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Maricela Ortiz

Maricela Ortiz


Reforma en el liderazgo 2 de 3


  • 20.10.2020 - 12:00 am

¿Por qué no crear un liderazgo vitalicio? Sencillamente, porque la gracia es progresiva. Has notado usted que iniciamos haciendo algo y en ese quehacer en la obra terminamos involucrados en múltiples labores; es porque la gracia de Cristo que nos habita nos hace ser y hacer. Es en la gracia y no en nuestras propias fuerzas que vamos a llevar acabo el servicio que el Señor nos ha encomendado, y el de dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. Él es quien confirma la obra de nuestras manos. El Espíritu Santo nos hace ver en otros hermanos la gracia que portan, reconociendo que son parte importante del cuerpo para edificación de la iglesia. En este entendimiento, es donde la inclusión toma lugar; una obra inclusiva es aquella donde todos los que trabajan son especiales. Recordemos que fluir en el don es lo que va a generar bendiciòn en nuestra asignación y beneficio al cuerpo.   

En la dinámica de un liderazgo es importante que todos anhelen estar cimentados en la Palabra, desde el que lidera hasta los que son liderados. Necesitamos formar un liderazgo empoderados en cada casa de fe; líderes que generen empatía, líderes tan llenos del Espíritu Santo que aspiren a más de acuerdo a la voluntad del Padre, y que inspiren a otros con su testimonio, líderes que revolucionen los tiempos, y sobre todo líderes que muestren el amor de Cristo con su accionar. El liderazgo es como una rueda, es estar en constante movimiento, donde el cuerpo bien concertado trabaje para la obra del reino de Cristo, sin dar lugar a celos ministeriales ni a la envidia. 

Los lugares de asignación en una casa de fe funcionan más siendo rotativos, sin ser desplazados, es un punto de Reformar para instruir. Esta dinámica fortalece los vínculos de pertenencia en la unicidad del Espíritu, se aúnan experiencias, se potencializa la creatividad para reinventar, determinar juntos lo que puede funcionar, qué se pude reestructura o introducir. En toda esta dinámica es donde se genera la inclusión, en donde todos somos especiales y funcionales en la obra del reino; y es donde experimentaremos la multiforme gracia del Señor dinamizando el evangelio de Cristo. Pidamos al Señor que nos dé el discernimiento necesario para instruir a nuestros líderes en esta dinámica del obrar para el Señor.  

Reformemos el liderazgo, dejémonos sentir; hágales saber a sus líderes su llamado en la obra, la cual Dios le asignó, y de este modo comprenderán que ellos son los que el Señor ha levantados o elegidos conjuntamente con usted. Cuando hablamos con sinceridad eso se percibe en el espíritu. Hemos perdido la sensibilidad al hablar, se nos olvida que nuestra exhortación debe venir de la convicción (Palabra) que Dios ha puesto en nuestro corazón. Hemos dejado de lado la guianza del Espíritu Santo para que sea Él que hable a través de nosotros, ignorando que Él es el experto para hacer que la audiencia comprenda más allá de lo que queremos transmitir; y de que Él es quien coordina nuestras ideas en el mensaje para edificar la iglesia. Piense esto: Si hoy no tenemos líderes es porque carecemos de ellos.   

Sabe usted que liderar es fácil, solo hay que, saber llegar al corazón de quienes lideramos, ser inspiradores y dejarles bien claro el propósito por el cual ellos tienen que escuchar nuestra voz. Como ministros y líderes del cuerpo de Cristo, es mucho mejor ser líder, porque el único mensaje que tenemos que transmitirles a nuestros líderes es el de Cristo, y todo lo que conlleva Su propósito eterno; y para eso tenemos la Biblia. No hay que inventar ni hablar bonito, ni persuadir, solo déjese inspirar por el Espíritu Santo y Él obrará de acuerdo a la Palabra que Dios trae.    

La permanencia en un puesto produce falta de creatividad, además de crear apropiación, derecho, acomodamiento y apego al mismo, convirtiéndose luego esto en un problema, tanto para el líder de la casa de fe, como crear insatisfacción y enojo a la persona al ser movida. Es solo cuestión educar la iglesia a entender que la obra del Señor la rige el Espíritu Santo, por tanto, debe ser dinámica y creativa, donde todos seamos parte del reino y sintamos pertenecer al cuerpo de Cristo. 

La razón por la que el Señor le preguntó a Pedro que si lo amaba, es porque Él demanda compromiso total de sus seguidores, de saber que si decimos que lo amamos, ese amor tiene que estar por encima de lo que podemos sentir, y/o por cualquier cosa que poseemos. Algo interesante que vimos en la relación de Jesús con Pedro es que, Él siempre lo confrontó con amor; y así con todos sus discípulos. Aunque Pedro lo negaras, estaba escrito antes de la fundación del mundo que Pedro había sido escogido para ser parte de sus discípulos y de predicar el evangelio del reino. Hoy el Señor nos pregunta (diga su nombre ahí): ¿… me amas? La clave está en apacentar las ovejas. 

“Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.” Juan 21:17 

Por favor, en cuento nos sea posible no estanquemos a nuestros líderes. Solo imaginemos toda la gracia que porta cualquiera de ellos. Usted no se imagina cuantos líderes han sido heridos, frustrados, magullados por quienes los lideran; y usted ni se entera; los más maduros se fortalecen en la Palabra, pero otros se apartan o dejan de servir y se enfrían. 

La asignación por departamento solo mantiene relación con el líder principal, pero se pierde contacto y las riquezas de las opiniones de los demás. No se trata de propuesta, se trata de escuchar la voz que sale del corazón de quien habla. Reuniones abiertas bien programadas con un tema intencional en cada reunión.  Cuando un líder tiene una iniciativa que desea presentar a su líder, al no ser oído ni atendido, sus intentos se ven frustrados, por tanto, vemos aquí otro factor de pasividad. La falta de carácter de los seguidores refleja la debilidad del líder. Un buen líder se tiene que convertir en un coach espiritual de sus líderes; es ahí donde se van formando líderes de acuerdo al linaje y características del que lidera. Pablo se atrevió a decir que sean imitadores de él, porque él lo era de Cristo. Pues nosotros así, Cristo debe ser la inspiración.     

Darles oportunidad a nuestros líderes hace bien, para que siga creciendo. Descentralicemos el liderazgo y veremos gran crecimiento. Hay que estar abierto a los cambios, Dios es un Dios multiforme y la monotonía no es su diseño, y realmente hemos caído en una rutina en los servicios y en el manejo de reuniones. Un ejemplo de descentralización lo encontramos en el consejo del suegro de Moisés, Jetro. Pero también démosle la autoridad de tomar decisiones. No hay que tener temor a la anarquía, es solo planificar y reorientar el cuerpo siendo puntuales con lo que establecemos. Que nuestro enfoque en esta Reforma sea formar líderes con el carácter de Cristo, les aseguro que las decisiones tomadas por ellos, serán conforme a su manera de pensar, y como si usted lo hubiese hecho, ya que la funcionalidad la da el Espíritu Santo, Quien nos conecta en ese mismo sentir.   

Leamos esta palabra, dada a la iglesia, y no a un departamento: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.” 1 Pedro 4: 10-11 A esto estamos llamados, a instruir; lo que pasa es que hablamos demasiado, y no lo que dice la Biblia. Todo nos ha sido dado. El Señor nunca habló de centralizar la iglesia, tampoco de silenciar ni pausar ministerios.  Continuará…   


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