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Maricela Ortiz

Maricela Ortiz


Reforma en el liderazgo 1 de 3


  • 13.10.2020 - 12:00 am

Antes de los eventos de pandemia enfrentamos gran pasividad en el liderazgo, y como no decir también, indiferencia al servicio. Pregunto: ¿Cómo ve usted su liderazgo? ¿Están más activos ahora en pandemia o continúan en la misma actitud de pasividad? En atención a esta problemática y con una disposición proactiva de cambio, vamos juntos a analizar las funciones del liderazgo; el porqué de la apatía al servicio; la escasez de dones al servicio de la iglesia; la poca inclusión en los diferentes ministerios; y finalmente, los beneficios que genera mantener un liderazgo que funciona con eficacia. El Espíritu Santos nos ayudará a poder discernir y tomar acciones para de este modo trabajar mancomunadamente junto a todo el liderazgo de la iglesia en esta nueva normalidad, y de este modo prepararnos mejor y construir soluciones.  

El kairós  de Dios sujeta el tiempo crono, Él no se sujeta a los tiempos, porque Él lo contiene, en este sentido, Su propósito revoluciona los tiempos. Por esta razón, como discípulos de Cristo, tenemos que estar sujetos a cambios, donde entrenemos líderes apuntalados, empoderados de la Palabra, líderes con manejo de herramientas tecnológicas, líderes enfocados a promover una iglesia que refleje el carácter de Cristo, una iglesia madura, y fundamentada en Cristo. 

La adaptación a esta nueva normalidad es vital, pues la obra debe seguir con los recursos que nos presenta la temporada. Jesús fue un líder de cambio, en Su época enfrentó el sistema religioso más grande de la historia, sin embargo, nada impidió que estableciera Su ministerio para dar a conocer el Evangelio de Cristo; ningún sistema contuvo ni retrasó el cumplimiento de Su muerte y resurrección para que se cumpliera Su Palabra; nadie estorbó la transición del Viejo Pacto al Nuevo Pacto para que recibiéramos la Ley del Espíritu/la gracia. Amados, Él revolucionó la historia, y los tiempos en un antes y un después de Cristo. Dios entra al tiempo crono y lo revoluciona, por eso es que tiene que ser normal para nosotros estos tiempos, debido a que, Su propósito tiene que cumplirse, a nosotros solo nos resta escuchar lo que el Espíritu Santo habla.   

Por tanto, seamos humilde para hacer los cambios de lugar, y pidamos dirección al Espíritu Santo, porque Él traerá convicción. Recordemos que la obra es del Señor no es nuestra, es tiempo de devolverle el sello de Cristo a Su iglesia. No son mis decisiones, no son mis ideas, o mis concepciones; no; porque no se trata de mi iglesia, sino de la iglesia de Cristo, en este orden, lo que tenemos que fomentar es el diseño establecido en la Palabra. Por tanto, es propicia la ocasión para observar dónde radica la debilidad de nuestro liderazgo con el fin de cambiar hábitos y prácticas infructuosas, y de este modo, buscar soluciones conectadas a la nueva normalidad, para implementar nuevas estrategias y hacer ajustes y cambios necesarios.  

Hagamos una retrospección antes de las incidencias del Covid 19. Pudo ser que nos hayamos preguntado ¿Por qué tanto desaliento en el liderazgo y tanta tibieza en  los creyentes? Recordemos que era una realidad existente, y creo que, aún persiste. Responder esa pregunta hoy día es obvio. Pero vamos a ver lo que viene dándose antes de la pandemia, para no continuar repitiendo esas prácticas, las cuales pueden ser las causantes de tanta indiferencia para servir al reino. Estamos en tiempos oportunos para Reformar el liderazgo, los líderes juega un papel fundamental en el crecimiento de la iglesia, además de servir de soporte a la visión de la casa de fe, ya que son orientadores y referentes para potenciar y efectivizar el evangelio. Son los líderes comprometidos los que generan empatía e inspiran a otros por su capacidad de comunicación, de amor e interés en la obra.   

