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Fausto García

Fausto García


Quería darles las gracias y pedirles perdón...


  • 28.09.2020 - 12:00 am

“Siempre tengo algo por hacer, pues no tener nada que hacer, es algo por hacer¨. (Fausto García). 

En la Biblia se registran dos momentos en los cuales se usa la palabra perdón, que por los lugares en que se utiliza, y fue Jesús quien lo hizo, son, entiendo yo, los dos escenarios mayores en que dicha palabra se haya usado en toda la historia bíblica, y por ende, la convierten en una palabra transcendental en la historia de la salvación, pues no practicarla significa no recibir el perdón de Dios, y no recibir este, es sinónimo de perdición, de no recibir la vida eterna que nos ofrece Jesús.  Esa palabra, como se puede advertir, ya la dije.  Es perdón. Es una de las siete palabras de Jesús en el calvario, dicha de esta manera: (Mientras tanto Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.»), Lc. 23-34. Y es una de las ultimas peticiones que contiene el Padre Nuestro, como oración modelo que Jesús nos dejó. Creo que es la palabra que más se ha repetido y repite a diario en el culto cristiano de las distintas denominaciones, con principalía en la católica. Me gustaría saber si no es así.

Otras de las veces en que se usó por Jesús la palabra del perdón, fue en la parábola del empleado perdonado por su patrón y que no quiso perdonar a su compañero.  Mateo, capítulo 18, usado como evangelio para el domingo XXIV del tiempo ordinario. Creo que todo sabemos lo que allí pasó, y si no, es tiempo de ir a la Biblia y enterarse, pues nos ayudará a entender aquellos dos momentos cumbre en que el maestro utiliza esa palabra, al margen de otros, que por igual son importantes. 

A pesar de las tantas homilías que he escuchado y comentarios bíblicos o interpretaciones sobre el tema del perdón, debo confesar que no soy bueno para hablar de ese tema.  Digo y repito que hay temas sobre los cuales uno carece de la suficiente autoridad para hablar de ellos.  Por ejemplo, en el caso de del virus que desató la pandemia que vive el mundo, lo más que hay son comentarios de todos tipos y por distintos canales, incluidos de muchos médicos especialistas o no en el tema, pero de los cuales, solo los que han estado en el campo de batalla, tienen calidad para hablar con propiedad de este. Igual pasa con ciertos temas en distintas materias.  En mi caso no soy bueno, repito, para hablar del perdón porque no he tenido a quien perdonar por un hecho significativo, pues he tenido el don o la gracia de Dios, de que en mi corazón no he sentido ofensas de terceros que me hayan llevado a tener que perdonarles.  Se que es complejo lo que digo, pero algunos me entienden. Hay casos mayores que todos conocemos, por llamarles así, que realmente ponen en juego nuestra vocación o voluntad de perdón, pues la ofensa ha sido muy grande. A Dios las gracias porque me ha librado de casos de esa magnitud, aunque he tenido grandes, muy grandes, pero yo no los he sentido así. Realmente es una bendición en mi vida, ojalá me acompañe hasta el final. 

El día 8 de julio del 2020, a las 7:04 de la noche tuvo lugar un acontecimiento en USA que quedó grabado en mi memoria y corazón, y sé que también en las de muchos otros, y fue un encuentro especial que tuvimos con Alina, mi hija. Allí le dediqué la canción que aquel 24 de junio casi en la madrugada había elegido para ella y que gracias a Dios pude dedicársela.  Allí estuvimos los que Dios quiso, y todos fuimos importantes para ella.  Lo de gravado en el corazón, se debió mayormente porque ese encuentro marco la valentía, el coraje, la entereza, la reciedumbre espiritual, y por que no moral, con la que Alina enfrentó su enfermedad de cáncer, y lo más significativo, mostró y dejó su testimonio de fe y oración, así como de entrega y abandono, y un abandono con esperanza por la vida, invitando justamente a celebrar la vida, porque de eso se trataba ese encuentro.  Pienso que, en algún momento, sus palabras se harán públicas, pero mientras llegan, hay una porción de ellas, que encabezan esta mini reflexión, y que dicen justamente así: “QUERIA DARLES LAS GRACIAS Y PERDIRLES PERDON A LOS QUE LES HE HECHO DAÑO… 

Aquellas fueron palabras profundas, todas, sobre todo proviniendo de alguien que tenía en su poder -cosa que yo desconocía- una constancia-certificación, de fecha 22 de junio del 2020, de la médico que le atendió o responsable del departamento, donde textualmente le dicen que fue “diagnosticada con un cáncer cervical recurrente y que sus expectativas de vida son menos de 6 meses”, pero no solo esto, sino que al día de ese gran encuentro memorable, habiendo transcurrido tan solo 15 días, ella veía, sabia y sentía de su deterioro físico en todos los sentidos de la palabra. No obstante, y por encima de esa realidad demoledora, armada de valor, de fe y de esperanza, se abrazaba del árbol de la cruz, donde fue clavada la salvación del mundo, -como decimos los católicos el sábado Santo en la adoración de la Santa Cruz- y obedeciendo al gran maestreo y viviendo su divina enseñanza, pide públicamente perdón “A LOS QUE LES HE HECHO DAÑO… esta es la celebración de mi vida, y como dice mi papaaa, la celebración de mi boda, que aún no ha llegado…he querido celebrar mi vida con ustedes…”

Estas palabras son en parte, lo que me impulsan a no dejar ese testimonio de fe y oración en el pasado, u olvidarlo, por lo que ya venimos dándole vida a una fundación que en su nombre decidimos fundar, como ya dijimos en anterior entrega.  Finalmente, como dice ella, -porque vive- “celebremos la vida”. faustogarcia2003@yahoo.com


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