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Redacción

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Qué se investigue


  • 02.04.2020 - 12:00 am

La nueva cotidianidad que ha impuesto el coronavirus en todo el mundo gira en torno a las medidas que han adoptado la mayoría de las naciones; la semiparalización de los asentamientos humanos; y el seguimiento de las informaciones trágicas sobre muertos y afectados.

La gente en general hace el esfuerzo por el aislamiento como tabla de salvación por la falta de fármacos y tratamiento adecuados para tratar el COVID- 19. Sin embargo, poquísima gente se detiene a pensar sobre el origen de la pandemia. ¿Cómo se originó el COVID-19? 

Se sabe que el virus se inició en la ciudad china de Wuhan a partir de un mercado de venta de productos agropecuarios, desde donde se expandió, contaminando al mundo entero durante más de tres meses y todavía no se vislumbra el momento de su terminación. El fenómeno no solo ha castigado fuertemente a China, sino también a Irán, Corea, Italia, España y ahora a EE.UU, donde se estima que habrá más de 200 mil muertos.

En todos esos países los sistemas de salud han sido desbordados y han colapsado por la magnitud y rapidez con que el contagio ha ido afectando a la población. Ante la impotencia frente al avance del virus la humanidad se ve ante una verdadera amenaza que convierte a la salud y la vida humana en la principal preocupación y prioridad, pasando la economía y la sociabilidad a un plano secundario y más bien de apoyo frente a la magnitud de la crisis. No obstante, llama la atención el soslayamiento dado a la necesidad de que la humanidad pueda saber y establecer el origen y causas del surgimiento e impacto del coronavirus. 

Se ha propalado la explicación sobre la forma en que se originó la pandemia, pero también por las redes sociales se difunden explicaciones que insinúan como causa del fenómeno la “guerra biológica” entre las naciones y potencias que luchan por la hegemonía en el mundo. Esas explicaciones deben ser objeto de investigaciones científicas y de inteligencia por parte de los centros de pensamiento que concurren en el gobierno global, de modo que la humanidad salga del desconcierto y la incertidumbre.

La humanidad no puede ser objeto de la guerra de intereses que emanan de un plano que, como el de la economía y las corporaciones empresariales, no se conecta con el plano en el que transcurre la vida humana. La vida humana no puede subordinarse a intereses materiales que nacen de la institucionalidad del mercado, so pena de poner en peligro la existencia del género humano. De no ser así, eso equivale a permitir un crimen de “lesa humanidad” que pondría fin al género humano.

El fenómeno del “coronavirus” por ahora es “desesperante”, evitemos que se convierta en un hecho, además, “grave”. Alguien tiene que asumir la responsabilidad de investigar la pandemia del coronavirus y establecer sus causas biológicas, tecnológicas, políticas y económicas, al tiempo que se identifiquen las alternativas farmacológicas para su eficiente tratamiento, de modo que se libere a la población mundial del espanto de esta pandemia.  

¡Por Dios, qué se investigue!


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