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Maricela Ortiz

Maricela Ortiz


¿Qué debo saber en estos tiempos?


  • 17.11.2020 - 12:00 am

En primera instancia, estar firme en Cristo, porque no sabemos el día ni la hora. Velar para que nuestra vida espiritual crezca en entendimiento, conocimiento y sabiduría en Su Palabra; y de este modo llevar una vida de confianza, reposo y paz en el Espíritu. Estar anhelante a la venida de nuestro Señor. Saber que Cristo viene, no tenerlo como un cliché, sino interiorizarlo de que cada segundo esté bien delante del Señor, porque sea que muramos antes o vivamos para Su venida, podamos estar certificados. Saber en estos tiempos que no debemos temer a nada, porque el Señor prometió estar con nosotros hasta el fin, por tanto, Él nos habita y se hace fuerte en nosotros y es lo que nos hace vencer, al saber que Dios es nuestro Padre y que no hay de que temer, porque todo está preparado para el fin. Entendiendo nosotros que, todo el que conoce al Señor hablará por el Espíritu dando testimonio de Cristo. Leamos los siguientes versículos y meditemos en uno de los indicadores a tomar en cuenta en los tiempos del fin, y que nos sirve de referente para detectar los que son de Dios por el Espíritu:    

“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo. Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error.” 1 Juan 4:1-6 

Cuando escuchamos a Dios por medio de Su Espíritu en nuestro espíritu, es fácil identificar cuando nos habla, solo es obedecer. Nos tiene que llenar de satisfacción y gozo el saber que Dios prometió que nadie nos arrebataría de Su mano. Pero tenemos que estar apercibidos de esto, entender que no importa lo que esté aconteciendo en el mundo, en nuestras vidas, ni ninguna situación, sepamos que el Señor prometió guardarnos hasta el fin. Ningún viento nos muevas, de ahí la importancia de guardar Su Palabra y hacerla rema en nosotros. Leamos y guardemos esta Palabra: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.” Juan 10:27-28 

Debe saber también, que somos ciudadanos del reino de Cristo, que pertenecemos a la familia de Dios, por tanto, no debemos temer, aunque se muevan los montes y los collados, el Dios en quien hemos creído nos adoptó como Sus hijos y nos dio a Cristo, nombre que es sobre todo nombre para que en Él fuésemos aceptos y salvos. ¡Qué glorioso es nuestro Señor que tanto nos ama! Leamos Palabra y abracémosla: “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,”  Efesios 2:19-20 ¡Gran privilegio! 

Nuestra esperanza debe centrarse en Cristo, en Sus promesas, Él debe ser el centro de todo y en todos. Cuando aceptamos a Cristo ya estamos sellados por el Espíritu, por tanto, nada nos podrá separar del amor de Cristo. Esto es una promesa que debemos escribir y rumiar, porque el amor de Cristo nos constriñe. Así que, nunca de lugar al temor de los tiempos, pase lo que pase, nada nos podrá separar de ese amor. Es como un viaje, sabemos que abordamos la nave, pero nuestro destino no es incierto, sino que sabemos que somos hijos y que tendremos vida eterna y ese es nuestro destino, por tanto, no moriremos, sino que viviremos y contaremos de Su gloria. Leamos juntos y saboreemos tan rica Palabras de nuestro Señor: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” Romanos 8:37-39 ¡Crea esto! 

¿Qué nos corresponde hacer mientras esperamos la venida del Señor? “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” Mateo 28:19-20   

En el Salmo 73 podemos apreciar que el Señor siempre está con nosotros. Leamos lo que este salmista, Asaf descubrió en momentos de pruebas: “Se llenó de amargura mi alma, Y en mi corazón sentía punzadas. Tan torpe era yo, que no entendía; Era como una bestia delante de ti. Con todo, yo siempre estuve contigo; Me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo, Y después me recibirás en gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.” Salmo 73:21-26.  Recordemos que portamos a Cristo. 

Cuando veamos venir los tiempos donde no haya paz ni vida, no olvides lo que dice en Sofonías 3:17 “Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos.” Se lo dijo al Pueblo de Israel con relación a la salvación, también, nos lo dice a nosotros los que creemos en Cristo y esperamos Su venida. 

Que nunca se nos olvide esta Palabra: “Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, Y su verdad por todas las generaciones.” Salmo 100:5 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” Romanos 8:28  Dios tiene el control de todo; nada le toma por sorpresa, porque Él sujeta los tiempos.  Por tanto, siempre crea que lo que sucede le favorecerá y le ayudará a bien. En todo momento demos gracias, por favor, no se queje; si hay algo que Dios aborrece son las quejas, porque eso denota falta de confianza y fe.  

Los siguientes versículos nos muestran el orden sistemático que conlleva el propósito eterno. Dios todo lo tiene estipulado, planificado y calendarizado en Su Kairós, todo está sujeto a Su voluntad. Él habla y se ejecuta, porque Su staff y su ejército están sincronizados a Su mandato divino, por tanto, no temamos por lo que acontezca, en fin, todo es a favor de los hijos, porque somos parte de Su propósito eterno para gloria suya, por eso nos ha hablado por el Hijo y ahora por Su Espíritu, siendo evidente las Palabras del Espíritu en estos tiempos. El sentido esencial de creer en Cristo y de Su salvación, es también creer que, si Él resucitó, también nosotros, esa es nuestra esperanza.  

“Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque, así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies.” 1 Corintios 15:20-25 

Los que hemos creído en Cristo tenemos esperanza de la vida eterna, tenemos la certeza de que seremos transformados en una vida incorruptible, y que estaremos con el Señor para siempre. Esto debe ser nuestro deseo mayor, nuestro sueño y nuestro deleite, de que reinaremos junto con Cristo en el reino de nuestro Padre. Nuestro mayor esperanza y gozo es que tendremos vida eterna en un reino que nunca tendrá fin, y disfrutando de nuestro Padre celestial con Cristo. Hay que conocer nuestro destino final y saborearlo, desearlo y anhelarlo. Entender que nuestra esperanza es real, Dios cumplirá y hará, y que es verdad. ¡Fe, fe! Es tiempo de conocer nuestro final, el destino que nos espera en Cristo. 

“Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo.” Apocalipsis 12:10-12 

Enfoquemos nuestra fe en Su Palabra. Leamos con entendimiento: “Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.” Apocalipsis 21:3-4 

“Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio. Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brille en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche. Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella. No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.” Apocalipsis 21:23-27 ¡Estamos en el libro! ¡Gocémonos y alegrémonos, esta son buenas noticias!  

Finalmente, recordemos lo que nos dice el Señor en Juan 16:33 “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he venido al mundo.” Ya Él venció por nosotros, ahora nos toca a nosotros ser valientes, permanecer firme y confiar en la Palabra del Señor que es nuestra esperanza para la vida eterna. Lo que viviéremos con el Señor en el reino del Padre, no se compara con nada de lo que hemos visto, ni oído. Nuestro Dios confía en que cimentados en Cristo y en Su amor esperaremos pacientemente la venida del Señor, sin importar lo que tengamos que vivir. Esteban, siendo apedreado pudo ver la gloria de Dios mientras las piedras herían su cuerpo hasta morir, más él no se enfocó en el dolor, más bien en la gloria que veía. Tenemos una promesa gloriosa, pongamos los ojos en Cristo. Cuidemos nuestra salvación, y esperemos confiadamente en Cristo.  


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