquistar” a una mujer que, sin posibilidad de vuelta atrás,  dejó de quererlo. 

Los psicoanalistas dicen que cada enamoramiento de una mujer es un hecho irrepetible y por ser una experiencia irrepetible, una vez que los conflictos, celos, desatenciones, agresiones, maltratos o cualquier intento de posesión radical que de ella pretenda un hombre aparezcan en el escenario de la vida conyugal, se construye el camino que lleva hacia el desenamoramiento; y como es muy poco común que los hombres rectifiquen para llenar los “vacíos’ que su comportamiento provoca en el vínculo con su cónyuge y ella no puede eludir ni evitar el dolor o la humillación que aquél le causó, pues ella escoge como única salida separarse emocionalmente de su pareja y luego completar la separación  definitiva. 

En el caso concreto de miles de maridos, exmaridos  y novios dominicanos, ocurre que tienen la falsa creencia o la ilusión de que el enamoramiento que ya murió de una mujer,  resucitará tan pronto el marido o exmarido lo pidan independientemente de las razones que ella tuvo para su desenamoramiento. 

Podría decirse que si bien es cierto que hoy tanto la Fiscalía como la Policía han tomado una mayor  cautela cuando una mujer va en busca de protección contra un marido o exmarido porque la humilla,  la maltrata o la amenaza de muerte, también es verdad que miles de estos hombres por generaciones  han contado prácticamente con absoluta impunidad y hasta con algún estimulo sociofamiliar para actuar con violencia contra la mujer.  Además,  han logrado aterrorizar y matar a cientos de mujeres porque a favor de ellos ha actuado lo que he dado en llamar la “conspiración del silencio familiar y social”. 

Cuando todos callamos  el marido asesino tiene la ventaja. Cuando todos hablamos se agujera la impenetrabilidad del asesino.  

Los casos de violencia y amenaza de muerte de algunas mujeres por parte de sus maridos o exmaridos a los que he dado manejo profesional, las instruyo acerca de que nunca le reste importancia a la gravedad del acoso, de las amenazas ni a los pescozones recibidos de un marido o exmarido celoso porque es excepcional el hombre abusivo que renuncie a cumplir el ataque a la mujer que lo deja o lo rechaza. Y si ya ha ocurrido la separación física, por lo que ella vive con sus padres u otro familiar, la prevengo sobre el error que cometería de enredarse en amoríos con otro hombre mientras sigue recibiendo dinero, atenciones y favores del marido o exmarido. También le advierto que nunca reciba directamente el dinero que él le mande para comida y la escuela de los niños porque la mayoría de los hombres son posesivos y suponen que si una mujer recibe dinero y atenciones de su parte, es lo mismo que si fuera su carro o su finca: ¡es de su propiedad! Muchas mujeres cometen el error de creer que si un hombre que fue su marido o novio le sigue dando dinero y favores es porque  él es “buena gente”.  Chi, como no. 

Hacia el 1954 yo era un mozalbete, y cientos de veces escuché a hombres adultos recitar la siguiente coplita: 

A la mujer que le doy  

Mi  atención y mi dinero,

Busca  perro con cencerro 

Si  no me dá lo que quiero.

El autor es Terapeuta familiar

Centro Médico Cibao-Utesa


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