Con la dirección del Espíritu Santo vamos a ir viendo lo que podemos Reformar en el restablecimiento y crecimiento espiritual de nuestros líderes. Un punto neurálgico que tenemos que evaluar como iglesia de Cristo, y Reformar son las funciones del liderazgo, es ver si estoy reubicando los líderes por su don espiritual, o si lo hago por favoritismo o conveniencia. Cuando colocamos líderes que no tienen el conocimiento de esa área, solo porque aporta respeto y confianza, entonces estamos limitando el crecimiento de los demás líderes de esa área. Recordemos que fluimos es en el don por el Espíritu, por tanto, por más que ese líder asignado haga, los resultados son superfluos, y los líderes liderados saldrán heridos y frustrados. En el plano espiritual Dios dotó su iglesia con dones y talentos, constituyó ministerios, y continúa levantando líderes para la obra del ministerio y la edificación de la iglesia, a fin de perfeccionar y llevar a la madurez espiritual a los santos. Los dones identifican al líder. Sabiendo esto, que todo el que tiene un conocimiento es líder de lo que conoces y domina.   

Nos hemos puesto a pensar: ¿Por qué hay tanta escasez de líderes? ¿Por qué tanta indiferencia y despego para servir en la obra? ¿El porqué de tanta pasividad en los hermanos? ¿Qué está causando que aun el liderazgo comprometido en su gran mayoría se torna cansado, y en ciertas ocasiones en desamor? ¿Por qué nos vemos los nuevos creyentes manifestar el primer amor, ni aun cuando se bautizan se enciende el amor? Y son otras y tantas cuestionantes que podríamos hacernos. La falta de los padres es indispensable en el crecimiento de los hijos, y creo que nos hace falta estar más cerca. Un buen líder se reproduce en otros. Amados ministros, coloque en agenda como prioridad, el reunirse con sus líderes, usted es el modelo después de Cristo, lo que lo vean hacer a usted eso harán, y es donde el liderazgo aprende a obedecer y a escuchar la voz de su pastor; igualmente usted conocerlo a ellos. Saque tiempo para estar con sus líderes, usted es el inspirador, además, fue a usted que Dios lo llamó y lo asignó en esa casa. Vele por sus líderes, comparta con ellos, escúchelos, no se imagina las nuevas ideas y estrategias que pueden aportar. No estoy hablando de extremos, es solo que tengamos discernimiento. ¿Qué tanto comparto con mis líderes?  

Partiendo de que Dios tiene Su propio diseño y protocolo para que Su iglesia funcione, en este sentido ha de entenderse que tenemos que ajustarnos al diseño divino.  Sin embargo, hemos visto que, en la reestructuración y construcción de nuevos diseños de megas templos y casas de fe amplificadas, y aún las pequeñas, han asumido el modelo, de funcionar como empresa por departamentos. Pareciera ser que, pasáramos de emprendedores, siendo los que nos ocupábamos de todas las tareas a realizar en el principio (del ministro que todo lo hacía) al gran empresario, (crecimiento en los miembros), donde se hace necesario entonces, mantener la empresa de forma ordenada y sostenible; dividiéndolo por departamentos y con ramas ejecutivas.   

Este diseño es excelente para el área administrativa de toda casa de fe, porque eso es orden, y como iglesia corporativa es vial.  Ahora bien, en lo referente al liderazgo de la iglesia con todo lo que éste encierra, ¿cree usted que podemos fungir como orden departamental? Porque entonces, tendría que haber muchos sub departamentos. Dios hace cosas extraordinarias con aquellos que Él se propone, y para eso constituyó los ministerios para guiar este proceso. Lo que Dios ha depositado en sus hijos es un “dinamo”, oye, eso no puede esconderse, son dones que van fluyendo, y eso produce un querer hacer; pero ahí viene la problemática, cuando no hay oportunidades de ejercer (inclusión), viene la paralización, el estarse quieto con desaliento y culpabilidad (“no estoy haciendo nada para el Señor”). Es donde requiere una Reforma, con estrategias que orienten estas demandas. No estoy hablando de crear departamentos para cada antojo de los hermanos, no, es que creamos espacios de respuestas y orientación aquellos que desean disponer sus servicios. El problema es que todo está centralizado, y este es otro punto que requiere Reforma.   

Un punto de Reforma en el liderazgo es que, no podemos crear un liderazgo vitalicio, no es una empresa es el cuerpo de Cristo, y el problema es que estamos como los gobernantes que centralizan las instituciones. Continuará… 


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