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Luciano Filpo

Luciano Filpo


“Sangre, Sudor y lágrimas”


  • 10.07.2020 - 12:00 am

Se atribuye al premier británico Winston Churchill, en el fragor de la segunda Guerra mundial externar la frase "Sangre, sudor y lágrimas", para referirse a la situación que se debía confrontar en la capital Londinense, tras los masivos bombardeos realizados por los alemanes, hasta este momento Gran Bretaña era uno de los grandes rivales del imperio hitleriano.

En República Dominicana no se ha salido de una guerra, pero la situación es dramática, por un lado, un gobierno que había endeudado el país al máximo y por el otro una pandemia que ha afectado la economía global, que aún no se tienen los resultados o secuelas que dejará; la economía local casi paralizada, una cuarentena que tiene efectos sociales, emocionales, sanitarios y sobre la propensión al consumo y el ahorro.

En el marco de esa situación externa e interna se produjo un proceso electoral donde quienes han detentado el poder incurrieron en la dilapidación más abyecta de la renta nacional, hasta se manejó la pandemia de manera clientelista y con fines de ayudar al candidato oficial, pero la vocación por el cambio que reclama la sociedad dominicana trajo consigo una determinación inquebrantable de parte de la población por generar una alternancia en el poder, así como el reclamo de una nueva práctica política inspirada en la transparencia, independencia del poder judicial, perseguir la corrupción, velar por la seguridad, atacar el narcotráfico, activar el aparato productivo, atender la agricultura, dinamizar la industria de la construcción, reducir las importaciones inoportunas, las cuales quiebran el productor local y reducen la posibilidad de fortalecer lo que El fondo de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) llama soberanía alimentaria.

El nuevo gobierno emerge en una situación extremadamente precaria, donde hay que deponer intereses personales, viejos derechos adquiridos y estar en ánimo de querer contribuir con levantar una sociedad desde las cenizas, es el momento de asumir la frase atribuida a JF Kennedy “Que puedo hacer por mi país, ¿en vez de preguntar qué puede hacer el país por mí?". En amplios sectores de la población existen energías acumuladas desde marcha verde y las movilizaciones juveniles de febrero pasado, cuando se suspendieron las elecciones municipales y aún no aparecen los culpables.

Se sienten agredidos por la forma despampanante cómo se burlaba la autoridad, se dilapidan los recursos públicos, resquebrajan las instituciones y se exhiben fortunas obscenas al amparo de poder en personas que sólo han sido funcionarios públicos. El nuevo gobierno debe romper con viejas prácticas políticas, incorporar nuevos sectores al ejercicio del poder, promover la legitimidad a través de iniciativas que procuren recuperar parte del erario dilapidado por quienes se abrogaron la propiedad de lo público en perjuicio del bien común.

Calmar las ansias de justicia denegada en la población se puede lograr dando connotaciones de coherencia, designando funcionarios probos, pero con la encomienda de detener la vieja práctica política de llegar a justificar lo malo porque los anteriores lo hicieron. Hay una nueva generación de actores políticos, quienes procuran cuentas claras Y manejo transparente de la función pública. Ante los desafíos y retos del nuevo gobierno se requiere una agenda de prioridades y de compromisos reales con un cambio en el ejercicio de la función pública.

La población espera muestras reales de encausar a procesos judiciales a todos los que han prevaricado en la función pública, se aceptará la austeridad y La búsqueda del equilibrio si se dan ejemplos desde las instituciones públicas. Hoy se está en la sociedad de la transparencia, donde las informaciones que no se publican aquí se saben desde otros lugares, las redes sociales han democratizado la información, ponen al descubierto los diferentes actos de corrupción que se observan y que aún son promovidos como éxito político. Es hora de poner en práctica el programa de gobierno, de asumir las sugerencias de la sociedad, los planteamientos de renovación política planteada por la coalición democrática.

Están surgiendo nuevos actores políticos, la sociedad ha cambiado, las viejas mañas y prácticas lesivas a la racionalidad institucional están siendo cuestionadas y se reclama superarlas en el espectro político local. La separación de los poderes públicos, el cumplimiento de la ley, el respeto a las instituciones, superar el lumpen político y promover una cultura democrática donde los ciudadanos asuman la conciencia de que viven en una sociedad que los valora, ofrece oportunidades por sus méritos y formación más que por los vínculos políticos decimonónicos. El nuevo gobierno llegaría con las arcas públicas vacías, con el país endeudado, con un déficit fiscal sin precedentes, con un paro laboral inaudito generado en parte por la pandemia, con una corrupción pública e impunidad que espantan y dónde aparenta no haber consecuencias.

Se requiere la apertura hacia todos los sectores sociales, los poderes fácticos y el compromiso con un ejercicio público capaz de generar esperanza en este mar de incertidumbre. La política de los mareos o la simulación puede profundizar la crispación social y la ira colectiva. El nuevo gobierno debe legitimarse con iniciativas que enfrenten la corrupción, impunidad y la ausencia de consecuencias. La sociedad reclama y necesita evidencias de que las cosas se harán diferentes a partir de ahora. No es suficiente con ofrecerle al pueblo sangre, sudor y lágrimas, es necesario evidencias y compromisos fehacientes por parte de las nuevas autoridades, una política de borrón y cuenta nueva pondrá los movimientos sociales de nuevo a marchar y a reclamar transparencia.

El autor es Dr. en Educación.


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